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4 03 2005 - 08:14

Los diarios argentinos indican que todo está al revés (o “para atrás”, como me comentan se dice ahora, una expresión que a varios amigos les suena horrible pero a mí me resulta bastante apropiada). No está en mi naturaleza ponerme a hablar del canje —otro término que me gusta, sin embargo: “el canje”— y la verdad es que la discusión sobre la libertad de prensa es una de esas que no dejan espacio para encolumnarse detrás de ninguna de las fuerzas en pugna. Tal vez Larry Rohter tenga algo iluminador para decir al respecto, pero de eso nos enteraremos el lunes.

Ya que estamos en tema: por una de esas casualidades exóticas, es el diario del justamente vapuleado Escribano el único que publica hoy algo que tiene cierto sentido. Se trata de una nota firmada por un tal Germán Gómez, a quien nuestro infalible departamento de research (a cargo del benemérito Puricelli) consigna como “un fulano que escribe sobre educación”. El fulano escribe con los dientes, pero lo que dice no está del todo mal. Sobre todo en el contexto de las recientes barbaridades que se han dicho sobre educación en estos días, muchas de las cuales se condensan en la propuesta pampeana de sobornar niños, y en las escandalizadas voces que se alzan en su contra. No debería llamarnos la atención que a nadie, de entre los muchos que se oponen a la propuesta, se le ocurra mencionar la más profunda de sus limitaciones (de las limitaciones de la propuesta, digo): la de asumir que el conocimiento es recompensado en alguna parte.

Y no hay mucho más, salvo la fascinación morbosa de leer las declaraciones de Fontanet acerca de materiales “ignífucos”. Ignífucos, del italiano, “fuoco”, asumo, en la nomenclatura creativa de Clarín.

Más interesantes son los gratuitos españoles. Por un lado hay que anotarse el primer candidato a titular del año:

Es interesante lo de la “sustitución” de ajuares por empanadas, ¿no? No queda claro el método. En la tapa del mismo medio (Metro), Alejandro Amenábar asegura que en Hollywood “se siente una merluza”, lo cual no hace más que confirmarme en mi intención de mudarme definitivamente a Los Angeles. O por lo menos eso es lo que pienso antes de enterarme de las últimas derivaciones en el caso Fiona Apple, una situación deprimente que define en sí misma el estado de la industria musical en ruinas.

Cuando dejé Los Angeles, hace casi tres años, Fiona estaba terminando de grabar el disco del que todo el mundo hablaba con anticipación y curiosidad. Un amigo (cuyo nombre omito por razones que serán obvias enseguida) nos reportaba cada semana el progreso de las sesiones nocturnas en una mansión semiabandonada propia de Norma Desmond. Pero Extraordinary Machine (así se llamaba el disco) no se editó nunca, por un motivo increíble: Sony no lo entiende.

Durante meses me asedió una duda: ¿tan raro era el disco de Fiona? [No soy amigo de ella: le digo “Fiona” porque suena raro decirle “Apple”. ] Aunque posiblemente cante mejor que ninguna otra persona sobre la tierra, uno de mis problemas con ella simpre fue, justamente, que lo que hacía me resultaba demasiado simple, o previsible, no sé. Le faltaba la inaprehensibilidad de otras cosas que me gustan más, y la capa de influencias que sí se percibe en ella cuando canta covers de Billie Holliday para los amigos. Poco después de que Sony mandara los masters de Extraordinary Machine a su castigo eterno en un galpón de las afueras de Los Angeles, pude escuchar el disco entero y comprobé que era: a) mucho más interesante que todo lo que Fiona había hecho hasta entonces, y b) nada tan raro, después de todo.

La internet —que en estos días ofrece a quien quiera el notable último disco de Beck, meses antes de que se edite comercialmente— no siempre es tan rápida, y pasaron dos años hasta que temas de Extraordinary Machine empezaron a aparecer en sites de fans y bulletin boards. Ahora me entero de que la RIAA se está ocupando, específicamente, de amenazar legalmente a esos sites para que dejen de ofrecer gratis las canciones que la industria ha decidido no debe escuchar nadie, ni pagando. Disparates como este tienen los dias contados.

En una módica contribución al fin definitivo de este estado de cosas, y teniendo en cuenta que es viernes, ofrecemos acá poco menos de la mitad de Extraordinary Machine, for your listening pleasure. Que alguien me explique qué tiene en la cabeza el ejecutivo de Sony que está dispuesto a perder dinero y perseguir infractores antes que a distribuir este disco, que ya está hecho y es esperado por cientos (tal vez miles) de fans.


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