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27 04 2005 - 14:28

Uno está acostumbrado a que la rebeldía —en alguna de sus expresiones institucionalizadas, trotskista o ricotera— se ocupe de recordarle que la democracia, ese ideal torpe, pequeñoburgués, no quiere decir mucho. Que es un detalle. Y nosotros estamos más acostumbrados que nadie, porque cada vez que rozamos el tema recibimos mensajes con sugerencias temerarias, como el que hace unas semanas sostenía que de Cuba no podés salir porque hay justicia. “¿No estaría bien que podamos salir todos o que no salga nadie? ¿O que salga el que realmente es necesario que salga?”, preguntaba una lectora claramete alineada en un mail que —confieso— no respondí, porque la sola idea de que una persona que nos lee quiera cerrar todas las fronteras de la tierra me daba dolor de cabeza. Es muy común que ese desprecio por la democracia se enuncie, en sus instancias más tímidas, como señalamiento de las limitaciones de la democracia, a menudo centradas en el acto eleccionario, que para esta gente, en general, no sirve para nada. Uno está acostumbrado y ya tiene un alto porcentaje de anticuerpos contra este tipo de razonamientos, al punto que casi ni los percibe. Y por eso cuando lee

Democracy is not only elections; it’s promoting governance, access to education, opportunities for all.

ya cree sabe lo que viene después y también, claro, lo que vino antes, quién lo dijo: Fidel, o el delegado de la circunscripción 18 que tenía que decir algo y justo se le ocurrió eso, o el coordinador de la Asamblea por la Soberanía Nacional del Huevo Frito. Pero no. Lo dijo Condoleeza, que es de Escorpio, y al agregar que “democratic government duties means behaving democratically” impugnó de un plumazo tanto a Chávez (que supongo era su target original) como a su propio gobierno, liberando de estas responsabilidades a quienes no hayan decidido formar parte del club. El canciller brasileño, Amorim, se tiene que haber preguntado en ese momento cuáles eran exactamente esas responsabilidades, y no me habría gustado estar en sus zapatos.

La idea de que los gobiernos democráticos tienen que ser democráticos, enunciada así, quiere decir cualquier cosa a propósito, y en ese sentido (sólo en ese sentido, aclaro por las dudas) tiene puntos de contacto con las declaraciones de Piñeyro II (otro tipo que hizo una película y se llama Piñeyro, pero que no es ese Piñeyro) respecto de que “entre Cromañón y Lapa no hay diferencia”. Y esto, a su vez, se relaciona con los enunciados de víctimas y periferia de Cromañón, para quienes el incendio es lo mismo que la dictadura y que la explosión de la AMIA. No mencionan a Lapa, pero todo es posible.

Es posible también que existan varios universos paralelos, en cada uno de los cuales cada una de estas cosas comparta con las otras, efectivamente, el mismo sentido exacto. En el que vive uno no es, claro, pero uno vive en un universo muy limitado. Y para probarlo, dejémonos de trivialidades y asumamos la responsabilidad de comentar la noticia del día:

Se murió el Papa.

De veras.

En realidad se murió hace como un mes. Yo recién me entero y no estoy hablando, por supuesto, de Juan Pablo II, ni de Benedicto Pastore Tedesco, sino de este otro Papa, porque había otro y uno no tenía la menor idea. Se llamaba Clemente Domínguez, pero como todo Papa decente había sido rebautizado con el nombre menos prosaico de Gregorio XVII a mediados de los años setenta. Parece que al tipo, hace unos treinta años, se le apareció la Virgen con el mensaje de que el Papa era él, y cómo no le vas a hacer caso a la Virgen. Lo más curioso de todo esto es que —pese al evidente desconocimiento oficial por parte del Vaticano, que al menos en público nunca consideró la posibilidad de Papas Paralelos— la orden de Gregorio XVII (que tiene un nombre genial, además: Iglesia Palmariana de los Carmelitas de la Santa Faz) estaba legalizada por la Iglesia Católica como orden religiosa. Gregorio XVII ordenaba cardenales y canonizaba a diestra y siniestra. Y además de exigir que las mujeres acudieran a la iglesia con pollera larga y los hombres con camisa abotonada —regulaciones que, considerando las cosas que piden otras denominaciones, suenan a algo así como topless— se había ocupado de excomulgar a la familia real española.

Alguna explicación habrá para todo esto, aunque no sé si prefiero conocer más detalles. Así como está es perfecto. Por lo menos para mi hipótesis apresurada del día: la de que, efectivamente, Lapa es igual al Papa es igual a Cromañón es igual a la democracia es igual a la dictadura es igual a la Amia es igual a Feinmann diciendo que es una pena que se haya muerto Roa Bastos, porque no era igual a Vargas Llosa. Porque todo da lo mismo pero eso no, con las “causas progresistas” no te metas.


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