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Fuddruckers

25 07 2014 - 22:23

Hay una avenida en mi vida que nunca conté. Fue la avenida de mi liberación y mi túnel, del tiempo, mi lavarropas, mi road movie adolescente cuando quise ser Bruce Dickinson, Angus Young, Eliseo Branda, Georgie Allen, Manteca Martinez (dueño de Sir John), Claudio Paul Caniggia en el 90, Pappo, un Esteban Jobs de cabotaje, Hernán Ponce de VegaOlmosPonce, y tipos así. Algunos insisten en llamarla Libertadores, liberta. Pero es la Av del Libertador General San Martín la que me vio pasar bajo árboles que escupen y flores que patinan.

No sé cuando fue que llegó Fuddruckers pero duró lo que duraba un torpedo —el helado— en esos eneros pelantes cuando hacíamos tiempo para encontrar bodega en el buquebús.

Esta Avenida, por donde alguna vez galoparon caballos arrastrando carruajes, carretas y diligencias fue mi espiral donde viví la repetición del orden de la cosas, donde entendí que el número de elementos en cada universo, por más rico que sea, es limitado, y por eso todo tiende a repetirse.

Vi, en los fines de la eras, cómo retiraban los autos importados de las concesionarias, en grandes camiones. Vi la caída de grandes restaurantes, el cambio de manos de heladerías y la llegada de la nuevas. Vi a los baldíos desaparecer, vi cada ladrillo sobre otro de la nuevas cajoneras. Sobre la avenida de mi liberación, mientras buscaba una salida, cuando ya no quería vivir siempre en el mismo lugar pero cuando me iba volvía, me iba lejos y volvía para pasar por abajo de los mismo árboles. Vi fiestas en las casas de las barrancas, el Pasaje del Águila sin rejas. Pinté la pared de una casona con amigos y aerosoles, vi a los Etchecopares en Pepino, a los Corcho Rodríguez, a Galimba, a Braga Menéndez agitando los brazos, a Kohan rengueando, a Dotto, a Juan Cruz Bordeaux, todos queriendo cambiar el mundo a su manera.

Esta avenida y sus calles fueron las venas abiertas de la zona norte. Todo lo cívico, lo frívolo, lo productivo, lo estacionario y lo cíclico convivió ahí. John Bull. NY Look sobrevivió. ¿Cómo? Son misterios en este Aleph.

En esta Avenida de la Liberación vi llegar la democracia sin entender si la democracia era algo bueno o algo malo. En esta avenida del Libertador tomamos el 168, el colectivo que conecta los extreme makeovers más alucinantes de la Argentina, el 168 desde el corazón de la Boca, el riachuelo, hasta la catedral de San Isidro, hasta el bajo. Toda saint nena, todo saint cheto tomó the 1 6 8. La barra de Boca y los visitantes de la Boca pararon en la misma parada, pero se bajaron en otra distinta.

En esta avenida vi las chicas más hermosas, los uniformes escolares más extraños. Participé de mis primeras manifestaciones en cada instancia, del mundial de Italia y cortábamos Guemes y la avenida justo ahí frente a Vía Flaminia. En esa avenida oí hablar de Robledo Puch, que no era un poeta, de los Puccio, de la vez que Hugo Porta le empató solito a los All Black porque semanas antes había jugado el Casi. También escuché hablar de desaparecidos. Y sobre el lugar en el que encontraron a veinte, que en otros tiempos también caminaron la avenida del libertador y hoy hacen yoga. Pizza Domino’s desapareció, Pizza Hut se reinventó como tenedor libre y después también se volvió a su tierra originaria. Los vi llevarse las mesas. En esa Avenida hice dedo, caminé de noche hasta Vicente López, vi pasar las motos que van a mil pero con Carlitos Jr, y una vez lo vi a Paul Mc Cartney en bicicleta. En esa avenida vi la casa que fue de Evita y la gente haciendo cola para comer en Kansas. Desde ahí vi también el helicóptero de la Presidenta.

Hoy caminaba por esa vena de asfalto. Una camioneta se llevaba las Harley y otras máquinas porque el club de París era una fiesta.

La tetera gigante que se calentaba años antes del robo del siglo en la esquina de la calle Perú, se fue volando como un ovni, nos pareció de lejos cuando tomábamos ácido.


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