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dEvolution

26 03 2005 - 04:43

Carol Murray debe ser un personaje siniestro, y lamentablemente se toma su trabajo muy en serio. La semana pasada, el New York Times publicó una extensa nota sobre la decisión de varios cines de la cadena Imax de no pasar documentales que insistieran demasiado (?) con la teoría de la evolución. Con el toque de color de que muchos de esos teatros están dentro de museos de ciencias naturales.

Tal el caso del Forth Worth Museum of Science of History del que Murray es directora de marketing. Habló con el diario después de entrevistar a 137 personas al final del documental Volcanoes. “While some thought it was well done, some people said it was blasphemous,” fue su conclusión. Alguna gente dejó en el cuaderno de entrada frases tales como “I really hate it when the theory of evolution is presented as fact,” o “I don’t agree with their presentation of human existence.”

Suficiente para Murray, que le dijo al Times sin vueltas: “If it’s not going to draw a crowd and it is going to create controversy,” she said, “from a marketing standpoint I cannot make a recommendation (to show it)”.

Los autores de las tres cartas de lectores que el Times publicó ayer sobre el tema tienen los pelos de punta, entendiblemente. Quizás la mejor y más breve es la de Jon Machta:

“It is a sad day when marketing studies and pressure from religious fundamentalists censor science from science museums. Evolution in a billions-of-years-old universe that began in the Big Bang is the central framework of modern science. A science museum that does not have the courage to show a film that discusses that central framework is not worthy of the name.”

Luego, sin vueltas, todo se nos tiñe de la sensación de que el fundamentalismo religioso está viviendo un retorno aluvional. Acá en Estados Unidos, donde el año pasado los grupos religiosos más conservadores compraban funciones enteras de la película de Mel Gibson sobre Cristo para garantizar su permanencia en cartel. Acá en Estados Unidos, donde la reelección de George W. Bush fue leída, sin inocencia alguna, como el triunfo de los valores del mundo presecular. Acá en Estados Unidos, donde apenas unos días después de que saliera esa nota en el Times, el país se enfrascó en un debate alucinante, sobre qué dice Dios sobre la necesidad de entubar a un paciente para mantener la carne de una vida que se ha ido de ahí hace años.

Un acto de rebeldía mayor, pues, es pedir el DVD de Galápagos, una de las películas, err, evolucionistas (increíble que el tiempo refuerce la condición de calificativo de la palabra), cuya llegada por correo debería ser más atrevido que ir a ver el documental sobre cómo se filmó Garganta Profunda, que en su momento estuvo prohibida en la mitad de los estados de la Unión, Darwin de la pornografía. (Consecuente con esta parte del razonamiento, debería develar los nombres de los amigos que fueron a ver el documental de Garganta Profunda, dado que el pecado mayor está en Darwin. Pero como es mas que probable que la audiencia de TP esté infectada de evolucionistas, lo dejo en el anonimato).

La película es repetitiva en sí misma y no muy distinta a otras del género (Galápagos, no Garganta Profunda ni su documental). Son 50 minutos viendo pescaditos con un guión sin mayor hilación sobre algo que en verdad era interesante: poder ir a 1.000 metros de profundidad para ver con los ojos de Darwin lo que él en su momento no pudo ver por falta de submarino. La sola mención a la teoría de la evolución y la referencia vaga a cómo algunas especies de la isla (sobre todo pájaros y peces) habían inspirado la idea de la selección natural bastaron para que la gente de Imax pusiera, literalmente, el grito en el cielo.

Darwin, que era creyente y se subió al Beagle con el propósito de refutar las teorías evolucionistas que lo precedían, se tomó 25 años para escribir Los Orígenes de las Especies. Si uno lograra leerlo sin saber lo que ya es, se trata de un libro hermoso, que incluyó desde su primera edición los dibujos que Darwin hizo en su viaje por América y el resto del mundo. Está escrito en el tono y con la destreza y conocimiento enciclopédico de los grandes divulgadores británicos, que casi cualquiera puede leer, aunque no todos pueden entender. Es fácil seleccionar una parte al azar y comprender los infinitos malentendidos que la sobrevivieron. Por ejemplo, uno de sus momentos memorables:

“Owing to this struggle for life, any variation, however slight and from whatever cause proceeding, if it be in any degree profitable to an individual of any species, in its infinitely complex relations to other organic beings and to external nature, will tend to the preservation of that individual, and will generally be inherited by its offspring. The offspring, also, will thus have a better chance of surviving, for, of the many individuals of any species which are periodically born, but a small number can survive. I have called this principle, by which each slight variation, if useful, is preserved, by the term of Natural Selection, in order to mark its relation to man’s power of selection.”

Al momento mismo en que copio estas líneas de la página 117 de The Origins of Species, David Schindler, padre de Terry Schiavo, sale por CNN contando que le ha dicho a su hija que aun luchan por su vida, mientras el FBI detuvo a dos personas por intentar alimentar a Schiavo, aunque las detenciones han sido previamente acordadas entre los manifestantes y la policía, “para evitar algún hecho de violencia.”

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La altísima visibilidad del fundamentalismo religioso en los últimos años llevaría a pensar que se vive en una caza de brujas en la que una mayoría fanatizada controla todo alrededor, tratando de convertir los museos en iglesias, la ciencia en religión, la vida privada en una necesidad moral ciega y sorda a toda experiencia. El fantasma de Estados Unidos en plan atávico, liderando una contrarevolución fundamentalista sin precedentes en todo el mundo, coincide para colmo con que el presidente es, justamente, un atávico que lidera una contra revolución fundamentalista sin precedentes en todo el mundo.

