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La Zona Gris
Bernardo Brown
22 03 2005 - 21:30

George and his Pencil, de Flynn Gleason
Tampa, en Estado de la Florida, se convirtió en los últimos días en el escenario de un nuevo round de la eterna pelea ética y política que protagonizan ultraconservadores y ultra-híper-recontra conservadores en este país. Todos los medios debaten en esa ciudad cuasi-turística donde una mujer, Terri Schiavo, lucha a diario con una serie de máquinas que no la dejan morir del todo. Haciendo corta una larga historia de 15 años, Terri empezó su odisea el 25 de febrero de 1990 cuando, estando en casa, su corazón dejó de latir por un rato, provocando una insuficiencia de potasio que le interrumpió el suministro de oxígeno a su cerebro. Desde ese día, Terri Schiavo se encuentra en un ‘persistent vegetative state’. En 1998, Michael Schiavo, su marido, presenta una petición ante un juez para desconectar los equipos que alimentaban artificialmente a su mujer. En abril de 2001, finalmente, un juez autoriza a que los tubos que le impedían a Terri morirse del todo sean desconectados, pero acá entran en escena los padres de Terri que piden que la conecten de vuelta, y dos días después vuelven a enchufarle todos los tubos. La historia más o menos se repite al año siguiente y el mismo Juez Greer argumenta que no hay manera de que la pobre Terri viva sin todo el aparataje y ordena que desconecten todo de vuelta. A todo esto ya corre el año 2003, y cuando finalmente se agotan todas las instancias interpuestas por los padres de Terri y por algunas organizaciones de defensa de la vida, la Legislatura de la Florida interviene para que, adivinen quién pueda meterse: así es, ¡quién más que Jeb Bush!
El ingreso de nuestro Sancho fue calamitoso, como era de esperar. Promovió y obtuvo una ley en la legislatura del Estado, y los médicos tuvieron que enchufar de nuevo y re-hidratar a la pobre Terri, seis días después de que haberla desenchufado para por fin dejarla ir a donde venía tratando de ir hace 14 años. Esta ley se conoció con el original nombre de ‘Terri´s Law’, y cuando todo parecía que las esperanzas de Michael y de tantos otros que no les agrada demasiado que unos tipos nos anden metiendo mano, la Corte Suprema de la Florida, declaró ‘Terri´s Law´ inconstitucional. Esto fue a fines de septiembre de 2004, y el 25 de febrero de este año, una vez más el Juez Greer autorizó a Michael Schiavo para que vuelva a desconectar a su esposa el 18 de marzo.
El viernes pasado finalmente desenchufan a Terri, y en el medio de todo tipo de protestas frente al hospital donde la mujer está internada, y de unos videos increíbles de la pobre Terri presentados en el juzgado por sus mismísimos padres aparece no ya Sancho, sino su mismísmo patrón, interrumpiendo sus vacaciones en Texas para firmar un bill del Congreso, a la 1 de la mañana del lunes, para transferir la jurisdicción del caso al nivel federal y así sacarse por fin de encima al molesto Juez Greer.
Este es, brevemente, el caso: Terri Schiavo está en este momento desenchufada apurándose para que el corazón se detenga del todo y la dejen en paz, mientras todo el país discute sobre la defensa de la vida versus el derecho a morir. La cuestión que hace todo esto muchísimo más interesante (al menos para mí) es que el debate está dado entre la defensa de una ”vida” que ya no vive más, y el derecho a “morir” de alguién que ya está muerto.
Para rastrear un poco de donde viene todo este asunto, hay que retroceder hasta 1959, cuando P. Mollaret y M. Goulon, publicaron en Revue Neurologique, un artículo que describe el estado de coma depassé. Lo que intentaban estos neurólogos, era describir un cuarto estado de coma, sumado a los 3 ya conocidos, en el que aún las funciones vegetativas del cuerpo son abolidas y sólo es posible evitar la muerte por medios artificiales. Giorgio Agamben llama a este estado overcoma, el punto en el cual la vida continúa aun después de la cesación de todos las funciones vitales del cuerpo.
