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16 09 2005 - 12:57

En TP Madrid nos acostamos tarde y nos levantamos temprano, lo que no nos impide soñar whodunits tortuosos y complejísimos cuyo recuerdo se desvanece antes de que se caliente la cafetera. Es bastante ridículo. Y frustrante, porque sostenemos que ya no se pueden hacer más whodunits, que no nos interesan en lo más mínimo, pero igual nos pasamos gran parte de la mañana tratando de descubrir quién era el asesino. Intentamos distraernos pasando por la pescadería del señor Antonio, que nos guarda la mejor parte del atún. “Es lo único bueno que me queda; el resto ya se los llevaron los hoteles.” Los Hoteles son nuestro enemigo acérrimo, y lo queremos a Antonio, entre otras cosas, porque él también los detesta. Volvemos a casa para dejar el pescado en la heladera y salimos de nuevo para una reunión de trabajo con un tipo honesto y razonable que —no se puede pedir todo— es estrábico, nunca sabés con qué ojo te está mirando. Lo cual no sería un problema, basta con relajarse un poco y encontrar una actividad (revolver el café, jugar con el encendedor) mientras hablás. Pero cuando habla él lo tenés que mirar. ¿Qué ojo? ¿Cuál? A los veinte minutos te empieza a doler la cabeza y así quedás durante el resto del día.

Haciendo tiempo hasta que llegue la hora del almuerzo, nos enteramos leyendo los gratuitos de que los veintidós ayuntamientos de la sierra de Madrid están en condiciones de anunciar el proyecto conjunto que estuvieron negociando durante meses: convertir la zona en la Comunidad del Anillo. No es una metáfora, no estamos inventando nada. Se trata de recrear la Tierra Media (o por lo menos el pedazo de Tierra Media inmortalizado por Frodo en su periplo) en las sierras del norte de Madrid. El Berrueco será Hobbitón, La Hiruela será Rivendell (ojalá), Torremocha será Gondor. La inspiración es de un grupo de freaks, fanáticos de Tolkien, y la meta es turística. Nadie menciona la cantidad de agua que sería necesaria para hidratar las sierras hasta que se empiecen a parecer un poquito al menos a la topografía que uno imaginó cuando leía El Señor de los Anillos hace veinticinco años (y que Peter Jackson reprodujo fielmente después). En este Rivendell, hace un año que no llueve. Y si no llueve de acá a un mes, van a tener que empezar a racionar el agua. Es tan osada que nos cae simpática la idea de la Tierra Media doblada al español, pero van a tener que resucitar a Mullholland.

La otra noticia local con proyección internacional nos involucra más seriamente, y tiene como protagonista al “Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga” de la Guardia Civil. No contra la delincuencia, mind you. Pero no es la neta inspiración duhaldista en el bautismo del organismo lo que nos llama la atención sino la desarticulación, ayer, de una red internacional de tráfico de drogas, en el marco de la Operación Boludo, y acá tampoco estamos inventando nada. No es un chiste. Se llama, nomás, Operación Boludo. Lo primero que hacemos al llegar a casa es acudir a Google para satisfacer nuestra curiosidad etimológica. No encontramos nada, lo cual confirma el carácter secreto de la operación secreta. Nuestra fuente (el diario Que) califica, por otra parte, entre las cuatro o cinco menos confiables del mundo, así que todo es posible. Pero incluso si la noticia es una fabricación, ¿por qué le habrán puesto “boludo”? ¿Es así o falta una coma?

Si bien la inmigración argentina es lo suficientemente considerable como para que cualquier madrileño esté al tanto de lo que quiere decir para nosotros, también es cierto que el término no es de uso común. Hay, de hecho, una empresa constructora que se llama “Boluda”, y sus camioncitos no pasan de ser un test ambulante para descubrir cuántos argentinos hay por metro cuadrado — los locales los ignoran por completo. Pero también hay elementos para intuír que esto está cambiando. De casualidad, buscando un link para esta nota, nos enteramos de que el Círculo de las Bellas Artes programó hace unos meses ocho películas argentinas bajo un título que debería ser la envidia de retrospectivas y festivales en todo el mundo:

Cine Boludo

Ahí no hay vuelta que darle. Los programadores del Círculo de las Bellas Artes saben exactamente de lo que están hablando.

Es viernes, la semana fue larga y no del todo grata para nosotros, con tanto funcionario hosco recordándonos que el triste legado de nuestros mayores se extiende a sus modales. Nos da fiaca ir hasta el Círculo de las Bellas Artes en busca de un catálogo, y nos da más que fiaca elaborar a partir de este chisme en La Nación de hoy, pero no mencionarlo es imposible:

De todos los presidentes que vio en acción estos días en las Naciones Unidas, Kirchner quedó impactado con el premier británico, Tony Blair. Aunque no hablaron y tiene con él posiciones políticas encontradas, le fascinó la claridad conceptual y la capacidad de oratoria de su colega. Lo vio de cerca en la reunión del Consejo de Seguridad en la que se debatió la forma de combatir el terrorismo. “Blair está a 10 kilómetros del resto. Es un cuadro impresionante”, le dijo a uno de los miembros de la comitiva.

Un cuadro, impresionante.

Un cuadro, boludo.


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