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Intervenciones

24 04 2005 - 04:49

Hace un par de meses escribí dos artículos a pedido sobre el cine argentino actual. Uno para la edicíon 2005 del Atlas du cinéma, un número especial de la revista Cahiers du Cinéma en el que se invita a críticos de todo el mundo a decir algo sobre el año cinematográfico en curso en sus respectivos países. La otra, para el catálogo de la segunda edición del Festival de Cine Independiente de Lisboa, acompañando una muestra que programamos con Flavia en un restaurante de Rotterdam con los responsables del festival portugués. La consigna era mostrar algunas películas del cine argentino reciente —excluyendo las que se hubieran exhibido ya en esa ciudad— y solo a posteriori, cuando tuve que escribir para el catálogo, advertí que los largometrajes seleccionados* reunían sorprendentes características comunes y permitían esbozar una hipótesis sobre el cine independiente de estos años.

Desde entonces hasta ahora —en que puedo reproducir aquí las dos notas ya traducidas e impresas —, ocurrieron dos hechos que, a mi juicio, hacen que la publicación en este medio sea aun más aconsejable.

El primero se relaciona con la suerte corrida por el texto de un colega. Diego Lerer, crítico del diario Clarín publicó en febrero un artículo (en inglés) en Filmkrant, una revista de cine holandesa en ocasión del último festival de Rotterdam que, en su diario del festival, encargó una serie de notas a propósito de la censura. Allí Lerer, por primera vez en la prensa internacional (y local), hacia referencia al clima ciertamente de silencio que en la Argentina se vive respecto de la política cinematográfica oficial, de los brulotes en la web (muchas veces canallescos e injuriosos) de los que son objeto los que defienden un cine alternativo y formulaba críticas a la política cinematográfica del organismo dirigido por Jorge Coscia. La nota de Lerer llegó rápidamente a Buenos Aires. El INCAA la tradujo y la hizo circular entre sus allegados** —la nota se le entregaba en castellano a los que concurrían a la sede del Instituto de Cine— y Coscia aludió sin mencionarla a ella en la introducción que firmó para el catálogo del VII festival de cine de Buenos Aires que se desarrolla en estos días. La frase final de ese texto dice así:

“Vaya esta reflexión como reafirmación de una política, pero también como respuesta a quienes en foros y festivales extranjeros cuestionan el compromiso de nuestro país por promover su mejor cine sin dedos largos que condiciones o censuren”.

Como yo mismo he sido acusado de atentar contra los intereses nacionales en “foros o festivales extranjeros” y como esa misma frase se utilizó cuando se hicieron los primeros movimientos para mi despido como director del Bafici, creo que es oportuno citar el párrafo de Coscia porque viene a cuento y también como muestra de su lenguaje de dudoso nacionalismo (cierto, todo nacionalismo es dudoso) y que no deja de evocar la xenofobia y la persecución (y común, por otra parte, a muchos discursos oficiales en estos días).

El otro suceso es menos preciso, pero tal vez más extendido. Entre los festivales de Mar del Plata y Buenos Aires se exhiben, en distintos formatos) más de 100 nuevas películas argentinas, en su mayoría pertenecientes al supuesto cine independiente nacional, una política de difusión casi irrestricta contraria a la política de cuidadosa curación que siempre supuse la correcta para los festivales. Ese magma, en el que los films importantes corren el riesgo de perderse, se ha visto acompañado por reseñas en general superficiales pero casi invariablemente positivas en la prensa local. Si la declinación que insinúo en estos artículos como un peligro cierto se concretara, no sería ajena a ella una actitud complaciente de la crítica, actitud que reproduce la que dominaba en la Argentina cuando participamos en la fundación de El Amante hace quince años. El silencio al que aludimos antes, la intimidación por parte de los funcionarios y el elogio cortesano del periodismo son las peligrosas componentes de un clima que se va haciendo cada día más denso y más uniforme a pesar de las manifestaciones de euforia que lo encubren.

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* El programa original para Lisboa (se proyectará con muy ligeros cambios) era:

Largometrajes:

Ana y los otros de Celina Murga
Balnearios de Mariano Llinás
Cabeza de palo de Ernesto Baca
Caja negra de Luis Ortega
La libertad de Lisandro Alonso
La mecha de Raúl Perrone
Modelo 73 de Rodrigo Moscoso
Mundo grúa de Pablo Trapero
Parapalos de Ana Poliak
Sábado de Juan Villegas

Cortos:
Barbie de Albertina Carri
Negocios de Pablo Trapero
La prueba de Diego Lerman
Rey muerto de Lucrecia Martel
Abasto/Canes, Blanca & Negro, JR., Kenny, Kenny II y
Nos vamos todos a casa
de Martín Mainoli


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