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Meteorología

19 09 2005 - 14:04

La calma que precede la tormenta, como dijo el Almirante Brown. En la política argentina no pasa nada interesante, a diferencia de lo que creía Brown y por eso se vino para acá. Un reparto de roles no convenido pero aceptado y que a todos les resulta cómodo. Cristina, como luz, verdad y vida. Chiche, como una comisario mujer cuestionada; López M, como el vecino botón del edificio que en 1977 tiene un Seiko con cronómetro y reta al portero; Mauricio, no más que un gerente de Falabella, aunque tenga más; Altamira, el loco egoísta de la plaza Primero de Mayo, Facundito, como el vecino que una vez tuvo guita, nunca se recuperó y ahora tiene un maxikiosco; y, Lilita, otra mujer policía: una cana búlgara se nos ocurre, con mucha morgue a la medianoche.

Una elección sin novedades, excepto por el disparatado buen humor de la sociedad con el presidente que lo pone ante la perspectiva de no dudar de que gana sino de cómo le conviene ganar. En la provincia eligió ganar llevándose puesto con el triunfo a Duhalde y, al mismo tiempo, hacer de su señora la heredera al trono si la salud se complica. Para competir, por el oficialismo o la oposición, nadie que digas, “uy, mirá este fenómeno” y que por ello te despierte un amor o un odio grande y grave. Bielsa, si querés, declara raro, dice cosas de escritor, se le ocurren cosas y las dice, como quien escribe, pero que sabe, ojo, al mismo tiempo, que la saca barata si se excede. Lo burlan un poco por lo de la Virgen, pero sólo aquellos que no han tenido jamás una experiencia de fe y esos son los menos y, además, están conchabados en el Concejo Deliberante por lo tanto no representan la enemistad manifiesta de los que te quieren despojar sino la broma de sobremesa de amigos y parientes. Ningún problema, entonces. Para afuera.

Porque para adentro, el kirchnerismo es sanguinario. No es como cuando Coti trataba de cagarlo a Germán López y un Atilio Cadorín deslizaba que “López faltó a una reunión” y ya con eso cagaba finito Germán; ahora es Horacio Verbitsky que te dice Felipe Solo o, como a Bielsa, que ni lo nombra, le dice “el candidato de Capital” y el otro, que le gustan los fierros, tiene que buscar en el cajón si le quedan balas y cuántas. Néstor les mete terror a todos con operadores grossos. Y para abajo el miedo se extiende, trabajando las debilidades de la pobre gente que se toma el subte rumbo a los ministerios. Los últimos chimentos presidenciales, aquellos que al presidente le gusta propagar, dicen que el tipo se cuelga mirando Internet. Y aunque suponemos que tiene bastante trabajo, también lo imaginamos escribiendo Kirchner + Duhalde en el Google, o Kirchner + minas o, Kirchner + Rocío Guirao Díaz o, Kirchner + porno.

Es obvio, los tipos saben que están agarrados de nada, de huesitos de pollo, entonces están reparanoicos. Eso es verdad. Y es verdad, también, que gobernar es difícil y juzgar es fácil, y que escribir, a veces, más fácil todavía y reírse una cosa directamente automática. Otra cosa es que porque gobernar sea difícil y escribir sea fácil, uno suspenda la escritura, suspenda su ritmo mental. SE SUSPENDA TODA ACTIVIDAD HUMANA DE CRÍTICA PORQUE “AYYY, LOS KIRCHNER ESTÁN GOBERNANDO”. Digo, si tenés que masacrar un raza, o a dos millones de opositores, te entiendo que necesites silencio. Te entiendo, no te justifico y pasaremos a la clandestinidad o nos escaparemos a Buzios, llegado el caso. Al revés te entiendo que necesites silencio si estás trasplantando un corazón o, viste, haciendo el cambio de no sé qué de la vida de la patria. ¡Nooooo!, pero dame siete litros de JB con agua Nestlé que no te creo que eso está pasando. Y si lo que hay que hacer es cagar a Suez para poner a Agbar, cagar a Huguito Curto en Tres de Febrero y darle una mano a Mario Ishi en José C. Paz, bueno, hablemos, pero no nos pongamos tensos, sigamos pensando, al ritmo que podamos, riamos, y tratemos de sacarles unos mangos a estos ñatos, así no se la comen toda ellos, les cobramos un impuesto, y seguimos con algunas de nuestras actividades filantrópicas.

