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El Megacanje

29 04 2005 - 14:40

Después de 12 días se acabó la séptima edición del BAFICI, y además de muchas películas, fiestas, presentaciones, colas para sacar entradas y todo lo que hay en cualquier festival de cine, lo que este año más creció fue el canje. Pero no el de Lavagna y Nielsen, ni siquiera el de Cavallo y Marx, sino una forma de hacer trueque entre el aviso de una empresa en un medio por algo que esa empresa le puede dar a ese medio que no sea plata. Por ejemplo la publicidad de Garbis (“sin límite”) en Sin aliento quizás la canjearon por 3 toneladas de Humus y 2 de empanadas árabes. ¿Qué es Sin aliento? El diario oficial del BAFICI, y un espacio donde durante estos 12 días era más fácil encontrar una propaganda de Pippo que una nota de más de 3 párrafos.

Hagamos un poco de matemáticas: de las 8 páginas que traía Sin aliento todos los días se podrían llenar sólo 2 con el texto de los artículos. Las otras 6 se iban en 3 páginas de avisos, una página de fotos de famosos y Casi famosos, la tapa casi siempre dominada por una foto, la grilla con la programación diaria, las fotos y títulos de las notas, etc.

Sólo un 25% de las páginas de Sin aliento se llenaba con lo que debería ser lo central en ese medio: las notas. El resto era todo promoción directa e indirecta. La ecuación era menos palabras más marcas, menos palabras más marcas… un Mantra que la gente de comerciales debe haberse repetido 20 veces al día hasta lograr convencerse de que todo lo que no fuera aviso era residual. Y podrían haber hecho espiritismo y conseguir a Bazin, Daney y Cabrera Infante para que escribieran en el diario, pero sin espacio la cosa se pone difícil.

Esta militancia del canje ante todo y que el resto no diga mucho y que no sea mucho más que una forma de hacer chivos a luminarias del jet set indie, no se interrumpía del todo si uno iba a ver una película. Antes de cada función había publicidades y placas de una cantidad desproporcionada de empresas. Si se quería ver más de una película por día en el Hoyts Abasto, era difícil no terminar odiando por sus avisos a Cinecolor, Metrovisión, Alta Definición Argentina, Kodak, I-Sat, Exo Informática, L’Oreal y, la mejor de todas, Look & Take, la empresa de postales gratis. Sobre una placa negra se veía estas palabras en letras blancas:


El verdadero significado de las cosas
Se encuentra al tratar de decir
Las mismas cosas

De otro modo

Milagro, Look & Take resuelve en 10 segundos y una frase casi 3000 años de filosofía, volviendo del todo inútil los esfuerzos de tanta gente que dedicó tantos años a tratar de pensar eso de “el verdadero significado de las cosas”, empezando por el detalle de si “las cosas” tienen “un significado” y si, en el caso de tenerlo, “es verdadero”. Gente boba, se podrían haber ahorrado el trabajo, la respuesta estaba en unas postales.

Acto seguido de esta placa negra bombardeaban en menos de medio minuto con imágenes de docenas de postales de propaganda de esas que dan gratis en cualquier boliche, bar o restorán de onda, y que en estas semanas se entregaron, también gratis, por todo el BAFICI. El efecto esquizofrénico de ver esto y después que empiece Five de Kiarostami es rarísimo. Entonces hay varias preguntas que hacerse con Look & Take. ¿Qué dieron a cambio del canje, colocar tarjetas del festival en lugares in de toda la capital? ¿Quién decidió que esa forma de promoción es aceptable o efectiva? Si la gente de las postales gratarolas quiere inundar con filosofía de segunda mano los cerebros de la población ¿por qué el gobierno de la ciudad actúa como facilitador?

Pero la verdadera estrella de la canción fue el trailer institucional del festival que se pasó antes que casi todas las funciones de cada película, por lo general después de los canjes de Metrovisión, Cinecolor, etc…

(No conozco los de otros países, pero en lo que a Argentina respecta, los institucionales de festivales de cine siempre fueron una calamidad. Tanto los del BAFICI como, sobre todo, los de Mar Del Plata. Hay algo medio atroz en la idea de tratar de resumir un hecho tan complicado como un festival en 20 segundos. Un impulso que lleva a reducir todo a un slogan y rebajar el nivel de razonamiento al de una propaganda de Coca Light o al “Se puede” de Angeloz. La excepción fue uno del BAFICI que no me acuerdo si estaba en el segundo año de Di Tella —2000— o en el primero de Quintín —2001— y que mostraba un compiladito de imágenes de las películas que se iban a programar y que por su falta de pretensión era inofensivo. Y eso se agradece cuando ya uno vio 40 películas en 10 días, es decir, 40 veces el mismo institucional en 10 días.)

