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Embriones Desechados

30 07 2005 - 01:35

No me sale volar
Mi hijo, poniéndose un atril extendido
sobre la espalda y agitándolo
como si fueran alas

Quiero tener alas
Él mismo, dos segundos más tarde

En la filial Buenos Aires de la redacción de tp se toca el tema de la paternidad. Con la firme convicción de que es un issue que debe ser tratado en profundidad, salgo pensando de casa de Schmidt y paso por la puerta de un Cyber repleto de teenagers: es la nueva modalidad de festejos de cumpleaños adolescentes que ya está empezando a hacer furor en algunos barrios porteños, particularmente Balvanera al borde de Recoleta. Entonces se me ocurre: si se festejan cumpleaños en cybers, ¿por qué no se pueden festejar, por ejemplo, en la clínica del Dr. Pasqualini?

El tema es el siguiente: se viene planteando con insistencia una cuestión judicial con respecto a los embriones congelados. Que si son personas o no. Aparentemente no hay derecho a suponer que no sean personas, y si son personas entonces la cuestión es sencilla: alguien se tiene que hacer cargo de ellos, puesto que los padres los han abandonado ahí y son menores de edad. De acuerdo a la jurisprudencia que se intenta impulsar, pareciera ser que la vorágine de la sociedad de consumo ha llegado al extremo de dejar a los chicos en guarderías no sólo antes de que nazcan, sino de que sean gestados.

El primer libro delirante que llegó a mis manos, cuando era chico, fue Yo también fui un espermatozoide. Lo recuerdo sin una referencia precisa a su contenido: es el título el que quedó fijo ahí como algo inobjetable y con todo el peso de lo microscópico que inexplicablemente se transforma en algo de las dimensiones de, por ejemplo, Dalmiro Sáenz. Para ese momento, creo que mi idea de la concepción humana era todo lo laica que la época de principios de los ’70 exigía, balanceando en partes iguales muy poca cantidad de misterio y muy poca cantidad de erotismo, con una explicación que fuera todo lo fisiológica que pudiera comprender un nene: que las células que se juntan dentro de la panza de mamá y de cómo todo el proceso se desarrolla hasta el parto. Nuestros viejos estaban convencidos de que nos decían la verdad y que eso era mejor que cualquier cuento de repollos o cigüeñas, pero admitamos que todo seguía siendo muy oscuro.

Retomando entonces el tema de los chicos ya no por nacer, sino por gestarse, resulta que el abogado Ricardo Rabinovich-Berkman, que también es profesor universitario ha iniciado acciones legales desde hace muchos años para hacerse cargo de la tenencia de los embriones. Digo tenencia y ya me pongo a estudiar el término: temo entrar en jerga técnica y por lo tanto, inapropiada según alguna doctrina contrapuesta a alguna otra doctrina. El título utilizado en el proceso es el de “tutor especial”: Rabi dice que esos niños requieren de un tutor especial y entonces el juez lo nombra a él tutor especial. Uno empieza a preguntarse cuáles serán las atribuciones del tutor especial, si tendrá el derecho o el deber de sacarlos a pasear de vez en cuando, regalarles ropa o festejarles los cumpleaños y es ahí entonces que surge la idea de las fiestas de cumpleaños en la clínica Halitus del Dr Pasqualini.

El doctor Pasqualini es el capo capo de la fertilización asistida, al menos en Buenos Aires, lo cual no es decir poco. Todos los que tenemos alrededor de cuarenta hemos experimentado algunas diferencias con respecto a la paternidad de acuerdo a aquello que teníamos previamente establecido o inculcado. Una de las cuestiones es que los de nuestra generación tenemos, tuvimos y/o tendremos hijos a una edad en promedio mayor a la de nuestros padres. Otra es que, también en promedio, a todos nos cuesta más concebir hijos que a nuestros padres. Los motivos por los cuales sucede esto quizá den para un volumen completo pero, en resumen, apuesto a que cualquiera de nuestra generación, si no ha tenido experiencia con tratamientos de fertilidad, le ha pasado raspando o tiene a alguien muy cercano que sí la tuvo. Quien la haya tenido puede dar testimonio del stress que significa para las (dos) personas que integran una pareja –y que tienen ansiedad por tener hijos sin poder lograrlo– el hecho de hacer un tratamiento médico (incluyendo intervenciones quirúrgicas de extracción, de inoculación y más) para un cometido que debería ser tan natural. Sucede que si uno se lo pone a pensar, significa que hay muchas cosas en nuestra relación con la naturaleza y los ciclos vitales que están alteradísimas. Pasar de esto a la desigualdad social, la sociedad de hiperconsumo y la lucha por la subsistencia es algo tan inmediato que apenas lo voy a mencionar.

