Click here
Más Features

El fin de la vía (8) | El fin de la vía (7) | El fin de la vía (6) | El fin de la vía (5) | El fin de la vía (4) | El fin de la vía (3) | El fin de la vía (2) | El fin de la vía (1) | Néstor Kirchner, la (primera) película | Renuncio | Graciela Bevacqua | Testamento: 4.2 Memoria y Condición Humana |









22 04 2005 - 18:29

Todos creímos que el daily de hoy le tocaba “al otro”, y así nos fue: dos de la mañana en Madrid y recién me doy cuenta de nuestro retraso. Poco sentido tendría sentarse a leer el diario a esta hora, así que la casualidad me lleva a continuar una conversación de sobremesa, en principio algo inconexa (pero, como en las buenas películas, al final se entiende todo).

Se inaugura la Feria del Libro. Griselda Gambaro da un discurso algo deslucido, considerando tanto sus antecedentes como el auditorio, que está integrado, entre otros, por Pepe Nun, Gustavo López, el mismísimo Ibarra y (como dice Clarín) “la senadora Fernández de Kirchner”. Hay que desconfiar, digo, de quien ha hecho carrera en la dramaturgia y desperdicia esa oportunidad para introducir una mayor dosis de conflicto. Es esa falta de acción, tal vez, o la contingencia de que se esté homenajeando a Peña Lillo, lo que sugiere a CFK que ha llegado el momento de invocar a Jauretche:

“El rol de los intelectuales esta íntimamente vinculado con el libro y la labor emprendida por esa generación de intelectuales nos abrieron los ojos, autores como Arturo Jauretche, que casi subterráneamente pudieron descorrer el velo para develarnos una historia diferente.”

Hace ya unos cuantos años, advertía yo a la distancia un cierto revival de Jauretche que fue relativizado por mis amigos más optimistas. Pero hay que atender a los indicadores del pop. Hay motivos para empezar a preocuparse cuando una banda como Los Piojos (y no puedo creer lo que estoy citando) canta:

Hubo un día en que la historia
nos dio la oportunidad
de ser un país con gloria,
o un granero colonial.
Pero faltó la grandeza
de tener buena vision
por tapados de visón
y perfumes de París,
quisieron de este país
hacer la pequeña Europa
gaucho, indio y negro a quemarropa
fueron borrados de aquí.
Yo le pido a San Jauretche
que me traiga buena leche

Nobleza obliga, hay que reconocer que el viraje venía insinuándose con anterioridad a la actual gestión. Seguramente hubo indicadores de todo tipo que yo me perdí, envueltos en la marea de bloquecitos históricos a los que se fue recurriendo, como salvavidas, durante ese proceso bastante largo que fue la debacle del menemismo. Pero en todo caso va quedando claro que el universo K supo leer oportunamente esta sensibilidad, o tuvo la suerte de encajar en el zeitgeist cual zapatito de cenicienta, o las dos cosas.

Jauretche, no es novedad para nadie, acuñó en su momento unos cuantos conceptos que —apropiados o no en su contexto— fueron asociándose después con prácticas y escuelas de pensamiento por lo menos dudosas. Cualquier duda acerca de las opiniones de Jauretche al respecto queda despejada al leer su admisión/jactancia tardía:

“Creo haber sido el inventor de la palabra ‘vendepatria’ o por lo menos de su divulgación inicial, desde el semanario Señales. El uso de la expresión ‘oligarquía’ en la acepción hoy popular, así como las expresiones ‘vendepatria’ y ‘cipayo’, las popularicé desde el periódico Señales y en otros de vida efímera en los años posteriores a la revolución de 1930.”

Así que todos sabemos lo que “cipayo” quiere decir. Es una palabra que me es muy afín, puesto que me define con exactitud, y quizás por eso sé que es también el título de una película que de otro modo habría olvidado por completo. “Cipayos”, la película, fue dirigida por el hoy director del INCAA, Jorge Coscia (claramente identificado entonces con el menemismo) antes de probar suerte con un panegírico de Rosas y otro de Luca Prodan— todas películas que, por suerte, no vio nadie.

