Click here
Más Features

El fin de la vía (8) | El fin de la vía (7) | El fin de la vía (6) | El fin de la vía (5) | El fin de la vía (4) | El fin de la vía (3) | El fin de la vía (2) | El fin de la vía (1) | Néstor Kirchner, la (primera) película | Renuncio | Graciela Bevacqua | Testamento: 4.2 Memoria y Condición Humana |







Llueven Sapos

23 04 2005 - 09:02

Tengo la suerte de no conocer a Laura Klein. Si supiera quién es, de dónde viene, qué estudió, qué películas le gustan, habría tenido elementos para articular alguna de esas construcciones —limitadas por definición, siempre arbitrarias— que nos permiten asumir que entendemos a los demás. Podría haber hecho otra cosa que uno hace a menudo: reformular retroactivamente la idea que tiene de alguien, neutralizando así el efecto sorpresa que nos define como personas. Porque entender es como una droga, y una vez que uno entendió algo (o cree haberlo entendido), todo el resto, todo lo que uno no entiende se revela como una amenaza o una humillación. En realidad es un desafío, claro, pero andá a explicarle eso a una hormiga perdida en un shopping mall.

Si bien lo más importante de Fornicar y Matar es, sin duda, lo que dice, para mí tuvo el efecto de una revelación personal a medida que lo leía y me iba familiarizando con quien lo dice. Una revelación más modesta, claro, pero importante para mí, del mismo modo que a Miguelito (de Mafalda) le importa más su dedo gordo que el edificio, diminuto, de la esquina. El libro sería el mismo si yo hubiera conocido a Klein de antes, pero yo seguiría instalado en la plácida meseta de asumir que los únicos que tienen cosas interesantes para decir son los amigos de uno. Fornicar y Matar es sobre todo un libro acerca del problema del aborto, pero como todo texto destinado a perdurar, se interna también en otras cuestiones no menos conflictivas. Una de ellas es la de asumir que ya no puede llover un manuscrito del cielo (no como designio divino, sino más bien como los sapos en Magnolia) a recordarte que el mundo es vasto, y que entre las hordas infinitas de pelotudos hay gente en condiciones de hacerte pensar todo de nuevo.

Pocos temas más ingratos que el aborto. Uno tiene que estar de humor, la verdad, y aún así se trata de una cuestión imposible de discutir en abstracto (aunque esos sean los términos más habituales de la discusión), y no mucho más fácil de discutir en concreto, teniendo en cuenta el pequeño detalle de lo emocional. El debate suele requerir que lo abordemos con la convicción defensiva del santo o del cirujano, y eso hacemos casi siempre hasta que la vida o la muerte más o menos cercanas demuestran la limitación de estos acercamientos.

Hace unos años, estudiando las particulares condiciones de la práctica medicinal en la Holanda del siglo XVIII, me enteré de la existencia de un material increíblemente útil (para mí): el diario de Catherina Schrader, una partera basada en Amsterdam que había sido la primera persona en registrar metódicamente su trabajo por escrito. La pista de Catherina me condujo a Pam Lieske, una experta en obstetricia del Renacimiento en adelante (hay expertos en todo, si uno busca lo suficiente) que sigue escribiendo hoy el libro definitivo sobre el tema y con quien nos dedicamos, durante un año, a cotejar datos, recreando la vida de anatomistas, obstetras y pacientes a principios del 1700. Pagué el precio de este proceso fascinante con las peores pesadillas cotidianas durante el embarazo de mi primera hija, preguntándome a menudo si hubiera preferido no saber nada de Catherina Schrader, y preguntándome también si mi visión de Catherina y sus contemporáneos habría sido la misma de haber pasado por un embarazo antes de conocerla.

El libro de Laura Klein se mueve eficazmente en ese terreno de la duda, y tiene la rara virtud de no esgrimirla como un arma sino más bien como único punto de partida para una discusión que, lamentablemente, se desarrolla desde hace tiempo sobre cimientos que deben ser revisados. Si hay una lealtad en Fornicar y Matar es la que la autora le debe al tema que se ha dispuesto a abordar, animándose a que la lleve a donde tenga que llevarla. Sin conocer a Klein uno está seguro, a partir de la lectura de su libro, de que a menudo terminó escribiendo cosas que no habría imaginado antes de sentarse a hacerlo:

“Más profundo que el impedimento de elegir libremente es la dificultad de saber qué elegir, o incluso cómo llegar a ser lo bastante libre como para planteárselo. Menos autonomía y más conciencia: la lucha por el aborto legal partió de la crítica de lo individual. Y cuestionando la privacidad como lugar de libertad lo lograron.

Paradójicamente, una conquista político-sexual se inscribió como derecho de las personas en general, sin especificación de sexo, solas en su libertad, aisladas de las otras. La vía fue el derecho a la vida privada, el derecho a la propiedad personal, el derecho a la libertad individual. En Estados Unidos se transformó en cuestión constitucional: “todas las personas tienen derecho a decidir por sí mismas los asuntos éticos y personales que surgen del matrimonio y la procreación”. Con estas palabras de la Constitución, los jueces de la Corte Suprema de Estados Unidos determinaron que llevar o no adelante un embarazo es un asunto personal, de lo cual derivaron la inconstitucionalidad de prohibir el aborto. Ironías de la historia: la conciencia de que lo personal es político llevó a los movimientos de mujeres a luchar para obtener aborto legal; pero aquello que ganó la batalla fue que lo personal no es mío pero es privado.”

Cada dos párrafos Klein dice algo que te hace entrecerrar los ojos y volver atrás, a constatar que leíste bien. Que el “derecho a la vida” es hijo del genocidio nazi y de la complacencia occidental; que el origen de la protección infantil se encuentra en ideas tan poco nobles como la de “protegerlos en vida para explotarlos hasta la muerte”. Afirmaciones que podrían cumplir —en otro contexto— un efecto dramático o de barricada, aparecen en este libro con la naturalidad de un rabanito: son conclusiones que hemos visto nacer, acompañando a Klein mientras piensa en voz alta. Qué hagamos con ellas es problema nuestro, pero están ahí y sería deshonesto no tenerlas en cuenta. Que Klein escriba bien ayuda, claro, pero Fornicar y Matar es cualquier cosa menos un ejercicio retórico. Sus ideas centrales (siete, ocho, bastantes) son únicas e invitan no tanto a abrazarlas o rebatirlas como a incorporarlas a la coctelera de nuestras ideas previas y batir bien, a ver qué pasa.


————————————

Del mismo autor:
PS 01
La Educación de Pol Pot
Political Science 3x SOLD OUT
Más vivos que nunca print SOLD OUT
TPP 31 - Las Comunidades Primitivas
El Dream
8. Gracias
TPP 30 - El Circo del Hambre
El Ultimo
Viedma Ayer