Click here
Más Features

El fin de la vía (8) | El fin de la vía (7) | El fin de la vía (6) | El fin de la vía (5) | El fin de la vía (4) | El fin de la vía (3) | El fin de la vía (2) | El fin de la vía (1) | Néstor Kirchner, la (primera) película | Renuncio | Graciela Bevacqua | Testamento: 4.2 Memoria y Condición Humana |









10 08 2005 - 09:51

No sabemos con quién se encontró el otro día Marcelo Moreno, de Clarín, pero el resultado es una pieza única del periodismo demente. Es un misterio cómo pasó por los filtros que uno asume tiene que tener un diario como ese. ¿Los asquerosos? ¿Qué tipo de categoría es esa? Ni siquiera en el improbable caso de que Moreno esté hablando de alguien a quien todos sus compañeros detestan (qué se yo, ¿Jorge Asís?) tendría sentido, porque los inocentes mortales que lo leen fuera de ese círculo no se enteran; la invectiva termina con una reflexión extraña, de dudoso gusto, sobre la transversalidad de clase de los enemigos de Moreno sin aportar el único dato que le daría sentido: un nombre. ¿A quién odia tanto Moreno? Justificada o no, su reacción aporta a nuestro desayuno un grado más de desconcierto. Ya mismo copy-paste de este párrafo y forward a Moreno, a ver si nos cuenta de quién se trata. Mientras esperamos la respuesta, intentemos develar un misterio menos grato.

El reportaje a José Nun nos sorprende el fin de semana, con la guardia baja y con pocas ganas de discutirle conceptos tan vigentes y apropiados como concientización, democratización de la cultura y, ejem, gorilismo.No hay que confundir autoridad con autoritarismo”, dice Nun, defendiendo no se sabe bien si la autoridad o el autoritarismo o las dos cosas, y uno piensa: mirá si voy a dedicar la mañana del domingo a eso. Libertad o libertinaje. Tengo turno para hacerme una trepanación esta tarde, cuando vuelvo charlamos. El anuncio central de Nun, en la larga entrevista que Página publica partida en tres, tiene que ver con la creación de un canal cultural, que incluya “los sectores más amplios de la sociedad para que desarrollen su propia creatividad”, lo cual por supuesto quiere decir absolutamente nada y por eso uno pasa de largo, a lo sumo lo registra como una anotación al margen para ver luego a qué conduce, qué contenidos aporta esa señal que, con un poco de suerte, se llamará Canal del Bicentenario. No sabiendo nada sobre la programación, habrá que darle el beneficio de la duda.

Pero no se aguantan, eh. A los tres días toda duda se despeja gracias al trabajo conjunto de Página y La Nación; mientras uno publica un panegírico de Telesur firmado por Bruschtein, el otro explica esa contratapa increíble informando que los únicos contenidos confirmados para el canal que promete Nun son, justamente, los de Telesur.

Sobre la señal de Telesur ya comentamos acá lo poco que podemos sin haber visto más que la emisión inaugural que por casualidad nos encontró en Caracas. El equipo de TP Madrid está tratando de orientar la antena de Canal+ para escribir este daily contando con un poco más de elementos, pero por ahora viene fracasando. Por suerte o por desgracia uno puede prescindir por completo de los contenidos de Telesur, incluso imaginárselos portentosos, mágicos e innovadores — el manifiesto de Página es insostenible igual, aunque Telesur consiguiera resucitar a los Monty Python junto con Bolívar. En primer lugar porque no se nos ocurre de dónde sale la evaluación que hace Bruschtein de la televisión que se ve en Argentina:

Siempre tiene razón el Fondo Monetario. Siempre son más lindas las rubias de ojos celestes. Y las demandas lógicas de los países en desarrollo y de los pueblos aparecen siempre caricaturizadas.

Zappings recientes en Buenos Aires y en Caracas no sugieren esto en lo más mínimo. Andá a saber qué canales mira Bruschtein. Pero incluso suponiendo que Canal 13 es un instrumento de dominación del imperialismo, incluso asumiendo que ATC (cuyo tono y contenido, el 9 de julio pasado, cuando lo sintonizamos de casualidad eran indistinguibles de los de la dictadura, salvo por las caras que aparecían en la pantalla) no existe, incluso imaginando que Tinelli, Sofovich y la omnipresencia de travestis sean todos producto de una campaña del FMI y convenciéndonos de que a la gente le gustan las de Bruce Willis porque la colonización cultural es terrible, Telesur sigue sin justificar su existencia. Básicamente porque ni a Dorfman y Mattelart en su peor momento se les habría ocurrido combatir al Pato Donald con sus mismas armas.

Bruschtein se inventa al Pato Donald (que tiene y tendrá una influencia nefasta dentro de los Estados Unidos encarnándose en Fox News y un montón de emprendimientos semejantes) para barrer de un plumazo con la (lamentable) identidad que tiene sin duda la televisión argentina y anunciar la llegada de una identidad nueva, una que de veras nos pertenece, y que se define esencialmente como lo opuesto al Pato Donald.

Es como tener ojos propios, imagen propia.

¿Propia de quién?

Es notable lo mal que le queda a un medio argentino la reproducción mecánica del discurso chavista. No es que suene bien cuando lo dice Chávez, pero qué se yo, hay una cierta megalomanía ahí que desalienta discusiones más racionales. Digamos que el tipo suena temible, y si te anuncia que tu identidad, de ahora en más, es la de Telesur, mejor que asientas y prendas la tele, o huyas antes de que se dé cuenta de que no lo estás haciendo. Ahora, viene Bruschtein a decirte lo mismo y te le tenés que cagar de risa en la cara.

Nada de todo esto tendría demasiada importancia si se tratara simplemente de la contratapa que Página publica un día antes de que llegue Chávez, mire como lo apoyamos, general, comandante, lo que sea. Pero entonces uno vuelve a Nun, a su democratización de la cultura, a su convicción de que “los mismos que condujeron al país a la situación en que se encontraba hasta hace dos años son los que hoy se rasgan las vestiduras hablando del autoritarismo de Kirchner y confundiendo autoritarismo con autoridad.”

Y antes de proceder a rasgarnos las vestiduras en el gesto obsceno que semejante afirmación merece, habrá que aclararle, supongo, que nosotros no condujimos al país a ninguna parte. Y que las dos etiquetas en las cuales él se escuda (si no te gusta lo que hace Nun, o sos “gorila” o sos menemista) no son suficientes. Por ejemplo porque hay quienes sin ser ninguna de las dos cosas dudan seriamente de los objetivos y la performance de un “canal cultural” que encaje en el mapa comunicacional de Bruschtein.


————————————

Del mismo autor:
PS 01
La Educación de Pol Pot
Political Science 3x SOLD OUT
Más vivos que nunca print SOLD OUT
TPP 31 - Las Comunidades Primitivas
El Dream
8. Gracias
TPP 30 - El Circo del Hambre
El Ultimo
Viedma Ayer