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China no ataca Kamchatka

26 08 2005 - 08:21

Hasta ahora siempre funcionó. Es una fija de nuestro periodismo: la importancia de una noticia, más aún si es de carácter internacional, es inversamente proporcional a la cantidad de espacio que le brinda el editor en la sección correspondiente. Y los principales diarios dieron cátedra de lo que decimos. Clarín eligió titular el viernes 19 de agosto con una noticia sobre “La Caída de Fujimori’ (un documental que se llama así), mientras que La Nación encabezó con la muerte de Freddy Alcorta, el fotógrafo que por 75 dólares retrató el cadáver del Che Guevara que yacía sobre un piletón junto a los militares bolivianos que lo cazaron. Sólo Página/12 levantó la noticia que nos importa de The Independent.

El jueves 18 de agosto, en Vladivostok, ciudad portuaria sobre el Mar Amarillo, Rusia y China realizaron ejercicios militares conjuntos por mar y por tierra y por aire, con un par de Tu, 95 y 22M (aviones que pueden acarrear tanto armas convencionales como misiles nucleares).

El título que eligieron para el ejercicio parece haber salido de la creatividad de un distribuidor de cine de nuestro país al comprar (e inevitablemente rebautizar a continuación) una película de un director ignoto de Tajikistan que ganó el premio de la crítica en Cannes: Misión de Paz 2005, con los generales Liang Guanglie y Yuri Baluyevsky en los protagónicos. Vale detenerse en el argumento: la invasión de un país imaginario, que envuelto en un torbellino de violencia como consecuencia de una sucesión de ataques terroristas y la consiguiente desestabilización interna, necesita de los servicios de China y Rusia para reestablecer el orden. Eso sí, bajo la atenta producción de los estudios United Nations. No soy de contar los finales, pero parece que todo termina con un desembarco en la península de Shandong en siete días, con toda la carne en el asador: ataque anfibio y aéreo, misiles crucero, submarinos y unidades de infantería contra “formaciones armadas ilegales” que, a continuación, “serán interpeladas por las tropas chinas” (sin las comillas, ya daba miedo).

Una superproducción que tiene como principal objetivo la inserción del producto en el mercado norteamericano. Pero, bajemos un cambio, porque hay un océano (Pacífico) de fondo.

A principios de julio el Washington Post publicó un artículo de opinión de Henry Kissinger, levantado por Clarín, sobre la necesidad de cooperación y de no confrontación entre EE.UU. y China. Esto iba a cuento no sólo porque los chinos están cooperando con sus ingresos con contratos a través de su empresa privada, sino también porque el hombre se cree el padre de la criatura, desde la apertura de relaciones con China en plena Guerra Fría, con su vuelo secreto a Pekín en julio de 1971 y su entrevista con Chou En-lai, preparatoria del viaje oficial de Nixon al año siguiente. Lo paradójico es que en aquella oportunidad, Nixon en su discurso en los estudios de la NBC en Burbank días más tarde, anunció al país que el sentido del viaje era construir una paz duradera y que no estaba dirigido contra ninguna nación (Rusia podía dormir tranquilo). Ayer, casi 35 años después, el General al frente de las fuerzas armadas rusas, Yuri Baluyevsky, comentó al pasar, “que las maniobras no amenazaban a ningún país”, completando el dueto su par chino Liang Guanglie con el estribillo de “proteger la paz y la estabilidad en nuestra región y en todo el mundo” (EE.UU. puede meterse al sobre y dormirse como un bebé).

Todo un guante lanzado a través del Pacífico, que obviando la pátina de “We are the world, we are the children…”, sectores de la intelligentzia militar norteamericana van a estar chochos de recoger.

En aquel artículo Kissinger, con su pluma kantiana, advertía que la relación entre Estados Unidos y China estaba signada por la ambigüedad, y que a pesar de las afirmaciones de Bush&Powell&Rice sobre que las relaciones con los chinos pasaban por su mejor momento desde la apertura, había reaparecido “de pronto” la ambivalencia.