Pero el de este año rompió cualquier marca y se convirtió en el complemento ideal de Look & Take, “Otra forma de comunicar”. Una perfecta muestra de lo que algún funcionario de la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires entiende por el tema que les y nos ocupa: la cultura. Habla de los abismos mentales de la gente que cranea en los niveles más altos el festival casi más que las películas que se proyectaron.

Una serie de planos de un chico, Daniel Hendler en versión alumno modernito de la FUC, en primer plano, en picado, contra picado, plano general y así... saliendo de la Biblioteca Nacional. Mientras se cambia de plano vira el color y una voz en off dice “una mirada… y otra… y otra…” para terminar con la frase “Más cine”. Cada encuadre diferente representaría otra mirada.

Primero está la idea que el festival tiene sobre quiénes son los sujetos ideales del evento: chicos de clase media tirando a media alta como el que está en la imagen saliendo de la Biblioteca Nacional que, por cierto, queda en Barrio Norte. El chico del spot podría haber ido a cortarse el pelo a Roho y e ir a morfar a  los mismos lugares que uno. Pero la idea de un festival, supongo, era que no se convirtiera en un sitio que privilegia a gente que puede ver esas películas en otro lado porque tiene, o plata para viajar a los países en que las exhiben, o medios para conseguir que se las traigan en DVD, o para bajárselas de Internet porque tiene banda ancha en casa. Eso es gobernar para ayudar a los que no necesitan ser ayudados, a los que tengo cerca y me cruzo un sábado al mediodía si voy a Mamarracha, Malasartes, Masamadre o cualquier otra M con nombre y público difusamente progre de Palermo y sus alrededores geográficos o ideológicos. Esto aplicado a la realización de una película puede ser grave, pero llevado a la escala de la función pública es catastrófico.

Segundo está la metáfora del trailer. Se filma en primer plano y es una mirada, en plano general y es otra, en picado y es otra más, lo mismo con los cambios de color, y así. Cada encuadre diferente es una forma de ver la realidad. Por un lado esto se acerca mucho al aviso de Look & Take —decir lo mismo de otras maneras—, y no deja de ser curioso por la relación entre Look (mirar) y el “una mirada.. y otra…”. Pero sobre todo esa idea es un lugar común. Pero no uno cualquiera, sino uno que parece sacado del primer día de clases de una escuela de cine. Es asumir que el nivel de comprensión del espectador se reduce a lo primero que le enseña un mal profesor de cine a un pibe que del tema todavía no sabe ni jota. Es el mundo como jardín de infantes donde las complejidades están ausentes y no hay conflicto entre las cosas. Lo que lleva al próximo y último punto.

El manifiesto estético del trailer: “una mirada… y otra… y otra” y su coda “Más cine”. La idea es cuantitativa, no cualitativa. Lo central es que el público vea más cine y que sea lo más diverso posible. En un punto es difícil no estar de acuerdo, es absurdo discutir que en principio sería mejor que más del 60% de las películas que se estrenan no fuera de un mismo país y de un mismo modelo de realización, distribución y consumo. Pero hay otro punto por el que se les escapa la perdiz, o la dejan ir porque no les interesa. El aviso no se plantea mostrar lo mejor que se está filmando por ahí, o las películas que más le puedan abrir la cabeza a la gente. Lo que se excluye en estas frases es la pregunta por la calidad de las miradas que se ofrecen, no una respuesta con certezas que imponga para todos qué es lo que hay que ver, sino la simple pregunta. Si todo se reduce a ver más cine y acumular 457 millones de miradas, ¿dónde queda la pregunta sobre el interés de cada una de esas miradas? Pero todos tuvimos una educación que nos enseñó que la diversidad lo es todo, no se sabe para qué, pero lo es todo; y se nos machacó con que “todo es válido” y así llegamos a los chicos a los que desde siempre los convencieron de que todo lo que hacían era maravilloso. ¿Cuántos de los que dibujábamos con los codos escuchamos alguna vez la anécdota esa según la cual de chico Picasso dibujaba feo y lo reprobaban en dibujo? El voluntarismo hecho proyecto de vida: No importa que a los 10 dibujes peor que un bebé de dos años con problemas de aprendizaje, vos esforzate nene que vas a terminar siendo famoso hasta entre personas que nunca entraron a un museo, y con una hija que fabrica perfumes llamada Paloma. (Hay una versión adaptada para los que eran malos en las ciencias duras y hablaba de un mítico 0 que se habría sacado Einstein en Matemáticas.)