Estamos alienados. Yo lo estoy sin tener ningún embrión congelado en guarda en la clínica del Dr Pasqualini, así que me imagino cómo han de estarlo aquellos que sí los tienen. A esta gente ya le vendieron la cuestión del congelamiento, que sería algo así como un plazo fijo de hijos por tener, o bien una especie de seguro que se suma a los diversos planes que una pareja puede contratar: los folletos del Banco Francés promoviendo un plan de frizado de embriones podrían decir: “Imaginate Todo Lo Que Harás Con Ellos”, mostrando una foto del padre alzando a su niña por la cintura, pero ocurre que la niña es aún un embrión, o un preembrión. Si mal no recuerdo –porque también visité médicos especialistas en fertilidad–, los números dicen que con estos embriones y el método ICSI, se arriba a un 25-30% de probabilidades de lograr un embarazo (sin tener en cuenta que éste llegue a término): bastante menos que apostar a cara o ceca, pero además poniendo en evidencia la locura de aplicar el cálculo de probabilidades a la concepción y a la maternidad o paternidad.

Volviendo a la justicia, apareció un experto (sic) llamado Roberto Edgardo Nicholson. El Clarín lo nombra así: “experto”. Nicholson dice:

“La Justicia desconfía de la capacidad de los médicos para hacer un trabajo responsable. Además, la identidad de los pacientes debe ser preservada. Necesitamos, en cambio, una buena ley del Congreso”

¿Cadáver exquisito o Clarín puro? ¿Lo dice a favor o en contra? ¿De quiénes? ¿Quién es y a qué se dedica Roberto Edgardo Nicholson?

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Rabinovich-Berkman se manifiesta en contra de la criopreservación. Al mismo tiempo, se propone como –y la justicia le otorga el titulo de– tutor de embriones criopreservados. Sin pensarlo demasiado, da la sensación de algo guardado en las peores manos: las de aquél que está en contra de aquello que le es dado resguardar. Nuevamente, la justicia que encarna Rabi (y el juez que le otorga la tutoría) apela a la figura de personas encarnadas en estos embriones, con lo que uno puede fantasear imaginándose a Rabi teniendo algún tipo de vínculo humano con ellos. Tengo entendido que los abogados ven a los individuos como parte del todo de la sociedad, con sus condicionantes y circunstancias particulares, elementos que les permiten por ejemplo defender a criminales sin sentir que estén cometiendo una inmoralidad porque los juzgados por delitos son personas con una historia que ha influido en los actos que cometieron y la sociedad en su conjunto es responsable y muchas cosas más a las cuales todas las personas sensatas suscribimos en mayor o menor medida.

[Rabinovich-Berkman se propone como una especie de jurisconsulto de los avances cientifico-biológicos, ya que marca tendencias también en las cuestiones referentes a donaciones de órganos. Coautor de la ley de transplantes, en un reportaje se muestra al mismo tiempo partidario de que se impida a las personas manifestar su negativa a donar órganos en forma explícita en el documento y opuesto a la compulsión de exigir donaciones, pero todo en un ámbito en el cual el ideal está dado por la mayor cantidad posible de órganos donados.

Las referencias a un catolicismo enfervorizado dan la sensacion de fundamentalismo. Al entrar a su sitio se oye Vivaldi en un organito bastante siniestro. La referencia no es Transilvania sino más bien alguna orden católica modernista, electrónica, cientificista y por consiguiente con muchas reminiscencias de iglesias evangelistas.