Durante la guerra de Malvinas, una agencia de publicidad había recibido el encargo de los milicos de comunicarle al hidalgo pueblo argentino qué podían hacer por su país mientras los soldados estaban en el sur. “Cada uno en lo suyo, defendiendo lo nuestro”, fue la consigna ganadora. Si esta gente que es del sur y sus hermeneutas porteños quieren que nos quedemos moscas haciendo lo nuestro, lo nuestro es esto. Si no pueden hacer su laburo bien y mantener el espíritu crítico al mismo tiempo, que se jodan. Que no hagan de sus limitaciones una virtud.

Pero no sabemos de todo. Para eso hay que estar metido.

A menos que pases horas en Colmegna o seas empleado del gobierno, la política es algo que ves a través de los medios y estos son ojos deformantes en cualquier país del mundo. En algunos lados, la política y el periodismo son actividades muy profesionalizadas que funcionan en andariveles separados y no se tocan demasiado, no más que lo indispensable, pero acá es una verdadera orgía de casa quinta. Ojo, los dueños siempre están mezclados pero los planteles de la política y el periodismo, no. Un periodista de Le Figaro puede no tener ninguna relación con ningún cuadro gubernamental de ninguna tendencia, de ninguna intendencia de los José C. Paz que haya en el segundo cordón de Paris. El pibe Jerome tiene su guita, no demasiada, la gana bien, escucha a Carla Bruni, envejece, muere, lo olvidan. Escribe cables, te hace la pirámide invertida. Punto. El dueño de Le Figaro, sí, monsieur Dassault vende armas, nada menos y ahora compró medios. No es nuevo, claro. Y no es nuevo para nosotros. Mitre fue presidente, fundó un diario, trataba de cagar a sus enemigos con el diario y así y hasta ahora. Por lo tanto aquí cuando uno empieza a ver promociones y descensos en los medios de comunicación tiene que tener en cuenta las causas y las consecuencias políticas, en la política, que tienen estas decisiones.

Desde el ’83 en adelante muchos planteles de diarios y revistas se conformaron con militantes de partidos de izquierda que ya venían quemados de los setenta. Volvía la democracia, metías políticos, tipos que estuvieron presos o exiliados y que conocían a los nuevos oficialistas y opositores desde antes, de los bares de la facultad, de cumpleaños. Y no les costaba mucho entenderse, hicieron sus negocios, escribieron las noticias. La carne de cañón de las redacciones se armaba con los institutos de periodismo y luego con las carreras universitarias. Llegó una generación más crudita y más señora gorda. Más liberal, con menos noche. Menos sindicalizada, más cuadrada. Piensan o pensaban al despertar: “esto es el periodismo, esto es la política, estos son los militares, estos los curas y después están los deportes”. Los primeros años estos muchachos parecían sanos y fuertes, pero con el paso del tiempo engordaron y pusieron grifería cromada en sus baños. La cagada para ellos es que el ejército de pasantes se paró en las puertas de las redacciones, aumentó el desempleo, cayó el salario, se les rompió el lavarropas y encima salen celulares nuevos. Estos tipos que hoy tienen 35 años, aunque van a la terapia para hablar de amor, enloquecieron. La falta de ideas propias te mata. Se quedaron petrificados en una profesión bastante básica cuyas actividades principales cualquiera puede ejercer, no se capacitaron porque la naturaleza del trabajo les quitó tiempo para una rutina universitaria de grado o posgrado y encima se compraron todos los manuales del periodista independiente que se escriben en Estados Unidos con el inconveniente de aplicarlo por acá. Big mistake.

Por ende tienen que ir por la banquina ahora para zafar y quedar equiparado con ese compañero de la secundaria que se recibió de médico y ahora es especialista en columna y tiene su VW Golf. Joda, joda, tiene un auto nuevo y toma clases de tenis en C.U.B.A. ¿Es un boludo? Es un boludo. ¿Y uno?

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No, bueno, que es un lío. Lo que nos mató a todos fue que la calle Lavalle se lumpenizó y que los ricos, los pobres y los del medio ya no vamos a los mismos cines. Con la ciudad partida, con ropas tan distintas, la lucha por quedarte del lado bueno es demencial. Y la demencia ya sabemos.

Nos queda solamente el ordenamiento de las consecuencias en estos asuntos que nos importan, los asuntos públicos, la política, el periodismo como bella arte acompañando los hechos cotidianos, la historia y lo que más nos importa, que zafemos.

