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"Most of them", said the VP

1 07 2005 - 07:40

Por suerte nos enseñaron a leer porque sino nos perderíamos de tomar la leche en la cama leyendo “Carter y Scioli: una charla sobre la crisis boliviana” .

Oh, sí. Bolivia, la especialidad de Daniel Scioli. Carter escuchó y dijo tantas boludeces ya en su vida que qué le iban a resultar algunas más ayer a la tarde. Estas charlitas con tipos que vienen a sacarse la foto las aprovecha para comer su pastelito de maní acompañado y no solo, como casi siempre echado en la mecedora mirando la tele y con la amenaza seductora de Rosalyn en bata, paseándosele cerca.

Y son cuarenta minutos y, además, les saca un cheque seguro. Bah, si es VP, no. Pero a los otros chantas del mundo irreal sudamericano seguro.

La piba de Clarín que enganchó el viaje, una santa, puso como corresponde todo el empeño del mundo en hacerse la sota. Y en hacerlos quedar bárbaros a los dos. Carter, que sigue robando con los human rights y Scioli, con su táctica dickmorrisiana de la campaña permanente donde las fotos y el gesto encubren para siempre la carencia absoluta de ideas. La periodista transcribe lo que se dijo en la cita y lo hace, incluso, hablar en inglés a Daniel en el texto de la nota: “Most of them”, le respondió el vice a Jimmy. Eso es un tipo completo: Tiene inglés.

Aunque a principio del gobierno de Néstor, a Scioli le tiraron las torres encima tras haberse insubordinado y mostrar que estaba listo para el reemplazo, el ex electrodoméstico se recuperó y no hay semana que no te organice un showcito en el senado o un viajecito a enterrar un papa. Es un tipo bárbaro pero en el sentido de los romanos.

Yo pienso de que el capitán de un barco se desliza por el mar, navega ¿no? ¿Surca blandamente? ¿Será así? Se aprovecha el viento y se avanza. Pienso como habrán pensado los fenicios en sus barquitos. Si hacés política así, juro por Dios, que parecer más o menos ignorante, con otro político o con quien sea, te chupa un huevo. Ahora, si hacés política como si escribieras un ensayo te cagás la salud mental. Te pasan a preocupar los detalles, la verdad, los cómo, los qué, los por qué, tus contemporáneos y la posteridad. Pero solito, arriba de la jangada, importa uno y nadie más. Y yo estoy seguro que en alguno de los reportajes que dio como motonauta, Daniel se habrá manifestado respecto a la soledad del navegante. Habrá que leer los archivos. Dentro de poco, si todo le sale como espera podrá hablar de la soledad del poder. Y ya. What the hell!

La cosa es que Carter le preguntó a Daniel si los milicos del proceso estaban muertos y nuestro vp le dijo “most of them”. En las notas nunca te ponen los dialoguitos completos, lo que es una verdadera pena. Porque nos preguntamos hoy y después de semejante pregunta pelotuda y su respuesta breve cuál sigue. “¿Nicho o tierra?”.

Mirá si Scioli le hubiera dicho: “¿Qué mierda te importa yanqui?” O, “No te devolvieron los rehenes, gil”.

Pero no, Daniel no te rompe un protocolo ni de casualidad. En realidad debe haber hecho lo posible por mostrarse condenador de los generales de los tiempos en que él aceleraba. Ay, esa vidas simulando. ¡Qué laburo! Pero solo en la jangada, ¡qué importa! Que importa nada. ¡Qué mierda importa!

Y encima éste, que viaja acompañado de una modelo de 38 years old, que se mantiene refuerte y contribuye a que se hable de cualquier cosa. ¿Para que sirve casarse con una modelo? Entre otras cosas, para que tu mina caliente a los tipos a los que querés sacarles algo. Y el manicero, viejo, cansado, con Rosalyn en bata, es what the hell, un hombre, most of him.

Pasearon Jim and Danny por el campito de Plains en Georgia y con total violation de lo que es the truth of the life, el Clarín le regala this morning el título de “preocupados por Bolivia”. Como decíamos, una de las especialidades de Daniel es la política sudamericana. “Un grosso Mandela”, dice siempre Scioli en su casa del Abasto cuando recibe gente de color. Y después los pasea por el living comedor museo que tiene en el primer piso, un salón de ciento cincuenta metros cuadrados con tantas pelotudeces colgadas, fotos, banderines, timones, timoneles embalsamados, caracoles, estrellas de mar, que si no hay nada de qué hablar, por lo menos uno ve un cacho de la historia grande del off shore, postales que, sin duda, aparecerán el día que te toque también a ti lector, o también a ti, Tito, ver el túnel blanco.