La cuestión de la compulsión hacia la donación de órganos a mí no me cae bien. No sé por qué, pero a este tipo de inquisitoria sobre si uno quiere donarlos o no la relaciono inmediatamente con los de Luchemos por la Vida, que aprovechan cuanto espacio oficial les sea propicio para amedrentar a la población con campañas de concientización pioneras en esa moda perversa de mostrar accidentes con toda la sangre, con todos los gritos, con todos los desgarros como si se tratara de simples documentales, algo así como una “campaña de concientización Naranja Mecánica”. Aquí se mezclan cierto positivismo cientificista con el fundamentalismo religioso más acérrimo. ]

¿Qué se puede hacer con los embriones o preembriones abandonados por sus padres? Un servicio gratuito para el departamento de marketing de la clínica del Dr Pasqualini: criopreservación en los mismos hogares de las criaturas (el juego de palabras podría indicar que es una preservación de críos). Si la tendencia más progre son los partos en casa, ¿por qué no ir más allá?. Las ventajas son innumerables: no se pierde el vínculo familiar por tanto tiempo, los embriones van adaptándose al que será su hábitat y en ese caso no podría argüirse que los chicos necesitasen un tutor o encargado. Si hubieran dudas podría incluso crearse un cuerpo de asistentes sociales (con nuevos programas de capacitación para adaptarse a esta modalidad, por supuesto) para supervisar el desempeño de los padres con sus prepichones. Sospecho que la legislación no debe darles aún el título de padres puesto que no han concebido siquiera, pero en ese caso podría existir la figura de “adoptantes provisionales” o “prepadres”. El doctor Rabinovich-Berkman podrá argumentar que en realidad lo cuestionable es tener a los embriones ahí esperando, pero hay sinnúmero de atenuantes a esta circunstancia cuando el núcleo familiar está conformado (y supervisado) de manera férrea. De la misma manera que con la normativa para la adopción, se podrían realizar informes ambientales que constaten los medios de vida de dicha familia (son condiciones favorables en general para la adopción el tener buenos medios de subsistencia) y sin duda que no habrán de faltar medios en la casa de las parejas que mantienen embriones criopreservados. El mantenimiento en clínicas cuesta unos $ 300 por año –nos informa el diario– y supongo que por este servicio se cobrarían unos cuantos mangos más.

Hay otro argumento, clásico a favor de la espera: el mundo es un desastre. ¿Quién puede estar tan seguro de que es hoy y no mañana el momento más propicio para traerlos al mundo? Es cierto que, en tanto preembriones constituidos, ya están en el mundo y sufren las consecuencias que esto acarrea. Pero no son las mismas condiciones de vida las que ofrece una técnica de criopreservación, sobre todo en un núcleo familiar bien constituido, que arrojarse al mundo con todos sus inconvenientes y dolores más concretos. Lo más probable es que todo empeore y no al revés, pero el doctor Rabinovich-Berkman es aparentemente un católico militante a ultranza y es razonable suponer que crea en los milagros. ¿Por qué no concederles a los prepadres la posibilidad de creer en el milagro de que las cosas mejorarán en el futuro?

No hay que perder de vista tampoco las derivaciones de la política que pretende aplicar Rabinovich-Berkman, esto es, la donación compulsiva de preembriones congelados pasado determinado tiempo. A esta altura, ¿cuánto estará costando una inseminación ICSI? ¿10, 15 lucas? Seguramente el tipo de cambio es ampliamente favorable en este caso como en tantos otros, y habría que tener en cuenta la posibilidad de que parejas extranjeras vengan a nuestro país a aprovechar estas circunstancias y llevarse nuestros preembriones congelados. ¿Cómo actuar para impedir la venta, o bien los circuitos sobre operaciones con tales embriones, que aunque no formulen explícitamente la palabra “venta” siempre habrán de tener costos ocultos, comisiones por gestión y demás, que en realidad podrían ser ventas encubiertas?