La falta de cordialidad. Le pregunté a Raffo la última vez en Buenos Aires si en Europa la gente también se trata mal, por las dudas se trate de un efecto del capitalismo global, como la comida para solteros, pero me dijo que no (o sí, pero de una manera completamente distinta). La brutalidad local es local, entonces. Y tiene que ver con el capitalismo, periférico. Cuando Lavalle/peatonal/todos, políticos, militares y periodistas se juntaban en la Richmond y se respetaban, se consideraban. Capaz que pedían por un secuestrado, no te digo que no, pero no se faltaban el respeto. Intercambiaban información y guita. Y chupaban y cagaban de infartos. Se ganaba mejor plata, casi cualquier ratón con trabajo calificado tenía casa en Mar del Plata. Ahora que Lavalle/peatonal/ellos es un lío. Hay más medios, más periodistas aunque no hay más políticos o funcionarios porque esa dotación es más o menos finita. Los periodistas de las plantas juntan orina en las oficinas de un ñato que les va a poner un avisito en el programa de cable o de radio y con el paso del tiempo como cualquier masoca de cualquier rubro empieza a gozar con el maltrato y a “leer gestos” de los que ponen la moneda que pueden ser traducidos como “me tiene en cuenta para algo más”. Y así varios van camino a emparejar al compañerito médico del que hablamos ut supra. Quedó en el camino, y le deseamos un eterno descanso, su libertad. Ojo, no se la quitaron, se la quitó solito en su opción de ganapán abnegado.

La pérdida de modales es un desastre. Es verdad que uno puede comer con la mano, pero no lo hace. Es verdad que puede andar desnudo y no lo hace y es verdad que podría pegarle latigazos a los hijos en Un gallo para esculapio, pero no lo hace. Es decir cuida las formas, es educado, fino, esas cosas. No eructa, qué sé yo. El kirchnerismo, en ese sentido, es la estación donde los modales se perdieron. Craso mistake el de Néstor cuando le pega a su secretario o cuando echa a los ministros de mala manera, cuando hace política del terror con los tipos que tiene en la nómina. Con Alfonsín eran demasiados modales posiblemente, y aún hoy el tipo va a los cumpleaños del hijo de sus custodias. Pero éste trabaja la debilidad como el odontólogo de Marathon Man que casualmente cita Quintín ayer. Terminás preso pero te parece bárbaro. No es muy edificante.

Pero no hay que dejarse llevar por el microclima, del que por otra parte no formamos parte, pero por las dudas que seamos microclimáticos citemos a unos tipos bárbaros como los músicos de Industria Nacional, los creadores de Un día de paseo en Santa Fe quienes el año pasado durante una entrevista profundidad con la revista Quien dijeron: “Nos encanta lo que es Kirchner. Más que la cuestión política en sí, que no sabemos qué catzo va a pasar, nos encanta el flaco como es. Botón desabrochado, se tira con la gente, es como nosotros. ¡Que guardaespaldas, ni que poronga! En su momento nosotros íbamos a cantar a las provincias y en los aeropuertos nos esperaban nuestros admiradores con banderas y jamás tuvimos guardaespaldas. Por eso nos gusta esa onda del flaco ¿viste”

En fin, un día el rumor va a venir al revés y una señora viajando en el 37 va a decir “¡qué barbaridad!” y todos van a empezar a repetir ¡qué barbaridad! y el flaco va a tener que abrocharse el saco. En ese sentido no creo que sólo sea una cuestión de que la economía crezca. Con Onganía, más o menos para la época del cordobazo se daba la mejor ecuación de salario y empleo de la historia, y sin embargo cayó y con Illia la economía no estaba para atrás y sin embargo cayó. Pasado un tiempo querés más o querés otra cosa.

Decíamos avisitos, digamos que existe algo que no tiene posiblemente antecedentes en el mundo, algo tan argentino como el chimichurri o las malvinas y es el canal PyE, Política y Economía, una señal que solo sirve para establecer una fusión formal a la relación económica y parasitaria de los periodistas con los políticos. Hay otro canales de cable que sirven para lo mismo, no seamos injustos.

Nuestro ciego principal se preguntaba alguna vez si hubiera hecho alguna diferencia que Suiza en lugar de ser una democracia cantonal fuera una monarquía constitucional. No, decía él, palabras más o menos, lo suizo del asunto no tiene que ver con régimen de gobierno.


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