Click here
Más Features

El fin de la vía (8) | El fin de la vía (7) | El fin de la vía (6) | El fin de la vía (5) | El fin de la vía (4) | El fin de la vía (3) | El fin de la vía (2) | El fin de la vía (1) | Néstor Kirchner, la (primera) película | Renuncio | Graciela Bevacqua | Testamento: 4.2 Memoria y Condición Humana |









18 04 2005 - 07:04

“The Freethinker is an anti-Christian organ, and must therefore be chiefly aggressive. It will wage relentless war against Superstition in general, and against Christian Superstition in particular. It will do its best to employ the resources of Science, Scholarship, Philosophy and Ethics against the claims of the Bible as a Divine Revelation; and it will not scruple to employ for the same purpose any weapons of ridicule or sarcasm that may be borrowed from the armoury of Common Sense.” 
G.W. Foote,
en el el primer número de
The Freethinker, Mayo de 1881.

Buen día.

Desayuno bajo el sol raquítico de una primavera que, en esta parte de Europa (y no quiero ni imaginarme lo que será en las islas), parece más bien un otoño eterno, el tipo de clima que se intuye a través de los ventanales de Tyrell en Blade Runner, el precio a pagar por haber elegido un emplazamiento urbano en la época que nos toca. Normalmente estaría en casa a esta hora, pero en casa hay pintores, planchas de nylon desparramadas por el piso y partículas de enduído que en tándem con el polen, ahí sí, puntualmente estacional, son garantía de una alergia matutina que no me permitiría escribir esto en los cuarenta minutos que me quedan. Menciono esto como disculpa por no haber podido responder los muchos mails que recibimos durante el fin de semana, y por otros motivos que se verán más tarde.

En la mesa de al lado, un vendedor de autos y su cliente departen ante sendas coca-colas light.

—Colombia, sí. Que está muy bien, si no te secuestra la guerrilla. ¿Tú has estado alguna vez?

—No, pero fui a Cuba.

La asimilación de territorios con tan poco en común es una constante histórica —perdí la cuenta de cuántas veces me preguntaron en USA por Rio de Janeiro, al enterarse de mi origen argentino—, pero lo de la guerrilla armoniza terriblemente con el atuendo Hives y el corte de pelo Strokes de los otros madrileños semi-despiertos en el resto de la terraza, así como con tantas cosas que uno lee en los diarios todos los días. El clima se suma así a la sensación de que este otoño eterno no es cualquiera sino uno bien específico circa 1975. No queda claro qué habremos hecho para merecer semejante maldición del día de la marmota, pero si las cosas son como en Groundhog Day la solución para zafar tendrá algo que ver con la sabiduría, de la que por ahora estamos bien lejos, y como muestra baste la mención de la remake de Groundhog Day que se está filmando en estos días en España.

Con todo lo que uno se queja de las remakes y adaptaciones degradantes que Hollywood viene esparciendo desde hace una década, hay detrás de ellas una cierta lógica miserable que por lo menos las justifica en términos económicos. ¿Cuánta gente vio la versión original de The Vanishing? ¿Qué posibilidades hay de que Nueve Reinas sea vista en los Estados Unidos por más de unos cuantos miles de tipos en el Sunset 5? (Que la remake de Nueve Reinas haya sido vista por doce tipos, también en el Sunset 5 habla de una cierta ineptitud por parte de Soderbergh y Clooney, pero no contradice la lógica del reciclaje). Contando con elementos técnicos y profesionales tradicionalmente superiores, y un piso de público mucho mayor al de las industrias infradesarrolladas del resto del mundo, uno entiende (aunque no comparta) las razones para ese camino fácil. Hacer lo mismo al revés, en cambio, resulta incomprensible. ¿Alguien tiene alguna duda de que la versión española de Groundhog Day —una película que, por otra parte, es inmejorable— va a dar vergüenza ajena? Lo mismo para los otros productos en una vena similar que se producen o se planean en Argentina. Esta inversión provinciana del método de las remakes no es sólo globalización mal entendida (o entendida al revés) sino también, posiblemente, una admisión de derrota que no estaría del todo mal si fuera consciente. “Acá no se nos va a ocurrir nada.”

—El mejor psicólogo es uno mismo —dicen en la mesa de al lado. No sé qué tenga que ver semejante disparate, pero tampoco desentona.