Todavía faltan algunas cuestiones respecto de los embriones. Si no me equivoco (cosa que habría que contrastar con el Dr Pasqualini o quizá con algún otro médico que trabaje en fertilidad y esté menos ocupado que él), cada vez que se realiza efectivamente una implantación se desechan muchos de estos preembriones. Una selección artificial: solamente se conservan los más aptos (de acuerdo al criterio médico, que es el único que puede tener cierta intervención a esa altura). Al criopreservarlos imagino que sucederá lo mismo: no se guardarán todos los preembriones obtenidos sino solamente aquellos considerados aptos, o más aptos. ¿Qué hay con los embriones desechados? ¿Serán pasibles de la defensa del dr. Rabinovich-Berkman? Más aún: dadas las escasas posibilidades de un preembrión de llegar a gestarse y convertirse en, digamos, persona parida; de acuerdo a la lógica que impulsa sus acciones legales, la compulsión a inseminar obligatoriamente embriones criopreservados es las más de las veces empujarlos a una muerte segura. ¿Se debe tratar esto como homicidio o qué? Al tutelar Rabinovich-Berkman tales obligaciones, ¿no se convertiría en cómplice?

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En verdad, me equivoqué. Según La Nación:

Los institutos de fecundación asistida dijeron que por normas éticas y de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva nunca destruyen los embriones ni los usan para investigaciones.

Pero entonces, quienes encaran un tratamiento de inseminación ¿deben estar dispuestos a mantener indefinidamente criopreservados a los preembriones sobrantes? ¿Qué pasa si no quieren? Porque aparentemente los códigos éticos no permiten que se los destruya, pero por otra parte mantenerlos cuesta bastante guita, además del detalle de que por ahí quienes inician uno de esos tratamientos por ahí quieren tener uno o dos, pero no cinco hijos. Según Rabinovich-Berkman, deberían estar obligados a donarlos ¿Cualquier pareja que esté dispuesta a una cosa debe estar necesariamente dispuesta a la otra?

La demanda de Rabinovich-Berkman ¿se basa en algún dato concreto respecto de parejas que requieran la adopción de embriones criopreservados o solamente se basa en hechos hipotéticos? Al sugerir que los mismos debieran ser donados, parece dar por sentado que muchas parejas quisieran someterse a un tratamiento de implantación sin conseguir embriones que implantar, y que además en ese hipotético caso no pudieran conseguir otros donantes que esos, aquellos que criopreservaron sus embriones. Distinto es el campo de la adopción de personas: en esos casos sí hay largas listas de espera para conseguir un crío, y los pasos legales son –lógicamente– complejos. Toda esta confusión proviene del punto de partida falaz al humanizar tendenciosamente a los embriones humanos. Todas las reglas que la doctrina jurídica adopta fijando límites a lo juzgable parecieran omitirse a la hora de defender posiciones reaccionarias.

[Rabinovich-Berkman es un señor de catolicismo militante que puede ponerse a escribir un largo texto para criticar a La Pasión de Cristo de Mel Gibson en estos términos:

Así que, cuando supe que Mel Gibson preparaba un filme sobre las últimas horas de Cristo, me dije “sálvese quien pueda”, y me hice a la idea de que el Señor se hallaba a punto de sufrir una pasión nueva y distinta, ésta no ya contra su cuerpo y su espíritu, sino en desdén de su memoria.

Y cuando leo textos en ese tono me corre un frío de miedo por la espalda.]

Al repasar todo lo aquí expuesto me veo cínico. Eso a pesar de que mucho de lo enunciado no es más que lo mismo que leí en el diario, con el agregado de algunas preguntas que se me ocurrieron. ¿Adónde quiero llegar? ¿A interpelar a Pasqualini? ¿A Rabinovich-Berkman? ¿A las personas que pudieran estar tentadas de criopreservar sus embriones? ¿Qué tengo para proponer? Al adoptar mis visiones más nihilistas, el recuerdo inmediato es Sleeper de Woody Allen, por la doble referencia de vivir congelado y despertar muchos años después, y por la cuestión de vislumbrar un futuro en el cual las personas no cojan sino que hagan uso de orgasmatrones para satisfacerse. Satisfacernos es algo difícil. Mick Jagger, con todo lo que tiene, sigue sin lograrlo (es lo único que le creo). Parecemos deslizarnos por el camino de la potencialidad más que por el de un disfrute concreto. Los nuevos celulares-computadora, que permiten que uno vaya avanzando con su trabajo mientras viaja en el colectivo o va al baño así parecen atestiguarlo, lo mismo que la gran cantidad de canales en la televisión por cable o los restaurantes de tenedor libre.

