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17 02 2005 - 07:05

Resulta que hay algunos temas sobre los que sí tengo opinión, dar la teta por ejemplo.

Primero voy a decir que yo creo que tanto dar la teta como otras cuestiones relacionadas con el dar a luz y el cuerpo de la mujer son cuestiones políticas de enorme importancia que están relegadas a un segundo lugar y tratadas como información higiénica para señoras en los “suplementos femeninos”, revistas para madres y web sites de nombres tan indignantes como ajó ajó, tupediatra o todo bebé. En estos canales, dicha información está presentada de manera somera, resumida, edulcorada y en un tono infantil. Con el mismo tono infantil con el que se trata a las embarazadas y a las madres recientes. Como si en fondo, fueran temas de hombres, (de adultos) y ésa fuera la explicación habilitada para los niños (las mujeres).

Hay algunos suplementos femeninos (que no son lo mismo que los ‘apósitos femeninos’ aunque también haya algunos más absorbentes que otros) que se jactan de ser progresistas y feministas, y que también publican algunas notas culturales y sociales más allá de la foto de Modas y la sección de Cocina. Allí los temas del amamantamiento, gestación y parición suelen estar tratados como si fueran temas para grandes. Pero, insisto, siguen circunscriptos a un “suplemento femenino”

El caso es que me topé con el artículo sobre la teta escrito por Sandra Chaher en Las 12 a propósito de la semana de promoción del amamantamiento. En dicho artículo, la periodista después de enumerar las ventajas de dar la teta para la criatura, la madre y el medio ambiente, eligió hablar del ‘amamantamiento como elección personal’, en aras de la libertad de las mujeres. Básicamente la tésis es que el mandato de dar la teta no viene acompañado de redes sociales de sostén, ni políticas públicas y que abunda en publicidad “culposa”. La Culpa. Ajá. Me pregunto ¿por qué tanto prurito en no hacer sentir culpables a las madres? ¿Acaso hay una red de contención (psiquiátrica) para aquellas personas que se quieren inscribir a la Afip y cambiar su condición de autónomos a monotributistas? Y nadie dice que el Estado o la Sociedad no debería hace sentir culpables a quienes no pagaran sus impuestos.

Veamos este escenario, una mujer embarazada va al médico y confiesa que se fuma un paquete entero de puchos. ¿Al médico le va a preocupar no hacerla sentir culpable? O por ejemplo va –ya con su bebé de días- al pediatra y le dice a éste que duerme en la cama con el bebé. El médico probablemente la haga sentir culpable (aunque dormir con el bebé sea lo más saludable para el buen descanso nocturno de toda la familia). Si la misma señora le dice al médico o a la médica que está alimentando a sus bebé de 8 días con leche homogeneizada al doctor le va a dar un ataque (aunque no haya estudios clínicos que prueben que haya diferencia entre los bebés alimentados con leche de vaca vs aquellos alimentados con fórmula) ¿Por qué tanta indulgencia con las fórmulas de inicio? ¿Será para bancarse la culpa de que sus esposas no hayan amamantado a sus propios hijos?

“Anteponer las necesidades del bebé a las de la madre, una nueva forma de control sobre el cuerpo de la mujer, y la manipulación política de un acto que puede ser extremadamente gozoso para madre e hijo, son algunos de los ejes para empezar a reflexionar sobre este nuevo mandato que se impone a las mujeres.” Dice Sandra Chaer.

Perdón ¿Nuevo mandato? ¿Con qué se piensa que se alimentaban las crías humanas hace un millón de años? ¿Manipulación política? Yo creo que la insistencia en la promoción estatal y social del amamantamiento es muy poca comparada con la insistencia en la promoción de los sucedáneos de la leche de mujer por parte de la companías que los producen. Dicha promoción es tan exitosa que ha llegado a convencer a sus voceros más fieles –los pediatras- de que una cosa es reemplazable por la otra. Se sabe de los “beneficios” de la leche de mujer para la cría humana por sobre la leche de cualquier otro mamífero (aunque sin duda la proteína bovina se lleva la palma en popularidad a la hora de producir formulas sintéticas) por eso dicen –incluso es ley que dicho texto figure en las propagandas y empaques de sucedáneos- que la leche de la madre es el mejor alimento para el bebé. Pero esto ya es una falacia: la leche de la madre es el único alimento para el bebé. Lo demás es remedio. Es decir, al tipo diabético le dan insulina sintética; al bebé que no le dan teta (cuál sería la palabra ¿el notético? ) le dan “fórmula para lactantes”, o leche maternizada como les gusta poner a los laboratorios, o “complemento” como les gusta decir a los pediatras. Los laboratorios en complicidad con la medicina insisten en que la diferencia es algo así como la que hay entre Coca y Pepsi. Bueno, no tanto. La teta es mejor, dicen, pero la fórmula es lo segundo mejor. Advertising works.

