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Sudoku's block-notes

13 09 2005 - 08:18

4 de septiembre
El futuro joven fan del Soduku parte para el Partido bonaerense de Esteban Echeverría con la página de juegos de Clarín, y habiendo obtenido un raro momento de complicidad con sus hijas y habiendo completado todos los tableros —de “básico” a “avanzado”—, en crisis de abstienencia agradece al gran diario argentino, que mañana publicará las soluciones.

6 de septiembre
Bue, la puntualidad con que La Nación sigue sin lanzarse al Sudoku es asombrosa, ¿no? Hubo una época en que cuando un gran diario hacía un descubrimiento inmediatamente el otro lo imitaba. ¿Cómo es que en La Nación no corrieron a alinearse un día después de su aparición en Clarín? Una sugerencia a la gente de La Nación: redoblen la apuesta. Ofrezcan más tableros, por ejemplo un nivel que podría llamarse “diabólico”, que pondría en problemas a tipos como yo que —por puro maquinismo, filosofía de vida, carácter o simple ausencia de lápiz y goma— se obstinan en completar el Sudoku con birome, sin borrar. Un poco apuntando a la diferencia que existe entre quien, habiendo errado el camino, está siempre dispuesto a volver sobre sus pasos, y quien sigue corriendo cada vez más riesgos, convencido de que va a llegar a destino. Me encantaría que me obligaran a comprar lápiz y goma.

Mientras esperamos que los de La Nación se despierten, aquí aparecen varios sitios donde puede jugarse al Sudoku online.

7 de septiembre
Probablemente estas cosas se andan discutiendo por ahí, en los foros de los fanáticos que de ahora en más me dedicaré a frecuentar, pero tengo algunas consideraciones respecto a la perfección del Sudoku.

En primer lugar no es un juego “perfecto”. El jugador se encuentra pasivo frente a las distintas variables. Que un juego no implique la intervención de la suerte ya es algo bueno, pero el rigor es fundamental para que cada uno no haga la suya: no se registran progresos, el jugador no desafía a la realidad, sino que desafía a alguien (o a algo) que proyectó el esquema. Y cada esquema tiene distinto grado de dificultad.

En segundo lugar le falta otro atributo para ser “perfecto”: que la solución sea única. Oficialmente lo venden así —teóricamente cada tablero tiene una única solución—, pero en la mayoría de los casos, sobre todo en los más fáciles, no es así. Cualquier pareja de números iguales pertenecientes a dos líneas y dos casillas distintas entre sí pero en la misma columna (o dos columnas y dos cuadrados en la misma línea) son intercambiables entre sí. Es lo que sucedía en el tablero más fácil aparecido en el Clarín de ayer.

Por lo tanto la solución no es una sola. Tiene una solución lógica, de acuerdo, pero se trata de una lógica con muchas posibilidades.

Por ahora el esquema teórico que imagino como “perfecto” es el que tiene como criterio que exista una sola solución posible.

Después de haber, por segundo día consecutivo, concluido el Sudoku de Clarín de ayer (tablero avanzado), y habiendo verificado que la solución, aunque correcta, es muy distinta a la publicada hoy por el diario, concluyo con certeza que el Sudoku de Clarín es una mierda. Por las relaciones de afecto que me ligan a este diario y con tristeza acabo de enviar a la redacción de Clarín lo siguiente:

“Queridos amigos de Clarín, más que nunca, en estos tiempos de incertidumbre, el país tiene necesidad de certezas. Ustedes lo saben. Encuentro entonces engañoso y proclive a ulteriores desilusiones que los tableros del Sudoku publicados por ustedes permitan distintas soluciones. Se premia nuevamente la capacidad de cada uno de hacer la suya más que la confianza en una verdad común e inalterable. No le arruinen el invierno a los argentinos, que ya tienen bastante. Presten más atención. Saludos, Guillermo Piro”

8 de septiembre
Suponiendo que el Sudoku haya agotado ya su impulso propulsivo (podría extenderme analizando sus límites y virtudes, pero no exageremos), hay algo que me parece una boludez: la publicación de la solución. ¿De qué sirve, si la solución es única? O consiguieron hacerlo o no lo consiguieron (en cuyo caso publicar la solución no sirve para nada: lo que cuenta es el recorrido)

Visto que a juzgar por los mails hay gente que no compra Clarín y no sabe de qué estoy hablando, aquí va una entrada de la Wikipedia donde se explica bastante bien en qué consiste el Sudoku.

