Click here
Más Features

El fin de la vía (8) | El fin de la vía (7) | El fin de la vía (6) | El fin de la vía (5) | El fin de la vía (4) | El fin de la vía (3) | El fin de la vía (2) | El fin de la vía (1) | Néstor Kirchner, la (primera) película | Renuncio | Graciela Bevacqua | Testamento: 4.2 Memoria y Condición Humana |









17 08 2005 - 09:03

Parece que sale, nomás, el disco de Fiona Apple. No de la mejor manera posible. Digamos que lo que antes sonaba así se convirtió ahora en esto, porque la gente de Sony sabe lo que hace. Yes. No hay que culpar a Fiona. Con esa dilatada carrera de seis o siete años sobre sus hombros, cualquiera se cansa de hacer canciones de protesta y se vende a Fiorucci.

Fiona nunca entendió el buen CD que le habían hecho otros, o bien Fiona transó, aunque “transar” quiera decir ahora todavía menos de lo que quería decir antes. Fiorucci se volvió a Italia, García perdió cualquier cosa menos fama e hizo cualquier cosa menos ponerse a estudiar. Maradona tiene un programa en la tele y Fabi Cantilo tiene un disco nuevo en la calle. Se llama Inconsciente Colectivo, y es el fin del mundo.

Durante mi período Almost Famous, que fue muy temprano y por eso merece ese nombre, Fabiana Cantilo era nuestra Penny Lane, una ex-groupie omnipresente con la que soñaban todos mis amigos. A mí me gustaba más Isabel de Sebastián, lo cual por supuesto no quería decir nada, porque ninguna de las dos nos hubiera dado pelota en mil años. Ellas tenían backstage passes y nosotros teníamos que ahorrar de nuestra cuota semanal para pagar las entradas. Cuando diez años después me tocaron los backstage passes a mí, Fabiana Cantilo ya era bastante menos hip y además habitaba otro plano de la conciencia, uno que no me jacto de haber evitado pero, volviendo a escuchar lo que se grabó durante esos años, tampoco lamento particularmente haberme perdido.

Inconsciente Colectivo el disco es un recorrido por ya veremos qué Canon del rock local y no incluye, gracias al cielo, un cover de Inconsciente Colectivo el tema, que ya bastante daño nos hizo Mercedes Sosa. De hecho, no hay ningún momento en Inconsciente Colectivo el disco que sea tan doloroso como los aleros de la mente con las chichayas. Ni remotamente. El disco se deja oir, empezando por lo más difícil, El anillo del capitán Beto en modo lounge acústico, con muchas más notas de las que hacen falta pero todas bien puestas, ordenadas, prolijas. Lo peor que podrías decir del cover es que es inofensivo. Y ahí te embalás. Mirá vos, no lo hizo mierda. Tema 2: Yo vivo en una ciudad, del homónimo Cantilo, despojada de su oportunismo (era una de esas canciones que llegaban varios años tarde) y, por lo tanto, notablemente mejorada. Tema 3: Amanece en la ruta de Suéter, que sorprende. La consistencia en el tono, nadie grita, los instrumentos están tocados por personas. La transición al Calamaro más lúmpen (Tema 4) es discreta y para cuando llega el Tema 5, La Gran Bestia Pop en ocurrente versión electrotango (electrotango en el espíritu, porque sigue sin haber máquinas), ya estás cantando en voz alta, que de eso se trataba todo aunque todavía no te hubieras dado cuenta. Hacia el Tema 12 (son 17) te empieza a doler la cabeza, o el estómago. Algo está muy mal. Mal de veras, Videodrome mal. ¿Pero qué es?

La selección, como todas, es opinable. Más mainstream que la que habría hecho uno, tal vez, pero eso no es un pecado. ¿Quién determina el Canon? En este caso, nos enteramos después, los oyentes de La Mega, que en un procedimiento novedoso terminaron de acotar la lista de canciones que conformarían lo mejor de nuestra memoria según Fabi Cantilo. La idea es siniestra, pero la lista —con la excepción de algunas elecciones demasiado sentimentales o populistas o correctas— podría haber sido mucho peor de lo que es, tal vez porque hay mucho bueno para elegir si uno retrocede veinte o treinta años. En cualquier caso, no puede ser que escuchar estas canciones por milésima vez te haga sentir peor que antes, y oir cantar a la Cantilo, a esta altura, es como oir cantar a tu hermana. ¿Entonces cuál es el problema?

