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Fargo, NY

1 09 2004 - 08:55

Digo que entro al Madison Square Garden, empiezo a acomodar mi cabeza a la sensación, con esa excitación que siempre produce entrar a un estadio lleno. Mientras Bernardo y Martín buscan nuestras butacas alguien habla en el proscenio. No sabemos quién es a primera vista (ni después). Atravesamos vericuetos de seguridad varios para llegar a nuestros asientos de Tower A Gate 60 Sec 102 Row F Seat 11. Gente entusiasmada por todos lados, y el poco de nuestras cabezas que se conecta con el orador justo cuando refiere a los logros de la Leave No Child Behind: “Y este Presidente que ha aumentado el gasto en educación… y ha incrementado la inversión para la educación sexual en niños y adolescentes, llevando a 65 millones de dólares los fondos destinados a promover la abstinencia.”

Ovación.

Sólo una ignorancia militante, deliberada y consistente a toda prueba puede ser la base de quienes siguen suponiendo que los partidos Demócrata y Republicano son lo mismo, que la suerte de este país y del mundo está mas allá del enfrentamiento político y cultural más radical e irreconciliable de las sociedades modernas de occidente.

Lo de la convención no se puede creer. Los republicanos representan practicamente todo —todo— aquello que nosotros detestamos desde la estética, la ética y el mero sentido común acumulado en nuestras vidas. Pero peor aun, por si nuestro voluntarismo pretende hacerlos aparecer como un problema menor que no nos impedirá llevarnos somehow de la mano con Dios o con el Diablo: en el mundo de estos tipos no hay lugar para gente como nosotros. Y no hay lugar es una figura pero tambien una representación territorial y material: estos tipos se imaginan el mundo sin la existencia física de nosotros, ni las secreciones de dicha existencia (OK, ¿quiénes somos “nosotros”? Supongo que una cosa inestable y maleable al tiempo y las circunstancias, pero que, definidos by default, podriamos definir como “el extranjero”, incluyendo en esa categoría a por lo menos la mitad de este mismo país: el extranjero es lo extraño, y por tanto lo que no va a ser decodificado sino puesto mas allá de la frontera de mi propia existencia, una mirada medieval del mundo).

“There is no world without Verona walls but purgatory, torture, hell itself. Hence banished is banished from the world. And world’s exile is death.”

Y menos mal que la de ayer y anteayer eran las noches moderadas, destinadas a cautivar al público indeciso y demócrata al que, presuntamente, llegan major las figuras de Rudolph “Rucucu” Giuliani y Conan el Bastardo.

La mayor ovación de la noche llego en medio del discurso de Arnold (no me voy a tomar el trabajo de escribir y corregir todo ese apellido). “If you believe this country, not the United Nations, is the best hope of democracy in the world, then you are a Republican!.” Ademas de aterrorizante, ver el fervor descontrolado de la gente era sorprendente, porque uno no se imagina que la UN genere tanta pasión. No sé, quizás las críticas a Kerry, a Iraq, las referencias a Bin Laden, a Clinton, a los demócratas, a la masturbación, cualquier cosa, pero la UN como el principal enemigo? Ni siquiera los más pesimistas lo imaginábamos.

Eso fue solo el dedo, diría mi amigo Alberto Dearriba, porque el Segundo nivel de aplausos se lo llevó su reivindicación de Nixon.

In 1968 I heard Humphrey saying things that sounded like socialism, which is what I had just left. But then I heard Nixon speak. He was talking about free enterprise, getting government off your back, lowering taxes and strengthening the military. Listening to Nixon speak sounded more like a breath of fresh air. I said to my friend, “What party is he?” My friend said, “He’s a Republican.” I said: “Then I am a Republican”

Recordemos que era la noche moderada.

A mi izquierda, sentada una señora delegada alterna del Estado de Arkansas. Un amor. Fabrica componentes de todo tipo para la pesca con mosca. “Exportamos a Buenos Aires, también. Allá se pesca” me dice cuando se entera de mi origen. Le pregunto por Clinton. Me dice que es hypocritical. Le pregunto por qué. Sus asuntos con mujeres. “You cannot touch the Bible the same evening you’ve been with Monica Lewinsky”. La señora me dice que en Arkansas todos lo conocen desde siempre como un gran mentiroso. “Al fin y al cabo el problema de este pais fue siempre la prensa”.

