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Santo Varón

10 04 2005 - 05:23

El viernes pasado tomé un subte luego de un mes de evitarlo todo lo que pude. Dentro del vagón, apretado y demasiado cerca de mucha gente desconocida, pensé que las personas son mucho más feas de lo que uno cree. Los pelos negros y duros que salen de las narices de algunos tipos que llevan portafolio y corbatas con motivos búlgaros, las muecas de las mujeres cuando hablan entre ellas y secretean camino a la agencia de turismo y les baila la papada o doble mentón, hacen un conjunto bastante deprimente. Es cierto que las personas son mucho más que los detalles estéticos (con los otros es que uno puede ser feliz y comer tortas), sólo hay que estar optimista un martes por la mañana para concluir en eso, pero la verdad es que no hay casi ninguna razón, no hay ningún martes, para estarlo. Recién despierto y tras haber visto a una vieja comiendo fideos fríos en la escalera por la que bajé al andén, lo que pudo ser humanista, se puso biológico y miré a las personas como miraba en la primaria esas papas que poníamos en frascos de Hellmann’s y después de algunas semanas brotaban algo verde por arriba y sacaban moho por abajo encima de un papel secante.

Hablando de papas.

Nos trasladamos inmediatamente a la Ciudad del Vaticano.

A la Capilla Sixtina, porqué no, que es más ancha, más larga, más alta, más silenciosa, más ornamentada y, habitualmente, menos poblada que una formación de vagones de subterráneo, y en donde los cardenales de todos los lados, chusmearán en voz baja, a partir de ahora mismo, sobre las alternativas del Cónclave que comienza el 18 de abril y en el que se elegirá al próximo pontífice.

Sobre la información que anticipa la elección, nos vamos quedando con algunos datos que nos llamaron la atención y dejaron algunas preguntas o misterios que aprovechamos para compartir con los ateos, los muy ateos, con los que no eran ateos y ahora lo son, con los que eran ateos y dejaron de serlo, con los que fueron a colegios de curas o de monjitas, con los que fueron al nacional Buenos Aires, con los que están en la servilleta de Saccomano. con los que usan cruces para imitar a los novios de Madonna, con los que la usan porque necesitan protección, con todos, todos los que tienen dvds y con todas las pibas que alguna vez contaron sus vacaciones en Europa, diciendo: hice Roma, hice Paris.

Los cardenales están definiendo si: el próximo Papa debe ser un santo o debe ser un Napoleón. Si es un santo, para los tipos y para los creyentes urbi et orbi, es lindo porque pasó algo super de fe en el cónclave. Un cardenal habló y dijo y dijo y todos sintieron que el espíritu santo estaba encarnado en él. Como algo mágico.

Pero hay otros cardenales que casi prefieren que eso no pase, que el espíritu santo no se le encarne demasiado a nadie o que todos se hagan los salames si ocurre; mientras tanto piensan en poner un Napoleón, algo así como un milico, estratega, valiente, que duerma poco, tal vez enano y que pueda pensar y hacer la Iglesia para los tiempos de la clonación, el cambio del paradigma energético, el viagra para mujeres y la incorporación total de China y de los chinos al mundo.

El detalle del papa santo es muy interesante. Están los cardenales en la Sixtina, sentados una mesa larguísima de madera en forma de herradura, como para que entren cien tipos y, de pronto, sienten que ese tanito del sur, hijo de un productor de olivas, es un santo. Es, por lo menos, inusual. Da para la joda, pero mirá si es cierto.

Respecto del Papa estratego, (como decía Graciela del Chacho, “es un gran estratego”), los tipos ven que hay zonas del mundo, casualmente las más pobres, que se caen a pedazos en términos de fe cristiana (además de que se caen a pedazos) porque los musulmanes y las sectas copan todo con mejores canciones y resentimientos seguidos de muerte. La fe católica es una contención que doctrinariamente te enseña a perdonar, a aguantar o a rebelarte (pero de un modo planificado y con cierta justificación histórica). No sabemos qué cosas decía Mahoma cuando iba a la montaña, pero los tipos de por oriente medio te cortan en pedacitos aunque seas una gran mina, como Margaret Hassan.

Un Napoleón sería como un gran evangelizador, con próximos años a puro congreso eucarístico, consistorio, y beatificando y santificando al ritmo del google search para no perder oportunidades de colocar en la audiencia global personajes que ayuden a empujar la pesada piedra de Pedro. A traccionar, como dicen los encuestadores argentinos.

Entre estas tendencias en disputa, se arma una segunda trama. La discusión del perfil incluirá la pregunta acerca de si elegir un papa joven que dure o un papa viejo, como para estirar un poco más el efecto JP2. Jóvenes, así con la edad de Alfonsín, cuando asumió la presidencia o de la Wojtyla en 1978, son re pocos. Por lo que, lo más probable, sea que toque un santo viejo o un Napoleón ya herbívoro.