Intenté comenzar hablando de la paternidad y, siguiendo estas cuestiones que supuestamente deberían ser pertinentes, me alejé cada vez más de algo que realmente tenga que ver, y me pregunto por qué. ¿No estarán todos estos asuntos demasiado viciados de cosas que no tienen relación más que periférica con la paternidad? ¿No serán cuestiones que lejos de acercarnos, nos alejan del tema? Yo tengo la costumbre de ver cosas raras detrás de las humanizaciones que como esta de los preembriones, me resultan sospechosas. Al insistir con su entidad humana en un sentido ya no filosófico ni siquiera teológico sino meramente tendencioso con un revestimiento de preocupación por los intereses de quienes menos pueden manifestar sus intereses, ¿no se estarán escapando cuestiones más esenciales? Algo me hace sospechar que esta instancia es funcional a una delimitación del terreno en una hipotética discusión seria sobre el aborto: los embriones criopreservados estarían varios pasos más allá de aquellos implantados y si se fija jurisprudencia con respecto a los primeros, cuánto menos se podría argumentar con respecto a los segundos. Mi impresión es que no hay que despreciar el uso que de la tecnología hagan los sectores más reaccionarios de la sociedad: muchas veces pareciera que avance tecnológico y fundamentalismo son polos opuestos y resulta paradójico que no sea así.

La virtualidad es un concepto que está inundando todos los aspectos de la vida. En este caso como en tantos otros asistimos a simulaciones en el sentido de estar hablando de padres, hijos, sus relaciones y la intervención de la ciencia, las instituciones y el estado en cuestiones que no tienen una existencia más allá de cierta potencialidad, pero que no obstante parecieran formar sociedades de fantasía donde lo único concreto son las multas con que se amenaza a las clínicas de fertilización.

Los preembriones, podríamos asegurar, son una entelequia. La ciencia estará detrás de ellos pero no dejan de ser una cuestión de fe: desde el lugar de cualquier hijo de vecino se cree o no en su existencia, en su vida, muerte, desecho o uso para fines científicos, pero son todas cuestiones incontrastables excepto para algunos estudiosos y quizá ni siquiera pasibles de un peritaje. Tener preembriones almacenados no es demasiado diferente en lo concreto a tener ilusiones. Y cuando hablo de ilusiones, la mejor referencia es Marlene Dietrich cantando a Hollaender.

Want to buy some illusions?
Slightly used, second hand?
They were lovely illusions,
reaching high, built on sand.

El debate, tal como está planteado, parece ser entre religión (expresada a través de la justicia) y ciencia, es decir, a esta altura del partido, entre dos tipos de religión distintos (aunque una es fundamentalista) ¿En qué nos afecta esto a los simples mortales? Probablemente la estrategia del mayor control se basa en suponer que aquellos que quieran someterse a tratamientos de fertilidad sofisticados sentirán algún reparo particular a raíz de una legislación represiva. Si mis preembriones congelados pueden terminar paridos por cualquier otra, entonces no los congelo. Es una secuencia lógica para un control que ante el sexo intenta coartar la posibilidad de la anticoncepción y ante el embarazo intenta coartar la posibilidad de interrupción. En el caso de una concepción artificialmente controlada, se estaría coartando el margen de decisión como para que no quede más remedio que someterse a Dios, fuente de toda razón y justicia.

En todo este asunto se pretende estar hablando de la paternidad (Rabinovich-Berkman dice “Yo no congelaría a mis hijos”) cuando en realidad se está hablando de otra cosa. Yo prefiero remitirme a Mafalda y citar a Susanita: “A mi me resulta sencillo. Todos los habitantes del mundo son padres o hijos de alguien ¡y eso es todo!”


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