Chau Clarín, hola Corriere. A partir de hoy el responsable se entrega sin reparos al Sudoku que publica todos los días el Corriere della Sera. El siguiente pasaje lo convenció: “Si el Sudoku publicado por el Corriere está firmado por el neocelandés Wayne Gould, gurú mundial del romopecabezas numérico y creador del Sudoku original, eso quiere decir que la solución del tablero es una sola”.

10 de septiembre
Noto que con el Sudoku se disparó el efecto Kirchner: aquel que se manifiesta cuando, frente a algo de lo que hablan todos, uno, para distinguirse, puede o no ocuparse de eso, o bien decir que no quiere ocuparse de eso. Muchos eligen la segunda opción.

Pero voy a correr el riesgo de volverme impopular ante la impaciencia de los demás señalando a los humildes lectores que, finalmente, el Sudoku avanzado del Clarín de ayer tenía una sola solución. Felicitaciones.

Uno —para la posteridad, la historia del mundo— Cuando en el Clarín, el 27 de agosto, apareció un artículo sobre el Sudoku, Google indicaba solamente siete sitios argentinos en los que aparecía citada la palabra “sudoku”, y con bastante impericia. Creo que se puede señalar ese artículo como el descubridor del Sudoku en Argentina, y a los otros como sus viles sicarios.

Dos —medida por medida— Lo digo aquí y asumo todas las responsabilidades, así que agárrense fuerte: no existe una fiebre del Sudoku en Argentina, es todo un camelo. Yo, que frecuento la calle y los medios de transporte públicos casi todos los días, no vi a nadie, pero a nadie, jugando al Sudoku. Mi reconstrucción es la que sigue. En Inglaterra el juego comenzó a prosperar y fue descubierto por los grandes periódicos. Su originalidad y novedad fue muy apreciada por los lectores. Todo esto se expresó con la habitual exageración “los ingleses perdieron la cabeza por el Sudoku” (interesante: los ingleses parecen no haber pestañeado después de las bombas de Londres, pero perdieron la cabeza por el Sudoku). Cuando el juego llegó a nuestras tierras una exageración totalmente normal se volvió una exageración exagerada. De un día para otro nos volvimos un país de sudokus adictos. Por lo que me consta, el único que volvió un poco adicto fui yo. Moraleja: Clarín insistió tanto en que nos habíamos enloquecido con el Sudoku que nos convenció. Mecanismo mediático de una banalidad bastante molesta aplicado esta vez a un jueguito de números.

Tres —esta vez por propia banalidad— Me gusta hacer conocer las cosas poco conocidas que merecen ser más conocidas. Por lo tanto quisiera ratificar —sin desmentir por eso todo el resto— la idea equívoca —de algún modo alimentada por mí mismo— de que hago tres Sudokus por día. No. Hice uno por día durante catorce días, y ahora dejé.

11 de septiembre
El nuevo diario Perfil también lo trae, sólo en sus versiones dificultad fácil y media. Pero yo ya dejé atrás todo eso hace mucho tiempo.


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Del mismo autor:
Over The Hills And Far Away
Cuando la suerte no está de nuestro lado
La bahía del silencio
El gran salto
Historia con elefante
A causa de un equívoco banal y transparente
Tiempo de juego
Una modesta proposición
No tan distintos
Qué cómico resultaba cuando era un muñeco