—...

—La prensa le hizo creer a todo el pais que todo lo que decíamos de él era mentira. Y resulto ser verdad, obviamente. Nos hubiéramos ahorrado ocho años.

—Y la gestion de él en Arkansas, fue tan mala?

—¡Oh, si! Muy mala. Clinton fue el gobernador que menos ayudó al campo en toda la historia del Estado de Arkansas… sus mentiras, las cosas con las mujeres, con prostitutas… It was a nightmare.

Viva Clinton. A mi derecha esta mi amigo Bernardo. Y a su lado un tipo que no parece de este mundo. De nuestro mundo. Tiene su credencial que lo habilita al Governor Cloakroom, uno de los tantos lugares premium que tiene esta convención, a diferencia de la Demócrata. Esta con su mujer. Tiene los dientes todos derechos y arreglados, se ríe y grita con modales de alguien de plata de clase media, no un nuevo rico definitivamente, pero terriblemente vulgar al mismo tiempo. Está en los 50. Tiene saco y corbata y el pelo muy arreglado. Aplaude cada pedo que se tira Arnold. Después de un rato se da cuenta de que nosotros no nos levantamos, ni aplaudimos. Y que hace cinco minutos que nos cagamos de risa. Básicamente, que no damos el physique du rol.

—Ya guys don’t…. (hace un gesto como intentando levantarnos de las butacas)... cheer, anything?

Digo algo vago como que no somos de este país y estamos de visitantes. Al tipo medio lo desconcierta pero no le gusta. Tampoco se lo dije de la mejor manera. En cualquier caso se ve que el tipo no se olvidó del tema porque a los tres minutos, out of the blue, nos dice: “You know there is a saying here: When you go to Rome you do what the Romans do”.

—We don’t.

—Uh, OK.

De todos modos, después de unos minutos, sin poder identificar, afortunadamente, el claro foco de su disgusto, dice: “Anyway, you’re welcome to the United States of America”.

Oh, America the beautiful.

Poco antes de que empiece Arnold llega el mismísimo Dick Cheney, se sienta ahí, a unos siete u ocho metros. Y Rudolph Giuliani a su lado. No podemos dejar de preguntarnos cómo puede ser que estemos a esa distancia de Cheney, de ese tipo que está decidiendo literalmente la suerte de este planeta y que es una suerte de mierda, y que algo se podria hacer contra eso, que uno no deberia quedarse ahi de brazos cruzados. Finalmente, nos limitamos a mirarlo con asombro y perplejidad. El confort puede más que la responsabilidad histórica. Eso, y los 14 custodios del tamaño de un armario.

En los pasillos del Madison también hay una gente increíble. Esos chicos que parecen sacados de una película. Es gente básicamente hecha mierda, salidos de algun mundo medieval con caras de brainwashed since generations past. Es imposible no tener una mirada normativa de ellos (en general es imposible no tener ganas de matarlos). Parece más que nunca un ellos y nosotros. Un inmenso dispositivo policíaco militar, apoyado por una poderosa campaña política para aterrorizar a la población, ha sido el marco para contenerlos en estos días en la ciudad. El efecto es de alguna manera el contrario: Barcos, helicópteros y miles de policías, y sin embargo son claramente ellos los atrapados, sitiados, atemorizados de lo que pasa unas cuadras mas allá, saliendo en micros especiales rodeados de patrulleros y motos por la noche, caminando por las calles de midtown con miradas de vacas muertas durante el día. Martín dice que no podria ser antropólogo, que tamaña fauna lo tienta mucho más a provocarlos que a diseccionarlos ao vivo.

Queda mucho por decir, en otro momento. Arnold es de temer: un discurso articuladito y una oratoria ad-hoc. Construye una narrativa infantilizada de este país, una mirada reassuring para aquellos que busquen una huida de cualquier incertidumbre. Lo obvio, su narrativa política no es distinta a la de sus películas. Pero es más que eso. Arnold lleva al paroxismo la retórica de la historia. El hilo que va desde el principio de este país hasta su elección es un camino de sacrificio y triunfo y no podría ser de otra manera. Su acento extranjero infantiliza aun mas la presentación, justo a tono con lo que esta diciendo.


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