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Four More Years?

1 09 2004 - 06:31

“For a healthier and freer America… vote George W. Bush!”. Esa es la primera conclusión que escuchamos al sentarnos en el Madison Square Garden el martes por la noche. El tipo que habla es algún republicano inidentificable; el mismo traje, la misma sonrisa, el mismo peinado, el mismo brillo en los zapatos, las misma sarta de imbecilidades en sus labios. Cuesta prestar atención, es todo una monotonía intensa y asfixiante pero a la vez licuada, diluída varias veces antes de llegar hasta nosotros. El tipo habla de los logros de Dubya en salud, millones de dolares para acá, millones de dolares para allá, millones ‘Fighting AIDS with a strong abstinence program’. Trato de tomar conciencia de lo que el tipo dice y necesito algun tipo de confirmación para lo cual miro a los chicos. Inútil. Martín esta fascinado sacando fotos y Ernesto abstraído tratando de imaginar las cosas que estará decidiendo Dick Cheney mientras se sienta a escasos diez metros de nuestro lugar.

Giuliani y su mujer se sientan con los Cheney, cinco o seis filas adelante. Una pared de guardaespaldas se instala en el medio. Cuánta tela en armar esos trajes. Todo es gigante. Uno siempre cree que en este país todo es enorme, ¡pero es mucho más grande cuando es republicano! Los tipos son tan altos, las mujeres con sus vestidos de colores chillones, miles de camaras, video y fotos, Al Jazeera en su box ahi arriba, entre Bloomberg y Fox, panzas que caen escondiendo los cinturones, superpancho por cuatro dolares y medio. Todo mezclado, todo espantoso.

Horas y horas dedicadas a sus peinados. Todas las cabezas están húmedas, pegajosas. Debe ser tratamiento completo que se hacen en la cabeza, como una aislación del mundo. Los trajes nunca se les arrugan y nadie tiene caspa. Los chicos tambien, ya van aprendiendo desde temprano. Nosotros tres sobresalimos desde el primer momento con nuestros pelos desordenados y barbas semicrecidas. Yo traté de ‘blend-in’ cuando Ernesto me dijo que tenia entradas y me fui a comprar un camisa para no ir en mi remera blanca con agujeritos en la espalda. Gasté siete dolares en la camisa. Evidentemente no fue suficiente. Antes de llegar hasta nuestros asientos paran a Martín tres veces para chequear si no es un pendejo que le hizo algo a un cana, cuya foto tienen todos los organizadores en la mano.

El tipo de adelante es increíble. No parece humano, el tostado que le pone la piel naranja, el empastamiento en el pelo. Es tan grande que apenas en el asiento. Me asomo un poquito y le pido a Ernesto que me saque una foto cerca de ese ser semi-humano. Llegado un momento estamos convencidos de que nos van a echar al carajo.

No puede ser que todos sean tan iguales. El proceso de membrana plateada y alquitran en sus cabezas se extiende a las manzanas cercanas al Garden. Nadie que no sea republicano se puede acercar, pero ellos tampoco pueden salir. O no quieren. No quieren ver a los newyorkers, a los ‘girlie-men’, porque son bichos rarisimos, tan raros como la gente del resto del mundo. Pero ellos no quieren al resto del mundo, como bien dice Arnold en su discurso: ‘If you think the U.S. is a better hope for democracy than the U.N., then you are a Republican!’.

También hay lisiados. Tipos que quedaron paraliticos en alguna guerra, bien orgullosos de subirse al escenario respirando por un tubo, comiendo por otro y cagando por otro, todo al mismo tiempo, y agradeciéndole a los Estados Unidos por todo. ¿Qué le agradecen!? 1984. Todos Winstons agradeciéndole al Big Brother por todos estos tubos después de pasar por el Room 101.

Todo dice: no queremos escuchar, no queremos ver, somos los mejores, la economía se recupera, la guerra se justifica, esta guerra se gana, la que viene también, mi papá es policia, China no existe, los rusos se cayeron por nosotros, por Nixon, por Reagan, por Dick, por las mellizas. Todo es muy organizado, muy profesional, pero nada tiene fundamento. Los discursos llegan a las conclusiones mas disparatadas. Arnold dice que el sueño de todo inmigrante es hablar del Presidente.

El tipo de al lado pregunta por qué no aplaudimos. Yo ni me animo a contestarle. Ernesto le dice algo y la embarra. El tipo mira a su esposa y le dice, “These guys are funny. They say they don’t cheer because they are foreigners”. Despues me mira y sacude la cabeza desaprobando. Pero parece que Arnold lo hace recapacitar, vuelve a mostrarme todos sus dientes con su sonrisa amarillenta y me dice “Welcome to America!”.


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