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All You Need is Patria

18 10 2005 - 13:13

Empecé a sospechar de Costello, Elvis, cuando lo escuché hacer en el Supper Club el mismo chiste espontáneo que ya había quedado grabado en Chicago y aparecería después en Costello & Nieve, esa edición limitada de cinco disquitos con nombres de ciudades. Lindos discos, pero ¿no sabés hablar? ¿Te tenés que aprender los chistes?

Bielsa lo testeó antes por la radio y lo repitió en el debate televisivo, hace unos días. Le dijo a Macri:

—A vos el único derecho que te importa es el derecho a la propiedad.

Como Macri, además de todo lo que ya sabemos, es un poco lento, no respondió:

—Efectivamente. Y como a vos no te importa, me vas a regalar tu auto. A ver, dáme las llaves.

¿Habría mejorado la campaña con esa respuesta? Yo digo que sí, porque me conformo con poco. Sarlo quiere control ciudadano y desprecia el “dramatismo mediático”, como si hubiera alguno. OK, yo no veo la tele. Pero si hay alguno, está cerca de la idea de drama que impregna al cine argentino desde que tengo memoria, y en ese caso yo tampoco quiero. Un poco de drama de verdad, en cambio, nos haría bien.

Olvidemos el auto, y ya que estamos olvidemos también a Macri. Imaginemos escenarios más interesantes. Algún otro candidato menos inclinado hacia lo policial, idealmente Carrió, podría haberse negado a debatir públicamente con Bielsa si no lo palpaban de armas antes. ¿Por qué no? Uno tiene que estar muy mal para no cambiar su estilo de discusión ante alguien que porta armas. ¿Qué podía perder Carrió? Si al canciller no le encontraban nada, la medida preventiva no estaba de más. Y si le encontraban algo, quiero pensar que Carrió se anotaba un poroto.

Lo de las armas no es caprichoso. El propio Bielsa incorporó el tema a la campaña, sosteniendo que “hay que controlar con criterios muy restrictivos a quien fabrica, comercia, compra y usa armas de fuego”. Bielsa no es Charlton Heston, hay un criterio para estas cosas. Y Lilita cerró su acto de ayer diciendo:

Hay olor a victoria en la Argentina de los desarmados.

Entre lo del olor a victoria, que después de Duvall en la playa sólo puede remitir a Duvall en la playa, y la “Argentina de los desarmados” va a ser difícil superar una frase así de acá al domingo. ¿Pero qué quiere decir? ¿Quiénes son los “desarmados”? Sabemos que Carrió no tiene napalm. No sabemos si se refiere a eso.

Confieso que, hace unos veinte años, me gustaba poco menos de la mitad del tercer disco de Baglietto. Ahora me gusta apenas la cuarta parte, aunque es posible que el ratio se vuelva a equiparar retrospectivamente, si sigue la moda de covers en la línea Fabiana Cantilo Demuestra Que Todo Puede Ser Peor. En cualquier caso, lo que siempre me molestó bastante era el último tema del disco, una especie de blues marcial neofascista que entonces yo identificaba ingenuamente con la guerra de Malvinas, después resignifiqué para atrás via nostalgia temprana (no mía) de las organizaciones armadas y al final terminó siendo, muy probablemente, acerca de las dos cosas, dado que la letra la escribió Bielsa.

Por suerte uno guarda el vinilo viejo, porque cuando mencioné el tema durante una sobremesa reciente, los pocos comensales que lo recordaban estaban convencidos de que era al revés.

—No, hablaba en contra. Yo siempre pensé que hablaba en contra de la guerra—dijo uno—. Pero no sé si alguna vez escuché la letra entera, porque tenía un solo de guitarra largo en el medio que me aburría.

A mí me parece que no estaba tan mal el solo, dentro del ochentismo general del disco. El tema se llamaba “Amor en otras palabras” y terminaba con el sonido de la cinta de 3/4 girando a cada vez menos revoluciones, y después empezando a rebobinar. El rebobinado duraba apenas unos segundos, lo cual nos impedía indagar el tema al revés buscando mensajes satánicos. Ni hacía falta, porque los mensajes satánicos estaban al derecho:

Con esas manos de acariciarte la espalda
llevaré un fusil tal vez mañana.
Con esta boca que no encuentran palabras
que te besa
Llamo a gritos a mi gente
vivo a mi patria.

Y con estas piernas, las de irme temprano
marcharé si es debido a dar batalla.
Y con los mismos ojos de mirarte
apuntaré al corazón
del que me ataca.

Y este cuerpo que también es nuestro cuerpo
se pudrirá en la tierra, si me matan.

Así es cada hombre, así lo hicieron
con la alegría y el dolor sobre la espalda.
Un grito y un silencio, y un momento
para jugar en la vida a todo o nada.

Yo, que hasta ayer dije amor
ahora hoy digo Patria,
que es como decir amor,
amor en otras palabras.

Con la mejor de las voluntades (o con la peor, como Morales Solá) uno puede imaginarse a un Bielsa encandilado con su propia polera negra en la primera mitad de los setenta, resignado y nostálgico diez años después, escribiendo eso bajo la influencia de la época. Pero si veinte años después, y habiendo pasado por el menemismo, siendo un funcionario de la jerarquía que a él le toca, se presenta como candidato, a mí me parece que, como mínimo, tiene que pedir disculpas.

Consideramos la posibilidad de que Amor en otras palabras sea un costado vergonzante del pasado de Bielsa, algo que preferiría ocultar. Y no andaríamos ventilándolo con malicia si fuera así, pero Baglietto cantó El Témpano en un acto de Bielsa la semana pasada, una canción que Schmidt se sabe entera. Y entonces parece que te están gastando.

No sabemos si Bielsa mató a alguien, no sabemos si tuvo ganas de matar a alguien, hay un montón de cosas que no sabemos. El tema de Baglietto, sin embargo, está ahí, lo puede escuchar cualquiera. Hay que preguntarle.

¿Qué dice hoy, Bielsa? ¿Amor o Patria? ¿Patria o qué? ¿Siguen siendo la misma cosa? ¿El momento de todo o nada cuándo llega? Avisenós, antes, así salimos corriendo.

Mientras tanto, yo agradezco que los discos que transporto desde hace años de un continente a otro sigan enseñándome cosas. En este caso, por ejemplo, a quién no tengo que votar.


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