Retrocedamos dos meses. Cada vez que Fito Páez edita un disco, uno se fija, escucha un par de temas a ver si se le pasó. Porque todos queremos que se le pase, que le haga un favor no ya a sus fans, que no podrían importarme menos, sino a la memoria de sí mismo circa 1987. También sabemos que el problema es más nuestro que de Páez, y que no le podemos echar la culpa de que no nos guste lo que viene haciendo desde hace quince años. Lo que tiene Páez, lo que lo hace un tipo interesante, es que siempre te sorprende. Y ahora que hace tiempo que no nos sorprende con lo que compone, sí nos sorprende cada tanto con lo que dice.

A grandes rasgos se podría pensar en los profesionales, como todo lo que se encara desde el negocio para vender discos, y lo que dio la resaca del peronismo, que es todo este asunto de la tribalización, el fierismo, y que “somos del palo, estamos en el aguante”, que no generó ninguna estética seria, más allá de la poética del Indio Solari. [...] Yo escucho Yendo de la cama al living y Clics modernos y pienso que estoy en el futuro. Y la pauperización del país la veo en la música que escucho ahora. Me parece un signo de la época que no hayan aparecido autores de canciones. ¿Y los acordes, los ritmos, los timbres? No puede no estar presente eso, que es la tradición argentina, la invención. Eso siempre estuvo, excepto en los últimos veinte años, donde se generan estéticas pobres.

Como si no llevara encima carga suficiente, Páez edita Moda y Pueblo rodeándolo de esa prensa —calculada, intencional— y enarbolando los arreglos de Gerardo Gandini, que podrá caerte mejor o peor pero no es Luis María Serra. Gandini sabe. Los arreglos son a veces sutiles y a veces dementes; el repertorio es, de nuevo, discutible pero digno, y el disco es horrible. Le parece horrible a uno, vos tenés tu verdad y yo la mía y todos los disclaimers que hagan falta. Yo escucho la versión original de Ambar Violeta y pienso que estoy en el futuro; todavía más después de escuchar la de Páez/Gandini 2005. Tal vez Páez aullando Muchacha ojos de papel muy por encima de un colchón de cuerdas que remiten a las excentricidades de Bryars en Discreet Music termine con los años siendo un hito que uno rechaza hoy por necio, por prejuicios sentimentales. Para mí es como escuchar veinte manos arañando un pizarrón, pero bueno, por lo menos son manos que han hecho los deberes. En el disco (aburridísimo) de Páez y Gandini hay por lo menos veinte ideas musicales atendibles (algunas de ellas muy osadas) e incluso algunos segundos de iluminación pura durante los cuales uno se para a subir el volumen y hacer un search para atrás.

El punto es que escuchar el disco de Páez es una experiencia desagradable, pero hay alguien ahí tratando de hacer algo. El disco de Fabi Cantilo arranca prolijo y gentil, se lleva bien con con el estereo del auto y se ofrece casi como un servicio a disfrutar por dos o tres generaciones enteras, con una única condición: tenés que estar muerto antes.

A esta altura es justo aclarar que en la tapa del CD dice “Fabiana Cantilo” pero el proyecto no es de ella sino de, otra vez, Sony Music. El encargado de la operación es un sujeto conocido como Afo Verde, productor de Diego Torres, Bandana y El Bahiano, por elegir apenas una de las escalofriantes combinaciones posibles. Si la reacción de los medios más leídos es un indicador de algo, Sony tiene serias chances en la pulseada electoralista de apropiación del pasado común. El panorama local ayuda. En un terreno más fértil, algo como Inconsciente Colectivo quedaría relegado a la venta directa en las trasnoches de la tele, junto a las máquinas para hacer abdominales y los aerosoles que escupen pelo falso. En un país cuyas tensiones se establecen entre quienes se acuerdan poco y quienes se acuerdan nada, no parece demasiado difícil convencer a una importante cantidad de gente de que la música argentina de los últimos treinta años es esto. Es Grandes Valores. Menos mal que no hay un cover de Los jóvenes de ayer.

Cuando se desató el Fionagate, John Darnielle hizo una distinción que esta semana se convirtió en profecía por partida doble:

“No pensemos que Sony está haciendo otra cosa que lo que el público les paga para que hagan: filtrar todo lo que sea interesante y reducirlo todo al denominador común.”

Lo más deprimente de todo esto es que el denominador común, esa música de ascensores, sea levantado como bandera histórica de un país que, al menos en ese rubro, merecería algo mejor.

Lo menos deprimente es que John Darnielle, además de darse cuenta de estas cosas, viene grabando un disco por año desde hace un tiempo, y son uno mejor que el otro.


————————————

Del mismo autor:
PS 01
La Educación de Pol Pot
Political Science 3x SOLD OUT
Más vivos que nunca print SOLD OUT
TPP 31 - Las Comunidades Primitivas
El Dream
8. Gracias
TPP 30 - El Circo del Hambre
El Ultimo
Viedma Ayer