Click here
Más Features

El fin de la vía (8) | El fin de la vía (7) | El fin de la vía (6) | El fin de la vía (5) | El fin de la vía (4) | El fin de la vía (3) | El fin de la vía (2) | El fin de la vía (1) | Néstor Kirchner, la (primera) película | Renuncio | Graciela Bevacqua | Testamento: 4.2 Memoria y Condición Humana |









14 02 2005 - 04:38

Por teléfono desde Madrid Huili me dice que escriba algo acá, que opine sobre cualquier cosa, me dice que por ejemplo lea el diario y comente alguna noticia. Bueno, no sé si estoy en condiciones, le digo. Vivo en un tupper, estoy puérpera, no tengo banda ancha. Finalmente acepto. Pienso que me va a hacer bien hacer algún tipo de esfuerzo intelectual. Para ponerme a tono con el tono, leo algunos de los comentarios de “trabajos prácticos”. Son sesudos y están correctamente argumentados. Pienso en renunciar. Hasta las banalidades están sostenidas con estilo y debidamente fundamentadas, incluso con citas. Noticias como las elecciones americanas, el lanzamiento de algún producto cultural o simplemente la Historia (de hecho la Historia viene siendo una encuadernación de las noticias) son los tópicos revisados y comentados. Pienso que una definición para el género sería “opinión”.

Yo tengo un problema con la opinión y con los temas grandes. No sé si es un problema nuevo o si siempre lo tuve, pero eso a nadie le importa. No obstante, más últimamente que siempre, las noticias, los “current affairs”, me dejan helada y me cuesta tener una opinión al respecto. Al menos no me sale espontáneamente (supongo que nadie tiene una opinión como se tiene calor o hambre) Tampoco es que no me pase nada cuando me entero de la noticia de la semana, o del mes: tengo sensaciones, o sentimientos que se organizan en una gradiente que va de la indiferencia a la congoja más profunda. Pero generalmente no me esfuerzo por qué pensar —que viene a ser lo mismo que qué decir— al respecto. Voy a confesar aquí que no tengo una opinión independiente sobre las cosas, no hago un esfuerzo por tenerla y en general ni siquiera estoy muy enterada sobre “las cosas”. Tampoco se trata de que sea una ameba, pero la realidad común, social, “grande” últimamente no me conmueve. Quizás sea otro efecto secundario del puerperio (quizás debiera escribir sobre eso y no diletar con disculpas. Sabrán disculpar. ) Confieso también que siento envidia cuando leo o escucho una argumentación que me sorprende y me gusta. No me atrevo a entrar en parámetros como el ‘estar de acuerdo’ porque para estar de acuerdo hay que tener una posición previa, y recordemos que yo no la tengo. Lo que hago entonces es robarme esa argumentación que me gusta y repetirla como propia. Lo hago muchas veces para criticar películas. En vez de relegar mi discurso a “me gustó” “no me gustó”, que es casi todo lo que puedo decir las mayorías de las veces sobre una película. Muchas veces me robé argumentos de Huili por ejemplo, con enormes resultados de público.

Me entero de las cosas. Hay días que veo el noticiero del Nueve a las siete, el del Once a las ocho y el del Siete a las nueve (no tengo cable), pero no llego a indignarme como antes. Incluso la última gran noticia nacional (la discoteca incendiada) me pareció un acontecimiento previsible, de hecho me sorprendió que todos estuvieran tan sorprendidos con el siniestro. Las noticias donde mueren personas menores de 14 años me aterran y me atraen con la misma fuerza. Asisto a ellas escondida debajo de la mesa, buscando en la noticia el detalle tranquilizador que marca la diferencia entre mi familia y la familia de la víctima. Ese detalle que me recuerda que a mí no va a pasarme nada parecido. Es algo bastante asqueroso dicho así porque es individualista, egoísta y pequeño burgués. Es personal. Lo personal es político, supuestamente.

Básicamente, entiendo que las noticias funcionan como excusas para vender comida para perros (nada nuevo tampoco ésto, debe haber más de setecientos libros escritos alrededor de este tema) Ayer, por ejemplo, escuché en la radio Rock & Pop el comercial sobre la edición de la revista Rolling Stone de febrero donde la anunciaban como un número dedicado a “la peor tragedia de nuestra generación” o algo así. ¡Era un spot publicitario para vender más revistas! ¡Por favor! ¿Se entiende lo que digo?

Básicamente eso es lo que me da rabia de los temas impuestos por la tele, por eso últimamente en las reuniones me quedo callada cuando hablan de temas grandes o generales, esperando que alguien se ponga a hablar de algo que le pasó a algún ser humano conocido, o de sí mismo. Pero en general la gente prefiere hablar de las noticias.


————————————

Del mismo autor:
Correspondencia Escolar (01)
Chapelco Devocional
Praise
Conmemoración Fashion
Ayuda
Yoknapatawpha Vive
El Angel Exterminador
Putas #1
Venta Directa y Gripe del Pollo
Papel