Si todas las miradas tienen el mismo valor, si no hay un intento de diferenciación, todo se pierde en una nebulosa donde en el fondo nada tiene importancia. Y ahí es donde el gobierno de la ciudad está naturalizando su propia impotencia para cambiarles para mejor la vida a sus ciudadanos y se contenta con ser menos que un oficial de tránsito de las miradas.

Es la revista Haciendo Cine a otra escala: lo importante es hacer relaciones públicas y promocionar a los amigos, como la foto del último número que muestra a Agresti con Keanu Reeves, dedicada por el director a los responsables de la revista. Para HC lo primero es la amistad (y el canje, pero en este caso el canje es una consecuencia de la amistad). Entonces uno es amigo de todo el mundo porque “los amigos de mis amigos…” Si los responsables de la revista son amigos de Agresti, por propiedad transitiva también lo son de Keanu Reeves, que se fotografía con Agresti mientras éste le hace un Risotto. Y con un poquito de imaginación ya vendrían a ser casi íntimos de Joel Silver, que produjo la saga The Matrix. Con esta lógica medio que todo el mundo es o puede ser amigo salvo dos o tres tipos entre los que deben estar Kim Zong II y el CEO de Hewlett Packard, aunque no descartaría que el CEO fuera amigo de… Pero no es cualquier tipo de amistad, es la amistad de los negocios ¿fueron alguna vez a una fiesta del ambiente publicitario? todos se abrazan y se llaman por los seudónimos o diminutivos aunque se conozcan hace 5 minutos. En la cosmovisión de la que HC es parte el cine argentino, sobre todo el joven, es una marca nacional que hay que promocionar y vender acá y afuera porque lo que le hace bien a los amigos también de rebote puede ayudarnos. Y lo más importante: Siempre estar en los radares de alguno que tome decisiones. La gente de HC se me aparece cada día más como los interlocutores ideales de la Secretaría de Cultura de la ciudad, así como hoy Carnevale y Sirvén parecen los interlocutores ideales de Coscia. No por nada HC programó por séptimo año consecutivo la sección Work in Progress del BAFICI, una estabilidad laboral que casi nadie en el evento puede igualar. No es prueba de nada, pero sí indicio de muchas cosas, entre ellas que sus dichos y hechos no parecen haber molestado nunca a nadie. A nadie que importa, claro está.

Nombro a HC porque la lógica es la misma que la del canje furioso del diario, del hall del Abasto atestado de publicidades y los trailers del BAFICI: máquinas de promoción envueltas en los ropajes del arte. Hay que pensar siempre en positivo y cuando ya se le vio algo rescatable hasta a El perro de Sorín casi todo pasa a ser promocionable, a casi todos se les puede brindar “apoyo” editorial o un lugar en la fiesta de todos los anunciantes que fue el festival este año. De última, toda empresa tiene aunque sea un gramo de bondad en su departamento de Ventas, o en el de Marketing. Entonces para qué activar la función crítica. Esto, aunque no lo parezca, interactúa de maravillas con el retiro del estado de su lugar deseable. Como el estado financia de manera insuficiente, el festival sale a buscar fondos a cualquier lado y termina sirviendo de vehículo de lucimiento y legitimación de empresas que no tendrían por qué ser promocionadas en un evento como este. Otra forma de privatizar el espacio público gracias al abandono por parte del estado de los que históricamente fueron sus deberes y derechos.

Y todo se mezcla, porque si un evento público sirve para que marcas como Look & Take traten de lucirse al intentar mostrarnos “el verdadero significado de las cosas” y seguir con la formulita cínica de que en el fondo todo es lo mismo, y si todas las miradas tienen igual valor para qué esforzarse por tratar de entender más el mundo, si lo que se pide desde el polit buro de Secretaría de Cultura es que haya muchas miradas, no que sean estimulantes. En el fondo es una cuestión de contabilidad, de ingresar en caja la mayor cantidad de miradas posibles para que después Clarín pueda hacer algo tan útil como una infografía sobre el tema.


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