De esta manera, lo que se produce es la desaparición del ‘momento’ de la muerte como una instancia definida con precisión: el cuerpo vive, pero carece de funciones vitales. Con el paso del tiempo se necesitó redefinir la muerte, de modo que en el momento de iniciarse un transplante no se estuviera cometiendo un homicidio. Un comité Ad Hoc del Harvard Medical School, determinó en 1968 un nuevo criterio para la definición de muerte: el concepto de ‘muerte cerebral’. Este concepto considera a un cuerpo muerto cuando cesa en forma total su actividad cerebral y sólo continúa sus funciones vegetativas con ayuda artificial. Así es como la muerte cerebral nació en Harvard, abriendo un período de tiempo fuera del tiempo real, un lapso en el que la persona ha muerto legalmente, aunque aun respire. De esta manera es como la mismísma muerte entra en un estado de indefinición, una zona gris que sólo puede ser determinada en forma política. Prácticamente el mismo espacio de tiempo sin tiempo al que entraba el condenado a muerte en los campos de concentración nazi, entre la sentencia y su ejecución.

En este punto es necesario hacer una aclaración que no he visto en ningún medio que informe sobre este caso. La muerte cerebral y el ´persistent vegetative state´son dos conceptos muy diferentes. Sigueindo a David Lamb en su libro Death, Brain Death and Ethics, muerte refiere al ‘irreversible loss of functions of the organism as a whole’. Esto significa que el cuerpo pierde su capacidad de conciencia en forma irreversible y así mismo pierde su capacidad de respirar y mantener un látido espontaneo también en forma irreversible, de esta manera se puede declarar el estado de muerte utilizando pruebas y criterios clínicos precisos (un electroencefalograma chato, por ejemplo). Sólo cuando el bulbo raquideo pierde toda capacidad de reacción puede hablarse de muerte, aquellos casos, como el de Terri, cuando un accidente daña en forma permanente ambos hemisferios del cerebro, pero no afecta el brainstem, no pueden ser considerados ‘muerte cerebral’ , de acuerdo con Lamb. En pocas palabras, la diferencia está dada en que la persona en estado de ‘muerte cerbral’ sólo puede ofrecer signos vitales con la ayuda de aparatos y puede permanecer en este estado unas pocas horas, quizás días, mientras que la persona en estado vegetativo, conserva actividad en su ‘brainstem’ y sólo necesita ayuda para alimentarse, pudiendo permanecer en esta situación por años.
Pero si el criterio fundamental para determinar la muerte es la irreversibilidad, como argumenta David Lamb, las personas que entran en estado vegetativo también han sufrido un proceso irreversible. Desde este punto de vista, también se puede argumentar que cambios irreversibles en otros órganos también hacen de la conituidad de la vida algo imposible, nadie puede vivr sin un corazón o un riñón, aunque sí es posible reemplazar la función del corazón artificialmente utilizando una bomba o la función de un riñon con instrumental de diálisis. Es así que el criterio estaría dado no por la irreversibilidad solamente, sino también por la imposibilidad de suplantar la función artificialmente. El reporte de 1968 hecho por la comisión de Harvard agrega a la confusión, ya que hace equivalentes la idea de coma irreversible y muerte cerebral, y así transitivamente iguala el coma irreversible con la muerte. El informe ofrece buenos indicadores para determinar un coma irrversible, pero falla al referirse a la pregunta más difícil: si una persona se encuentra en coma irrversible, ¿puede ser considerada muerta?
Una de las conclusiones más fascinantes que Lamb y otros extraen de su trabajo, es que la muerte no es un hecho biológico o médico, es un hecho puramente legal: la medicina y la tecnología, sólo proveeran de los instrumentos y los expertos necesarios para determinar con precisión aquello que está legalmente definido. Un ejemplo bastante divertido del juego entre ciencia y ley sucedió en California en 1974, cuando Andrew Lyons’ le disparó en la cabeza a un hombre y su abogado defensor, John Cruikshank, argumentó en defensa de su cliente que lo que mató a la víctima no fue la bala que disparó Lyons al cerebro del otro tipo, sino que fue el cirujano que le removió el corzaón para ser transpaltado. ¡Pueden imaginarse el jabón del Dr. Shumway cuando lo acusaron de asesino! Como era de esperarse, nadie tomó muy en serio lo del abogado y lo encontraron culpable a Lyons. Dr. Shumway había dicho en su declaración —cualquier persona que tenga su cerebro muerto está muerta. Es el único determinante que puede ser universalmente aplicado, porque el cerebro es el único órgano que no puede ser transpaltado—. Lo interesante que queda implícito en esta declaración es que del mismo modo que en el pasado la muerte estaba determinada por el funcionamiento del corazón, y con el advenimiento de las tecnologías de resucitación cardiovascular esté criterio se tornó obsoleto; algún día, la muerte cerebral dejará de ser muerte porque la ciencia encontrará la manera de hacer funcionar un cerebro fuera del cuerpo (Mary Shelley?... ring any bells?) haciendo de la muerte cerebral un criterio también incorecto. O sea que, Andrew D. Lyons fue culpable de asesinato no por haber disparado un arma, sino porque la ciencia no encontró aun la forma de reparar un cerebro….