¿De qué derecho a elegir me hablan?¿Elegir qué? El control sobre el cuerpo de la mujer no se ejerce en la manera que menciona el artículo de Chaher sino exactamente al revés: las tetas usadas para vender autos son control.

Volvamos al tema de la culpa ya que parece ser un dominio muy cercano al género femenino. No sé si es por una cuestión etaria, porque me interesa el tema o por casualidad, pero resulta que últimamente estoy rodeada de señoras con bebés chiquitos, vecinas, algunas amigas, colegas. Muchas de ellas –sino todas las que no tienen una posición política al respecto- tienen “problemas” con el amamantamiento que terminan “resolviendo” con el biberón y la lata de leche en polvo (resolviendo es una manera de decir, ya que al medicar al bebé con fórmula, el bebé comienza a tener toda otra cantidad de síntomas que necesitan ser “resueltos” con antibióticos y muchas visitas al pediatra). Yo en seguida me enojo con esas madres, las tildo de vagas, de irresponsables, de ignorantes. Pero no se los digo. Pongo cara de que las entiendo y de que les creo. Pero no me creo nada. Ni que tengan pezones planos, ni pezones umbilicados, ni pezones lastimados, ni que se les fue la leche, ni que el bebé rechaza el pecho, ni que el bebé se quedaba con hambre, ni ninguna otra razón orgánica. Los bebés no aumentan de peso, y tienen que aumentar. Los pediatras resuelven recetando fórmula. Y hacen bien. Si el bebé no aumenta de peso, se muere. Pero digo yo, ¿y si a esas madres a las que yo culpo –pero no hago sentir culpables- no tuvieran la posibilidad de ofrecerles a sus preciosos bebés lo segundo mejor, casi tan bueno como lo primero mejor, aunque un poquitito malo y sin duda muchísimo más caro?

Las madres no tienen la culpa. Yo después de enojarme pienso que no saben, que no leen, que no tienen idea de cómo hacerse cargo de sus propios cuerpos. Y pienso también que a muchas de ellas les da miedo que les chupen las tetas non stop, y que sea lindo y bueno (bueno en un sentido moral) a la vez.

Chaher cita a la socióloga Hilda Habichayn –directora de la maestría Poder y Sociedad desde la Problemática del Género de la Universidad Nacional de Rosario: “Decir que la lactancia materna es más adecuada porque evita muertes infantiles, pero no hacer de manera urgente algo para implementar un sistema de apoyo a las madres que desean amamantar y no pueden hacerlo a causa del estudio o del trabajo, es una actitud que deja mucho que desear. Relacionar desnutrición con destete prematuro, pero no hacer nada más que campañas de divulgación de las bondades del pecho materno, es negarse a ver que las mayores interferencias de responsabilidad política son las socioeconómicas”.

La desnutrición ya es una tema para darle más largo y con más cuidado: sin duda que la desnutrición está relacionada con el destete prematuro (y sin duda que “las mayores interferencias políticas son las socieconómicas”) Entonces ¿por qué el Estado distribuye –o está aceptado que debería distribuír- cartones de leche para recién nacidos entre las madres más pobres? En definitiva, ¿a quién beneficia esta distribución gratuita? Sin duda no a la madre, ni al bebé. Porque será gratuita para la madre y el bebé, pero no para el Estado que se la tiene que comprar al Laboratorio.

En cuanto a las madres que desean amamantar pero NO pueden hacerlo a causa del estudio o del trabajo, yo trabajo en una compañía donde todas las demás mujeres al cabo de tres meses vuelven a trabajar y dejan de amamantar al bebé. O lo amamantan cuando están, y mientras tanto le dan mamaderas con leche de vaca. Y si tienen que salir de viaje por trabajo, lo hacen. Total no necesitan estar cerca del bebé para alimentarlo porque el bebé toma lo segundo mejor. Si una plantea que no le quiere dar “lo segundo mejor” la ponen a una en la lista negra por loca, pelotuda, fanática o por no tener claras las prioridades.¿Qué tiene que ver el estudio y el trabajo con no poder hacerlo? Así como se ordeña una vaca se puede ordeñar una mujer. Así como se embotella la leche de vaca, se puede embotellar, a diario, la propia para que otro se la dé a la cría. Sin duda que un sistema de apoyo que incluyera licencias por maternidad más largas, la posibilidad de asistir al trabajo con el lactante o guarderías en todas las empresas y fábricas sería de gran ayuda, pero lo que más ayudaría sería que no existiera el supuesto de que existe otra cosa casi idéntica a la leche de mujer y que no tiene nada que ver con las tetas. Porque este supuesto es el que te caga la vida.


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