¿Qué le conviene a la humanidad?

Ya mismo la respuesta.

Nos conviene un viejo santo que joda poco.

La fuerte tendencia de partido de masas que tiene la Iglesia irá con los años adaptando la institución a la época pero siempre quedándose un poquito atrás de la época, como retaguardia.

Nos conviene, además, que la Iglesia sea tan dura con el capitalismo como con el aborto o la eutanasia, sobre todo porque es el capitalismo el que inventa la sobrevida y el que impide sobrevivir, cuando hay que sobrevivir, dignamente a las madres multíparas.

La Iglesia no debe consentir que se trabaje los domingos, a menos que seas futbolista o juez de línea.

El futuro viene rarísimo y la Iglesia podría decir o hacer cosas que hagan más vivible la experiencia humana colectiva, que está siendo digitada por los mercaderes con una gran disparidad de consecuencias negativas y que no tienen ningún contrapeso. El problema no es sólo que los pibes vean porno por Internet y se les arme una cabeza donde las minas tienen que tener tetas operadas, para ser llamadas tetas y disfrutadas en tanto tetas, sino que entre que prendés la compu y te aparece ésta imagen de una piba chupándosela a un caballo pueden pasar tres minutos. Andá explicale a tu nene que como la chica y el caballito se quieren mucho, el caballito le dio una semillita…

Es muy probable que todos veamos, además, el mundo de las personas clonadas. Y nos hagamos amigos de un clon, vayamos a un asado preparado por un clon, nos acerquemos a la parrilla; el clón, con panza y chomba, nos hable de un sirah de San Juan nuevo, nos haga un comentario sexual desubicado sobre su cuñada no clon. Y éste sería el clon adaptable, porque van a hacer los clones esclavos. La puta clon, o el negro africano clon para la señora. El africano se enamora o se clonifica luego con la empleada doméstica y ella queda embarazada y después quiere abortar un medio clon. ¿Vale el aborto de los medio clones?

En fin, un mundo que se nos viene encima. Los curas, los rabinos, los duhaldistas, los ahorristas de Nito Artaza, las pacientes de Tabaré Vazquez y de Silvia Bleichmar, los que hacen cursos con Josepe Feinmann, deberían ir pensando en estas cosas, sobre qué hacemos con la libertad, con la vida privada, con los caballitos abusados.

Sabemos que los curas lo hacen, aunque no las piensen como nosotros, que en las universidades se están pensando también, pero no sabemos quiénes más las piensan, de los que pueden influir más rápidamente para poner los frenos que hacen falta. Abel Fatala, por ejemplo, un tipo que podría ser clave, nos explicó un día cómo funcionaba el aire acondicionado de su oficina del Concejo Deliberante, mientras nosotros queríamos saber por qué en la interna abierta del Frente Grande, votaban tres mil personas, pero no sabemos qué opina Abel de la clonación. “Fatala no tiene opinión formada sobre la clonación”, sería el título si esto no fuera sólo un ejemplo.

El otro asunto papal que nos hizo flamear las banderitas coloradas fue que a JP2 le metieran en el ataúd de ciprés un tubito de acero con un mensaje para la posteridad. En él se informa que “”nuestro querido pastor de la Iglesia murió en la luz de Cristo el 2 de abril de 2005 a las 21,37. Juan Pablo II fue el 264 Papa. Su memoria permanece en el corazón de la Iglesia y de la humanidad entera”. Informa además que “Karol Wojtyla fue elegido Papa el 16 de octubre de 1978 y que nació en Wadowice, ciudad a 50 kilómetros de Cracovia, en el sur de Polonia, el 18 de mayo de 1920”. El texto recuerda que fue ordenado sacerdote el 1º de noviembre de 1946, consagrado obispo a los 38 años de edad, luego arzobispo de Cracovia y finalmente cardenal nombrado por Pablo VI en 1967. “Bajo su guía la Iglesia entró en el Tercer milenio y ha celebrado el Gran Jubileo del 2000, según las líneas indicadas en la Carta Apostólica del Tercer Milenio”. Sabemos de las botellitas al mar que son las alternativas de los náufragos, sabemos de las cartas, en general, que como dice Piglia en alguno de sus ensayos, son la forma literaria de la utopía, porque colocan en el futuro la posibilidad de respuesta y diálogo. Sabemos de esos papeles que se escriben para los marcianos, donde les decís dónde queda tu planeta, cómo llegar y cómo hacernos saber sus buenas intenciones. Pero no sabemos a qué atribuir este acto.

La Iglesia, posiblemente, considera que pese a contar con Dios de su lado, algún día, sus símbolos, sus personajes, sus huesos pueden ser olvidados para siempre y encontrados por un perro del futuro. Y nos preguntamos si esto será porque son humildes o porque, también ellos, en el fondo, son pesimistas.


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