Giorgio Agamben utiliza el ejemplo de los condenados a muerte en los campos de exterminio nazi en su Homo Sacer para mostrarnos lo que es la excepción, ese espacio donde la jurisdicción es cuestionada, dando lugar a un estado de naturaleza cuasi-hobbesiano donde no hay leyes ni reglas. Esta excepción es ese espacio donde supuestamente no se puede ser juzgado porque las actividades allí realizadas están exentas de jursidicción. Claro, triste y ya famoso ejemplo de esto es la base de Guántanamo. Estas zonas de indefinición son politizadas al extremo, del mismo modo que se está politizando la muerte en este momento. Esa pequeña zona gris donde Terri Schiavo se encuentra legalmente hoy, donde no está viva ni muerta, abre la puerta para hacer de la muerte un tema discutible y politizado, donde lo que se haga con su cuerpo no cabe dentro de lo que se hace con un cuerpo vivo ni con lo que se hace con un cadáver, y lo que en mi opinión es más terrible en todo esto, extiende la excepción en el tiempo transformando la excepción en la regla. Terri vivió 26 años, y después pasó los últimos 15 en este hueco, entre quienes quieren dejarla morir, y quienes quieren hacer perdurar la excepción, sin vida y sin muerte. Es en este espacio de excepción donde el gobierno de este país se está especializando más y más, buscando los rincones oscuros donde todo pueda ser cuestionado pero nada pueda ser juzgado. Así, los límites definidos por Goulon y Mollaret son límites movibles, límites entre la legalidad y el horror que dejan de ser éticos para ser biopolíticos, donde el ejercicio del poder soberano constantemente redefine lo que está incluído y lo que es excepcional. Mientras tanto, Terri Schiavo es el nuevo emblema del espanto y su marido Michael el alerta de lo que nos toca vivir cada vez más de cerca. En una entrevista reciente, Agamben dijo que si no estamos en el lugar de los detenidos en Guantánamo es sólo porque tenemos un poco más de suerte que ellos ya que no existe ningún motivo para que estén allí en forma indefinida; hoy podríamos agregar que si no somos Terri Schiavo es sólo porque aun no nos tuvieron que entubar en un hospital.
Hoy jueves, la Corte Suprema rechazó el pedido de los padres de Terri para que vuelvan a concectarle los equipos que la alimentan ya que consideran que todo tratamiento es fútil. Para terminar sería importante recordar que Michale Schiavo viene luchando por conseguir hace años no una forma de eutanasia pasiva, no ‘dejar morir’ a su esposa, por el contario, lo que se busca discutir es cómo debe morir Terri. No se puede discutir sobre la posibilidad de la muerte, más bien debe hablarse sobre la dignidad de la muerte. Desde el momento en que se acepta que ya no hay esperanzas, no hay ningún sentido en continuar con tratamientos que se han comprobado inútiles. David Lamb señala que suspender el tratamiento en casos sin esperanza alguna no es ‘dejar morir’ sino dejar morir de un modo más acetable; ‘la dejaré morir’ sólo tiene sentido si al menos remotamente existiese la posibilidad de encontrar alternativas para mantener la vida, pero en el caso de Terri, sólo requiere reclamar un poco de dignidad para ella.
We must therefore define the moment of the end and not rely on the rigidification of the corpse, as was done at one point, or, even less, on signs of putrefaction, but rather simply keep to brain death…Only the State can do this and must do this… Organisms belong to the public power: the body is nationalized [les organismes appartiennent á la puissance publique: on nationalize le corps ] (Dagognet, La Maitrise p.189)
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Del mismo autor:
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Bondistas retro
Four More Years?