Sólo se necesita un optimismo a toda prueba para darse cuenta de que, como casi siempre, las cosas no son tan así. Pero la percepción de que sí lo son refuerza (y torna sutilmente ininiteligible al ojo público) lo que en verdad está pasando: el avance del enorme poderío del fundamentalismo religioso en el control del Estado y de los aparatos de control y producción cultural; no sólo de lo que se dice y se hace, sino también de la forma en que eso debe ser interpretado.

Apenas un mes después de las elecciones de 2004, una nota de Louis Menand en el New Yorker (lamentablemente no disponible online) fue la primera en parar la pelota y hacer lo primero que cualquiera debería haber hecho: separar el resultado de la elección de la lectura del resultado de la elección, para comprobar que en este último terreno, la victoria republicana había sido muchísimo mayor.

“A consensus that George Bush won because voters cared about x easily turns into a consensus that voters were “sending a message” about x, and this determines the story line of the next four years. Ultimately, it can determine the three paragraphs on the election of 2004 in every American-history textbook of the future.”

El resultado, luego, podía explicarse por una variedad de razones, de las cuales el tema de “moral values” es el que menos sustento tiene. Salvo en las encuestas a boca de urna —que dieron la victoria a Kerry y erraron el resultado de la mayoría de los estados — ninguna encuesta ni cruce de variables alguna le otorgó al “moral values” (cuyo sentido también es vago) un lugar significativamente mayor o menor que en las cuatro elecciones anteriores, de las que salieron victoriosos George Bush, Bill Clinton dos veces y George W. Bush.

Como cerraba aquella nota Menand:

“Of course, it doesn’t matter what the science of public opinion concludes. It only matters what the politicians conclude. If Democrats believe that the lesson of the election is that the Party needs to move to the right, then, if it moves, that will be the lesson. It might be wiser for the Democrats to chalk Bush’s reelection up to 9/11 and stick to their positions. The Democratic candidate did not lose votes in 2004: Kerry got five million more votes than Al Gore got in 2000, when Gore won a plurality. Unfortunately for the Democrats, Bush got nine million more votes than he did four years ago. But it wasn’t because the country moved to the right. The issue that seems to have permitted an incumbent with an unimpressive approval rating to survive reelection was not an ideological one. The country did not change radically in the past four years. Circumstances did.”

Algo así pasa con el “movimiento creacionista” dispuesto a erradicar a Darwin y sus circunstancias de los cines y teatros. Sobre todo si uno lee que en verdad los teatros que se oponen a pasar documentales evolucionistas son cerca de 15, que la mayoría se encuentran dentro del “Bible belt” del sur, y que el apego a la fe puede sonar feo, pero está atado a una variedad de razones, no todas al servicio de una caza de brujas.

Pero más claro aun es el caso de Terri Schiavo, donde grupos religiosos de todo el país se organizaron activamente, lograron que el Congreso aprobara una ley a su favor un domingo a la noche y que el presidente, su hermano el gobernador, y una variedad de resortes institucionales, tomaran partido a su favor. Contrariamente a lo que uno imaginaría, todo esto sucede mientras una consistente mayoría de los norteamericanos se inclina por dejar que Schiavo muera en paz y rápido, por que el Congreso no interviniera, y por dejar este tema para que las familias lo decidan en la intimidad de sus casas, y preferentemente a favor de ayudar a una muerte “digna” cuando las condiciones así lo indicaran.

“it is also pretty clear that the Christian conservative movement now has the clout on life-and-death issues to do what the National Rifle Association has done for years on gun control. Strengthened by the results of the November elections, the movement can convey to legislators that the intensity of their constituents’ beliefs is more important than the balance of national public opinion. Swayed by this reasoning, more than a few Democrats may be more interested in moving to the right on moral values than in staking out the middle of the political landscape.”

En este giro oscurantista, ha importado más la intensidad militante del pensamiento conservador, el impúdico control y la enorme disponibilidad de recursos institucionales y culturales que su aparente expansión en el pensamiento americano moderno. A decir verdad, si uno considera la maquinaria puesta en marcha, lo que debería llamar la atención es la fortaleza del espíritu libre y moderno para sobrevivir a tamaña ofensiva.

Claro que la perpetuación de ese dominio (casi un calco vulgar de la noción de hegemonia que Antonio Gramsci garabateó en una cárcel de Italia hace casi un siglo) lo consolidará, porque es dificil que la comprensión del evolucionismo sobreviva si, por ejemplo, la teoría se borrara de los programas de estudios durante varias generaciones (casualmente, lo que pasaría entonces es un proceso muy similiar al de la “selección natural” descripto por Darwin.)

Las cosas son muy distintas en la Argentina, donde la secularización de la vida pública parece inamovible y convive con el resurgimiento religioso, y donde tanto la iglesia católica como los movimientos conservadores son de extrema derecha sin necesidad de recurrir a ningún acto de fe.

Quizás, para el futuro del país, el problema no es tanto la dificultad de la iglesia u otros sectores para conversar más abiertamente sobre el aborto, como el hecho de que el vicario castrense juegue con una figura de la biblia al servicio de otra figura de la represión ilegal, que su segundo haya sido un notorio soporte de los carapintadas, y que su tercero sea responsable de dar “apoyo” a los torturadores en los campos de concentración.

Digo, porque aun no hemos hablado demasiado del caso del cura Baseotto.


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