De entre los comentarios de todo tipo que recibimos a partir de la discusión (esbozada, apenas) sobre Cuba la semana pasadaSchmidt intentando contextualizar el debate, Hernán Igesias Illa compartiendo nuestra ambivalencia e interés respecto de Hitchens, prédicas intentando salvarnos de la derecha y réplicas intentando salvarnos de quienes querían salvarnos de la derecha—, una pregunta reclama ser considerada con mayor urgencia: ¿why bother?

¿Para qué gastarse en discutir con quienes han optado por esa visión de alto contraste, renunciando a la latitud del ojo con la que nacemos todos? ¿Por qué motivo habríamos de perder tiempo, por ejemplo, rebatiendo las pelotudeces de Feinmann si ya son trademark de su persona pública y él no es otra cosa que eso? Son preguntas para las cuales ni siquiera dentro de TP encontramos una respuesta satisfactoria. Mientras varios lectores respondían con irritación a aquella contratapa, un colaborador asiduo me decía por mail:

En realidad, perdone que insista, esas contratapas no son posibles. El
problema es que usted está leyendo un diario de 1925. El mío no dice eso…

Sin ánimo de alcanzar una respuesta definitiva, ofrezco la mía, parcial, esta mañana: discriminar es dificilísimo. Parece fácil en lo cotidiano —uno se da cuenta de qué cosas le interesan más que otras, y responde de manera acorde— pero establecer una política acerca de con quién se habla y con quién no es prácticamente imposible. Al menos lo es sin caer en el mismo tipo de simplificaciones que uno objeta en otros. OK, con tipos como Feinmann es simple, porque tienen una línea de conducta (como Los Twist, no sé por qué me acuerdo tanto de ellos, últimamente) que es infranqueable, pétrea, aburridísima. Pero los hay no menos necios, brotando de todos los rincones como topos en un videojuego: invocación a la Patria #1 en La Nación de hoy, invocación a la Patria #2 en La Nación de hoy (escritas por tipos que no sé quiénes son, ni quiero saber, pero al mismo tiempo me pregunto si callar no otorga algo); el embajador cubano en Argentina escribiendo, nada menos que en Clarín, que:

“Estados Unidos debe explicar a la comunidad internacional por qué elabora planes de transición en Cuba con el declarado propósito de “acelerar la caída del régimen cubano”; por qué viola sistemáticamente el espacio radioeléctrico cubano con emisiones piratas radiotelevisivas incitando a la subversión y por qué destina millones de dólares a través de sus agencias oficiales para financiar una contrarrevolución interna.”

Cosas que, en abstracto y pese a todo lo que pienso de la política internacional de Estados Unidos, suenan deseables. Ni hablar de la elección del término “subversión”, notable en quien debería estar al tanto de la historia reciente del país para el cual escribe.

Para conversar sobre algunas de estas cosas que nos preocupan hace falta un mínimo de rigor. Si ese rigor tuviera que traducirse a la cantidad de interlocutores en función de su calidad, estaríamos bien jodidos —seríamos una publicación casi Amish, hablando sólo entre nosotros hasta que un día venga Harrison Ford con noticias de un mundo que consideramos prosaico y prescindible, y tal vez lo sea, pero existe, está ahí, negarlo es una expresión de deseos.

Me tengo que ir, y los pintores siguen trabajando. Tengo ciertas dudas acerca de dejar mi casa a cargo de dos personas que no conozco, pero ambos —especialmente la chica, que habla más que el otro y estuvo enseñándole a mi hija a pintar con rodillo— parecen gente decente.

—Sí, no se preocupe —me dice—, además somos Testigos de Jehová.

Una confesión que sedimenta mi convicción de que no me van a robar nada, claro, pero sugiere también que si el hijo de la pintora (esperemos que no) necesita una transfusión el mes que viene, está listo. ¿Hay que hablar o no con la pintora? ¿En qué términos? Mi simpatía por G. W. Foote es obvia, y puedo identificarme facilmente con el entusiasmo y el tono del párrafo citado más arriba. Ciento treinta años después, la eficacia de Foote está muy en duda. Tal vez haya que hablar con todo el mundo.


————————————

Del mismo autor:
PS 01
La Educación de Pol Pot
Political Science 3x SOLD OUT
Más vivos que nunca print SOLD OUT
TPP 31 - Las Comunidades Primitivas
El Dream
8. Gracias
TPP 30 - El Circo del Hambre
El Ultimo
Viedma Ayer