Una noche, dos años antes de que Coscia se entregara a aquella distopía para recordarnos lo importante que es la Patria, yo integraba (ahí sí, no me acuerdo de cómo ni por qué) un reducido equipo de rodaje en un minúsculo departamento de Almagro y discutía acerca de estas cuestiones con un dúo afín a Coscia que en ese momento (el equivocado, se ve, era yo) me parecía increíblemente démodée en su defensa de una cultura auténtica, patriótica, fascista. La discusión debe haber tenido lugar, físicamente, en torno a la conexión (ilegal) a una fuente eléctrica porque —y eso lo recuerdo bien— voló algo y, en el espacio de pocos segundos, cinco manzanas quedaron a oscuras. En ese preciso instante apareció, de la nada, Luca Prodan, que si bien todavía estaba vivo, no nos sorprendió entonces mucho menos de lo que nos sorprendería si apareciera ahora. No sé por qué estaba ahí, a quién había ido a buscar, pero hasta que volvió la luz nos fuimos tropezando con él varias veces hasta que terminó persiguiéndonos por la calle al grito de:

—¿Nadie tiene nada acá? ¿Son todos mariquitas?

A Coscia, además de Luca Prodan, le gusta Jauretche. Podríamos adivinarlo, pero no hace falta porque lo dice él mismo de una manera algo más perturbadora que Cristina:

“Estoy tratando de preparar un libro, de recopilar una serie de visiones sobre la cultura, la política, en estos tiempo de crisis. De Visitar a Jauretche un poco, que creo es lo que conozco como mi gran maestro. El hombre que nos enseña a pensar. ”

Coscia, o mejor dicho, la institución que tiene a su cargo, programó hace poco un ciclo sobre “La Militancia” en el Museo Evita. Incluso obviando el hecho de que la primera película del ciclo sea una ignominia como Mirta, de Liniers a Estambul (dirigida por Coscia durante la generosa gestión de Antín), llama la atención el evento programado de “Actualización política y doctrinaria con Fernando Pino Solanas y Octavio Getino.”

Doctrinaria.

Este año no fui a San Sebastián, pero en el 2003 me había dado un poco de vergüenza ajena una publicación insultante llamada Raíces. Editada por el INCAA, la revista es un extraño compendio de orgullo nacional y llamado mendicante a la coproducción. Me ocupé entonces de aclarar que, aunque argentino, yo no tenía nada que ver con eso. La próxima vez voy a tener que ser más enfático, porque ahora (finalmente) en San Sebastián parecen haber empezado a darse cuenta de quién es Coscia, no a través de Raíces sino de la carta que envió impugnando a Vargas Llosa como jurado en el festival. Los motivos de Coscia son tan previsibles como su amor por Jauretche, pero otra vez suenan más elocuentes verbatim: su objeción se basaba en las “opiniones reaccionarias y neoliberales del ex candidato y perpetuo defensor de los intereses que han sumido a millones de latinoamericanos en la pobreza y la exclusión.”

No quiero sugerir veladamente que esta suma de hechos y declaraciones deba invitarnos a asimilarlo todo en una sola cosa. Hay diferencias entre Jauretche, Coscia, Los Piojos, Luca Prodan y Cristina Fernández de Kirchner. Lo que sí sugiero, por ahora (hay que avanzar en esto, pero no esta noche) es que no parece tener mucho sentido seguir asumiendo que el Gobierno no tiene una política cultural, o que esta deviene de limitaciones coyunturales. Algo hay, acá. Están todos de acuerdo. Entre ellos, no con uno.


————————————

Del mismo autor:
PS 01
La Educación de Pol Pot
Political Science 3x SOLD OUT
Más vivos que nunca print SOLD OUT
TPP 31 - Las Comunidades Primitivas
El Dream
8. Gracias
TPP 30 - El Circo del Hambre
El Ultimo
Viedma Ayer