Las paredes recubiertas son para Scioli lo mismo que para un tipo de compras de Wal Mart las conversational ties, esas corbatas con motivos pop de “los tres chiflados”, “los Simpsons” o “los Teletubbies” que sirven para romper el hielo y empezar una reunión de negocios. “Do you like teletubbies?” “ye, ye”, dice el otro con la voz eléctrica de esos monguis. “Bueno, ¿cuánto por quinientos mil tarugos de ocho?”.

De Daniel es de esos tipos de los que se dice “no es ningún boludo” y que siempre resulta un elogio. El mayor mérito de no ser ningún boludo es parecerlo sin serlo. Eso los hace geniales.

Muchos sabemos la verdad. De todos modos.

Daniel y Karina, que no es ninguna boluda tampoco, tienen un problema para decorar ese living porque si quisieran imponer el minimalismo y “despojar”, “pintar en color arena”, colocar tatamis, obligaría automáticamente al VP a generar emociones con el lenguaje, componer paisajes, recordar con detalles. Sería mucho más duro.

Las paredes decoradas de Daniel nos recuerdan esta tarde de junio las paredes hiperdecoradas de tres lugares distintos. El obrero de La Boca donde el dueño se acomoda una lechuguita en la oreja cuando lava los platos, El Cuartito, la pizzería de Talcahuano y Marcelo T. donde están todos los afiches de boxeadores y un tercer comedor, el Guido’s bar de República de la India y Gutiérrez frente a la jaula de la jirafa.

El dueño de las paredes de El Obrero con fotitos de jugadores, de Carlitos Bello, obrerea lavando y dice en las paredes lo que le da identidad. “Soy poco, soy esa lechuga en mi oreja. Cierro los domingos porque vamos a la cancha”. El de El cuartito es uno de los tipos más malhumoradas que dio la inmigración europea en Argentina. Pero entre todos los grandes afiches del Madison Square Garden tiene algunas fotos suyas sonriendo con boxeadores nuestros en las paredes. Es un hombre de las mejores noches del Luna. De toda la época previa a la derrota de Huguito Pastor Corro en Italia con Vito Antuofermo, esa tarde que escuchábamos la pelea dentro de un auto en San Isidro esperando a madre. Ese hombre, con tanta pizza, tanto odio acumulado y tanto box es un hombre auténtico. El tercero es que el peor nos cae. El tano o falso tano del Guido’s bar tiene tapizadas las paredes de futbol, psicoanálisis y cine y el baño de varones es como un museo del pito, repleto de cuadritos que enseñan las mil y una posibilidades del pene. El tipo no está en la caja rumiando ni lavando. Está por las mesas vendiendo simpatía y después te cobra por la cara. Y te niega el queso rallado porque se le antoja que le quita sabores a los fideos Matarazzo que te hizo. Bueh, los sicólogos de la zona están engrupidos con él. Le hacen el jueguito de la amistad, del ratito que pasan por ahí.

Pero no tiene que mucho que ver con Danny. Ya nos encargaremos de este tano del Guido’s.

Decíamos que menos mal que aprendimos a leer, y a veces también ¡qué cagada! porque te podés enfermar con lo que escriben.

Dice la piba del Clarín: “Cuando la delegación argentina ingresó a su casa, rodeada de frondosos árboles que suman más de 50 años, Carter salió a recibirla, solo, en manga corta de remera celeste, lustradísimos mocasines negros y pantalón claro sport. Canoso, sonriente, extendió su mano. “Es un placer tenerlos en casa”, disparó, político, distendido, conocedor de su exitoso rol como ex presidente de los EE.UU., titular de la Fundación Carter y del Programa de las Américas.”

Pero, ¿por qué los árboles son frondosos?

¿Y por qué “disparar” para una frase de bienvenida tan boba como “es un placer tenerlos en casa”? ¿Disparó?, ¿disparó? ¿Por qué disparan tanto en Clarín?

Si “los arboles suman más de cincuenta años”, se supone que hay cincuenta árboles de un año o dos de veinticinco o cien de seis meses. ¡¡Pero entonces no son frondosos un carajo!!


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