El “de pronto” se refiere a un nuevo deporte nacional que practican vastos sectores norteamericanos (funcionarios, congresistas, medios de comunicación y lobbystas militares, entre otros) y que consiste en que el crecimiento de China es el principal desafío a la seguridad de los EE.UU. Dan por hecho que los movimientos de las placas tectónicas están trasladando el centro de gravedad de los asuntos mundiales del Atlántico al Pacífico. Mientras EE.UU. se entretiene combatiendo al terrorismo en Medio Oriente, China, de forma sigilosa, salió a cazar mariposas por el mundo, especialmente en la región del Pacífico y aledaños. En este nuevo escenario geopolítico, el juego de poder de Beijing busca ampliar su esfera de influencia aplicando con entusiasmo el multilateralismo (volvé Bielsa, te perdonamos), mientras Washington se aferra con ahínco al unilateralismo (a la Pekerman), dejando el retrato de sus alianzas regionales como reliquias de la Guerra Fría.

Para resumir, en palabras de Susan Windybank, directora de investigación de política exterior del Centre for Independent Studies, EE.UU. (o por lo menos sus halcones) subestima a China poniendo el foco en su crecimiento y modernización militar, el “hard power”, cuando se debería preocupar por el “soft power”, ya que China, si es que está desafiando en algo a EE.UU., es en poder cultural, intelectual, económico y diplomático. Con una combinación de comercio, inversiones, préstamos y ayudas económicas, y una eficiente diplomacia, continúa Windybank, Beijing está construyendo las bases de un nuevo orden regional en el Pacífico con China como el líder natural y EE.UU. como el outsider.

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¿En qué se basan Susan y sus colegas? Vamos por partes:

En lo militar, el presupuesto chino (crecimiento por año de dos dígitos desde 1990 a la fecha), a pesar de la modernización y el aumento de su fuerza, representa menos del 20% del presupuesto de EE.UU. Un poco más del de Japón, e infinitamente inferior a la suma de los presupuestos de Rusia, Japón e India.

En lo económico, China viene creciendo, en promedio, un 9% anual desde los noventa, dejando un promedio del 10% anual en los ochenta.

En lo comercial, las importaciones y las exportaciones de China crecieron ocho veces más rápido que el comercio mundial entre el período 1980-2003.

A su vez, está el crecimiento de China como proveedor de capital, especialmente en el Sudeste Asiático, pero también en EE.UU., Latinoamérica y en todas partes. A marzo de 2005, China tenía 175 billones de dólares en bonos del tesoro norteamericano, sólo superado por Japón, con 715 billones. Como dijo Krugman en la revista Harper`s de junio de este año, EE.UU. mantiene su deuda externa en dólares, por lo cual la pérdida de capital de un dólar débil no recae en los negocios norteamericanos sino en los bancos centrales que financian casi todo su déficit de cuenta corriente, como el Banco de Japón y el Banco del Pueblo de China. Lo que no quita que en los noventa el capital extanjero era Daimler comprando Chrysler, hoy es el Banco del Pueblo de China comprando bonos del Tesoro norteamericano.

En lo intelectual, cada vez más estudiantes extranjeros alrededor de Asia llegan a China para estudiar. Y cada vez más chinos salen a distintos destinos extranjeros a hacer lo mismo. Como para muestra basta un botón, en un testimonio de junio pasado en la Comisión de Relaciones Internacionales del Senado (noten la preocupación de los muchachos) se ponía como ejemplo que en las finales mundiales del Torneo de la Association for Computing Machinery Internacional Collegiate Programming en abril de este año, la Universidad de Illinois terminó en el puesto 17º, mientras que la Universidad de Shangai Jiaotong quedó en el primero (por cosas así los yanquis pueden iniciar la Tercera Guerra Mundial). Si como dice el Director de Estudios Chinos del Centro Nixon, David Lampton, los pilares del poder nacional y la competitividad de un país residen en la inversión y los ahorros, la educación, la salud, la energía y el gobierno legítimo (por algún lado le tenían que entrar), EE.UU., en relación a China, está perdiendo por los menos 3 a 2 (el segundo gol de EE.UU. –el gobierno legítimo-, según el telebeam, marca no sólo que es en offside sino además con la mano y se duda la pelota pase la línea de cal).

