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8 06 2005 - 12:23

Maradona está en la tele. Lo vi de casualidad en varios programas de aire. Es como si le hubieran transplantado el cerebro, o como si se tratara de otro: de repente, todo lo que dice es sensato. Tampoco es que venga con novedades y mucho menos genialidades. Pero dejó de decir estupideces. Maduró, o tuvo un accidente cerebrovascular. Hoy Clarín publica en la sección “Salud” un artículo que describe un raro trastorno del habla, “El Foreign Accent Síndrome”, producido por una lesión cerebral, que lleva al sujeto a hablar con acento extranjero. Algo se modifica en los sistemas motores de producción y el paciente, repentinamente, comienza a hablar su lengua materna como si no fuera su lengua materna, como si fuera un extranjero. El trastorno es irreversible, y los que lo sufren, dice el diario, terminan teniendo graves crisis de identidad. No es para menos. En la sección “Sociedad” hay otro artículo que me llamó la atención. En Gran Bretaña un grupo de investigadores llegó a la brillante conclusión de que la facilidad para alcanzar el orgasmo en las mujeres es genética. No obstante, dice el artículo

“Los resultados publicados este mes en Biology Letters, la revista de la Real Sociedad Británica, no implican que las mujeres que heredan una combinación desafortunada de genes no puedan lograr orgasmos, aclararon los expertos para la tranquilidad del sexo femenino. Sólo quiere decir que requieren para ello más esfuerzos y más paciencia.”

Menos mal que lo aclararon, qué tranquilidad. Perdón: ¿Más esfuerzos y más paciencia? No me puedo imaginar qué tipo de paciencia (¿sentarse a esperar que ocurra el milagro, por ejemplo?) y mucho menos me puedo imaginar qué tipo de esfuerzos. Que poco oportuno que el orgasmo femenino sea una cuestión de fuerza.

Y sin salir de “Sociedad” Clarín publica una nota del Observer con un título harto cursi: Japón se aburrió del amor y los niños son una especie en extinción. Como era de preveer, en Japón se les está complicando el asunto de la progresión demográfica porque los japoneses y las japonesas no se quieren casar, ni quieren tener hijos; según esta nota sólo quieren ir a trabajar y jugar al golf. Y así no se puede.

Pero lo mejor del día es esta nota sobre los “consumos culturales de los ricos”. Y tiene algo que ver con el hecho de que ahora (siempre ahora en oposición a un antes mejor o distinto) los ricos se hacen pintar retratos carísimos para colgar en el living, con que van al Cabaret del hotel Faena a ver la misma mierda que se veía en el Parakultural pero sin olor a humedad, con que ahora los ricos compran lomos de libros por metro para rellenar la biblioteca. A esto lo llaman simulacro cultural para los que pueden pagarlo. Pero siempre los ricos y los famosos quisieron verse retratados en gran tamaño, los burgueses, los nuevos burgueses, los reyes, todos. Las declaraciones de la artista Lorena Ventimiglia son muy cancheras. Ella dice que los pinta más buenos y más dulces. No lo dice en serio. Es cínica. Dice que la molestan y la demandan y que ella “ni en pedo les abre la puerta cuando está trabajando”, bueno, nada nuevo. El artista y su mecenas hinchapelotas. Por suerte los ricos esos a los que ella pinta no leen Página/12 porque si leyeran esta nota se lo tomarían muy mal ¿no?. En cuanto a lo del Cabaret del Faena Hotel for export y for ricos, se sabe que siempre lo que primero es contestatario termina reaccionando, y que el movimiento es del mercado al museo y del museo al mercado. Como la cumbia en los noventa. Primero vino La Mona y después todos los demás cuartetos y después Ricky Maravilla tocaba en Punta Del Este. Las declaraciones del señor que vende libros por metro sin valor alguno para rellenar bibliotecas son más módicas. Después de todo, hay gente que tiene bibliotecas (estanterías) que sólo contienen adornos. Comprar libros de adorno no debería estar tan mal. Es sólo una mayúscula de diferencia con los libros de Adorno. Simpática la nota, aunque con un cierto tufillo a “con la cultura no se jode”. Aparentemente es esta una época de camuflaje, no de Biblia y calefón, ni de pizza con champán, sino de todos somos indie, todos usamos vintage y andá a enterarte quién es quién revisándoles los libros de la biblioteca.


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