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Chacho en el bar

19 07 2005 - 08:39

Entonces, hoy a la mañana, un día cualquiera con diarios de cualquier día, alguien vio esta foto, que supuestamente ilustra esta nota de Página de hoy acerca de los últimos comentarios de Chacho Alvarez sobre todos los candidatos imaginables a algo. Sobre Cristina Kirchner, sobre Rafael Bielsa, sobre Eduardo Duhalde. El tiempo que Alvarez le dedica a su condición de opinador, aparentemente, está en relación inversamente proporcional a la densidad de sus opiniones. Entonces alguien pide que le expliquen esto. Y Brener, por suerte, lo explica, o se lo explica a sí mismo jugando un poco con esa imagen:

“La foto es bastante clara y tiene elementos alegóricos y – por qué no – algo de esoterismo. Sin entrar en modo Sarlo: hay un exterior y un interior, donde está representada básicamente la inclusión y la exclusión.

En el exterior, un descamisado new age (nótese el símbolo del yin y el yang en la remera) permanece fuera de foco como todo excluido, lo cual simboliza la pérdida de rasgos de humanidad o deshumanización. Eso no le impide manifestar cierta alegría de vivir, la pujanza de quien no tiene posibilidades de reflexión, ni mayor preocupación que el futuro más inmediato. Su poder de socialización instantánea le permite aún hacer comentarios con el bicho canasto gigante que tiene atrás y así establecer vínculos solidarios insólitos, pero claro que no habla de todos estos menesteres, sino de asuntos más básicos, bromeando que al coso que está dentro del bar se le va a enfriar el café de tanto pensar.

Por otro lado, la nitidez visual del interior del bar contrasta con la opacidad del aburrimiento de la reflexión más literal, aquella que no sale de sí misma y vuelve una y otra vez al principio. La inclusión vista en forma paradojal: Chacho es el incluido en lo formal, pero su aislación es notoria y en los hechos es un excluido virtual, un paria que precisa bufanda en un ambiente cálido. La parte alegórica pareciera sugerir que quizá sea preferible ser excluido a ser incluido en estas condiciones. En un contexto que está lleno de detalles y claves ocultas para buscar, a la manera de los cuadros del Bosco, por detrás asoma la cabeza de Cavallo. El sentido es claro: Varela Varelita es resignificado como un purgatorio de cuadros descastados que están condenados a tomar cortado en jarrito y leer el diario hasta el fin de sus días o hasta que la gracia divina los saque de ahí.

Precisamente, al poner sobre la mesa un tema como la posible salida del purgatorio, aparecen los conjuros y la magia: si antaño era el brujo el personaje clave que encontraba los significados en las sociedades primitivas, hoy ese lugar estaría ocupado por el analista político: ¿Qué está haciendo Chacho Alvarez en la foto? ¿Está sacando un cigarrillo? ¿Está manipulando un iPod? ¿Está revolviendo un cortado? (nótese el paralelismo y las reminiscencias del antiguo caldero de los brujos tribales) La ambigüedad juega en el sentido de la magia y las invocaciones: “Yo acá, modestamente, estoy manipulando mis instrumentos de poder trascendente, porque si la vieja política intentaba resolver contradicciones en el plano del materialismo dialéctico, la nueva política se remite a un sentido mítico, antropológico, y su códice es el hipertexto.”

El desmenuzamiento de esa foto es demoledor, y sólo se explica por el contexto. Esto es, por la forma en que Alvarez y sus circunstancias son percibidas en la actualidad, antes y después de la foto. Alguien agrega: “Es como La Caída, el intento de humanizar a un hombre muy malo.”

Ya listo para el microondas, el Alvarez degradado por la foto y los años y las tres verdades de Brener pasa ahora por el tamiz de Puricelli, que lee todo lo anterior, recuerda más de una década dedicada a que gente como Alvarez llegue a donde llegó para terminar haciendo lo que hizo, y agrega:

“¿Cómo es que de invitado estimulante y agudo a programas de TV, Chacho pasó a comentarista insípido, que no desentona en el universo de Plantas & Escritorios donde circula su programita de cable? ¿Qué pasó con la osadía de Chacho?

No olvidemos (se le escapó a Brener) que la metáfora del Chacho que no puede volver al punto de partida se expresa también en que ni siquiera volvió a parar en Varela-Varelita, sino en Oporto, el enésimo café-pizza sin personalidad (escenografía P&E, again) en la vereda de enfrente, que es dode está sacada la foto.

La falta de densidad conceptual del Chacho actual hace imposible anticipar qué impronta (si alguna) le daría a la política exterior. La mirada perdida de Chacho en la foto es también elocuente…

Y qué decir del evento anticipatorio que es verlo tomándose un yogurcito, como en la gloriosa época de Adalberto y su yogur (gran primer y segundo candidatos para la próxima lista del ARI)...”

Chacho Alvarez. Creador del Grupo de los 8, el Fredejuso, Frejuso, Frente Grande, Frepaso, Alianza, ex vicepresidente de la Nación, salió hoy en una nota de Página/12.


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