Primer gol chino: al 2003, la inversión china en relación al PBI fue entre el 32 y el 42% y los ahorros nacionales casi el 50%. No hace falta hablar de los ahorros norteamericanos, ni de su deficit fiscal que algunos en la Reserva Federal del Banco de Nueva York pronostican que se va a mover hacia el 7% del PBI (record histórico).

Segundo gol chino: los ojos rasgados han llevado la escuela primaria al 93% de la población total, el porcentaje de chicos en el secundario ha crecido rapidamente en la última década y el porcentaje de estudiantes del terciario se cuadruplicó desde 1991. El mito de la atracción de inversiones extranjeras por mano de obra barata, comienza a perder solidez y desvanecerse en el aire, ya que parece ser ahora una combinación de una mano de obra relativamente barata más otra mano de obra relativamente calificada, sin bucear demasiado en las zonas rurales, donde en definitiva ninguno de los dos salen airosos. Otro aspecto que se toma como variable de modernización y desarrollo económico es la ingeniería. Para no abrumar, la National Science Foundation estima que para 2010 China va a cuadriplicar los doctorados en ingeniería en relación con los de EE.UU. Tercer gol chino: la salud. Aquí voy a embarrar un poco la cancha. Es verdad que hay millones de chinos sin cobertura médica, hay serios problemas con el SARS y el SIDA, y enfermedades que estaban relativamente controladas están creciendo en incidencia. Ahora, la expectativa de vida del chino y la china es de 71 años, mientras que en EE.UU. es de 77 (de los norteamericanos, no de los chinos, vale aclarar), según el Banco Mundial. El tema es que EE.UU gasta (invierte suena mejor) más del 15% de su PBI en salud, mientras que China no pasa del 5.5%. Si buscamos comparaciones con otros países, los alemanes, franceses e ingleses tienen más expectativa de vida que los EE.UU. y, según datos de la Organización Mundial de la Salud, gastan la mitad per capita. Concedanme el gol chino, aunque lo haya hecho un europeo naturalizado.

Primer gol yanqui: China busca asegurar a futuro sus recursos de energía y se está volviendo cada vez más dependiente de la importación de los mismos. Nos consta a los argentinos (vienen por nuestros recursos, vocifera de fondo Carrió). Con el agua, la energía, quizás sea su talón de Aquiles, afirman algunos. Segundo gol yanqui: no merece replay. Vamos a vestuarios.

El supuesto desafío militar chino a la seguridad norteamericana es en definitiva la impotencia de EE.UU al avance económico chino y al “still married with Washington” (todavía casado con Washington) “but dating China on the side” (pero te están gorreando con China a hurtadillas, y a veces no tanto) de sus amantes históricos, mientras éste no puede resolver la situación conyugal y separarse de Medio Oriente. Los aliados post-Segunda Guerra Mundial de Estados Unidos de la regi (Japón, República de Corea, Australia, Filipinas y Tailandia, etc.) dependen cada vez más de sus exportaciones a China y de las inversiones de los chinos en sus respectivos países. Podés mantener de tu lado a Burma, Laos, Camboya y Timor del Este, pero cada vez más se independizan Australia, Corea del Sur –donde las encuestas muestran mayor temor a EE.UU. que a Corea del Norte-, e Indonesia -donde la “alienación de EE.UU con la guerra contra el terrorismo y la ignorancia de éste a sus problemas económicos” la vuelven cada vez más arisca. Asimismo, China está flirteando con islas del Sudoeste del Pacífico, como Samoa y Fiji, donde es claro que billetera mata galán. Como marca Lampton, las caricias amorosas del afrodisíaco económico chino no se ven más claro que en las presiones en la OTAN para contemplar la venta de armas a China ante la abierta oposición de EE.UU. Es como tocarle los huevos al elefante con un palo, el problema es que es uno el que tiene orejas grandes y una trompa como proa. Nunca los pongas en situación de elegir entre alguno de los dos. Con el rol cada vez más protagónico de China en el tablero mundial, es lógico que tus aliados históricos busquen en el comercio con China y en su “smile diplomacy” (diplomacia Kolynos) mantener un balance y un reaseguro para la región, adaptándose al nuevo escenario de poder. Podés hacerte el boludo y sorprenderte que los chinos te compren la división de computadoras de IBM o que la China National Offshore Oil Company, que maneja el Estado chino, ofrezca comprar la empresa norteamericana Unocal, productora de petróleo, por 18.5 mil millones de dólares, mientras en paralelo el gobierno chino negocia petróleo con los países societarios del “eje del mal” como Irán, Sudán, Venezuela y Myanmar. Para decirlo en términos un poco vulgares, los chinos no se comen ni media y los norteamericanos no pueden patalear porque siempre actuaron de forma similar. El problema real es hacerte cargo que los chinos tienen parte de sus enormes reservas en participaciones de bonos del Tesoro norteamericano y los muchachos salieron a gastar para convertirse en accionista global en el living de tu casa.

Algunos, como Robert Kaplan (lobbysta si los hay) ven en los nuevos posicionamientos un replay de la Guerra Fría, donde el centro de gravedad ya no está en el corazón de Europa sino en los atolones del Pacífico y anticipan que China y EE.UU. van hacia un juego de avance y retroceso asimétrico durante las próximas décadas. Por eso, concluye, que esta competencia en el Pacífico va a definir el siglo XXI, y que China será un adversario mucho más formidable del que fue Rusia. El problema de estos escenarios, citando de nuevo a Windybank, es que pueden convertirse de profecías en hechos o, en criollo, si tratas a China como un peligro se va a convertir en uno o, en gauchesca, los chinos son conocidos por su mirada de largo alcance, haciendo del tiempo un valor estratégico de la misma forma que los rusos ven a la distancia. Kaplan profetiza la muerte de la OTAN (para luego revivirla con otro rol) y el surgimiento de la PACOM (U.S. Pacific Command) como substituto obligado ya que el bacalao se va a cortar en el Pacífico y no más en Medio Oriente. Se basa no sólo en su espíritu e interes bélico, sino que fundamenta que en éste océano se encuentran las seis mayores potencias militares (entre ellas EE.UU. y China), la mitad de la superficie del globo y más de la mitad de la economía mundial (y siguen las firmas). Para el que quiera ahondar vale la pena una mirada al artículo “How We Would Fight China”, en el Atlantic Monthly de junio de 2005 (como mínimo, para ver cómo piensan estos tipos –el lobby militar, con gran capacidad de daño por cierto–. La respuesta de Kissinger apunta para estos lares).

En definitiva, algunos proponen que EE.UU. tiene que redescubrir las bondades del soft-power, no sólo en la región sino en el mundo, porque cuando China se sienta a conversar con otros países no pide “good governance” como tarjeta de presentación (Tampoco los otros se lo piden a China, queda claro, algunos solicitan al pasar 20 mil millones de dólares para desendeudarse; sabemos que hay de todo en la viña del señor). También dejar de lado el unilateralismo, y avanzar en discusiones de libre comercio, abordar temas que trasciendan la guerra contra el terrorismo, y flexibilizar el acceso al país, mediante visas, intercambios y políticas para que empresarios y estudiantes de la región tengan normal acceso a EE.UU. Para sintetizar, incrementar la efectividad y la credibilidad de la diplomacia pública y volver a ubicar a EE.UU. como un lugar donde sea fácil ingresar para recibir educación y poder hacer negocios. Ah, y votar a Benjamin Franklin para presidente.

Fuera de análisis y conjeturas, lo que queda claro que el Océano Pacífico gana en peso estratégico para las grandes naciones y que, como dijo alguien por ahí, los temas estratégicos en política exterior tienen siempre una cara económica. Y que lo del jueves pasado, las maniobras conjuntas en Vladivostok, fuera de la cooperación militar y económica y de la parte comercial del asunto (Rusia es el mayor proveedor de armas y de tecnología bélica a China), puede ser visto como parte de una política estratégica de China de largo alcance que desafía el liderazgo de EE.UU. en la región, a pocos días del 60º aniversario de la derrota japonesa en el Pacífico que en muchos países de Asia se suele conmemorar. Esto era todo, avísenle a Clarín que en los cines de Lima no quedan más entradas para ver “La caída de Fujimori”


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Del mismo autor:
Los Soprano y el sentido de las proporciones