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Un Buen Trabajo

4 11 2005 - 18:36

Todos sabemos que una fiesta, un palacio, una gran empresa, un almuerzo de escritores o periodistas, un ambiente cordial de franca y espontánea camaradería, son esencialmente horrorosos; Citizen Kane es el primer film que los muestra con alguna conciencia de esa verdad.

Jorge Luis Borges,
Sur Nº 83, agosto de 1941

El jueves, la delegación Botánico de TP fue a la presentación de Justicia era Kirchner, libro cuyo subtítulo dice: La construcción de un poder a medida. Autores: Pablo Abiad y Mariano Thieberger, periodistas de Clarín.

El evento más aburrido de occidente en los últimos 2000 años, minuto más, minuto menos. Ocurrió en Florida 753, en el primer piso de las Galerías Pacífico. Para ser precisos, en el local de la Librería Cúspide que queda pegadito al Centro Cultural Borges. Entrada libre y gratuita.

Composición de lugar:

Diez filas de cinco asientos cada una. Unas 15, 20 personas paradas. 65 personas presentes. 80 con toda la furia.

El ambiente era mucha familia, periodistilandia de secciones Judiciales, Política y acaso País. Y esperábamos la llegada de Joaquín, para que se convirtiera en lo más parecido a un amigo que teníamos en el evento. No por nada habíamos pasado horas y horas leyéndolo. Algo de intimidad con él ya podíamos alegar. Joaquín es Joaquín Morales Solá y se apersonó en el local de Cúspide a las 19:13, 28 minutos después de lo acordado. Muy mal Joaquín. De un periodista de Página/12 lo esperaríamos, pero no del principal columnista político de la tribuna de doctrina quien, encima, tiene sus oficinas a no más de cinco cuadras. En el Kavanagh.

Hubiéramos querido que nos contara de Suez, de Corach, que describiera las escenas bucólicas en la selva tucumana allá por mediados de la década del 70, cuando los soldados descansaban del arduo trabajo diario tomando mate y contando anécdotas. No pudo ser.

Antes de su llegada, habíamos anotado en el reverso de la invitación al evento: Jugo de naranja, agua, coca cola, vino blanco y tinto (Rodas). A la derecha había una pila de libros de la colección Padre rico y estuvimos muy pero muy tentados de comprarnos Retírate joven y rico.

El target era ABC1 tirando a cincuentones/as y sesentones/as con componentes treintañeros, predominantemente femeninos. Mucho corredor norte. Para que nadie se impaciente, la empresa facilitó musicalización Musak para tener, guardar, y repartir. Algo brasileño imposible de identificar en estos momentos. Al mirar hacia delante se veían 68 ejemplares de un libro rojo del que sólo pudimos leer la palabra “justicia” porque estábamos en la última fila y somos chicatos (mala combinación). Era el libro que se presentaba.

En nuestra fila, a dos asientos a la izquierda, una señora (53 años, diría) tenía un ejemplar en la mano. Tía o suegra. Las bibliotecas rodeaban el salón. Preguntas relevantes: ¿por qué son tan feas las letras doradas que nombran los géneros de los libros en las bibliotecas de Cúspide? Peor aun ¿por qué el fondo que rodea las letras no es de madera? Así se hace millonaria esta gente, pichuleando cedro. Bueno, le están haciendo un daño estético al mundo. Sépanlo.

Terminado el momento de reconocimiento de lugar, y con la llegada de Juaco (traje azul, corbata azul con rajas rojas de dos tonos diferentes, medio jorobado, menos viejo y más flaco de lo imaginado) el periodista importante se sentó en la mesa con los dos periodistas aspirantes a la importancia a su derecha (Pablo Abiad y Mariano Thieberger). Llegó la hora de presentar el libro.

Empezó Juaco. Momentos cúlmines de su pensamiento vivo:
Lo primero es lo primero: aclaró que leyó el texto completo. Y lo elogió con un “tiene una redacción muy linda, vertiginosa.” Después hizo la definición teórica del objeto: se trata de un libro de investigación periodística sobre el trámite de renovación de la corte suprema en la era K. Esa obsesión periodística por recordar lo que ya todos saben. Bue. Dijo cosas feas sobre la anterior corte suprema “sin calidad intelectual, sin calidad moral.” “con un grado execrable de politización.”

After that, afirmó que los nuevos miembros de la corte nombrados durante el kirchnerismo tienen una cálida técnica y moral superior que los de la anterior. Pero el hombre anda impresionado por el intenso grado de politización del trámite de renovación de la corte suprema. Hasta ahí lo central es que al parecer la politización sería mala, y el ideal sería un mundo apolíneo sin conflictos de intereses.

Y llegó el momento que todos estábamos esperando:
Morales Solá estaba inquieto porque “hay que tener cuidado con las formas al introducir cambios en una institución de este tipo. Y no se cuidaron las formas.” El tema son siempre las formas. Como si fuera el jefe de ceremonial de cancillería y el destino del mundo dependiera de la calidad del foie gras que consiguió. En su visión de la historia, la conferencia de Yalta se podría haber ido al carajo porque Stalin se descompuso con el paté que le llevó Churchill de regalo.

Después siguió un ratito más (habrá hablado diez minutos) hipotetizando sobre que la conformación de la corte le parece buena, pero que en verdaaaaad la “voluntad íntima” de Kirchner no habría sido esa. Si K hubiese podido elegir respetaría mucho menos la separación de poderes. En algún momento se le escuchó algo como “voluntad genética” y fue poco más, casi nada. Nos perdimos cuando, para criticar a la gestión actual del gobierno, se remontó a algún nombramiento de Kirchner cuando era gobernador. El dato bomba de la noche fue que a un miembro de la corte que no identificó, el cargo se lo habría propuesto De Vido y no el Ministro de Justicia. Y ahí volvió el jefe de ceremonial indignado porque en ese caso se “eludieron las vías institucionales correspondientes.” La impresión era que estaba tratando de pegarle al kirchnerismo justo en el lugar en el que, hasta ahora, no hay mucho que criticarle.

Ah, lo anteúltimo fue que el libro “es un buen trabajo.” Con un gesto facial igual de impasible que sus palabras. O no le gustó Justicia era Kirchner o el hombre es de hielo. Y su cierre fue “El objetivo en ese sentido, está cumplido. Así que, Pablo, Mariano, Misión cumplida.”

Después les tocó a los dos autores y ambos agradecieron a Morales Solá y a familias respectivas, editora, compañeros de trabajo… Y los dos remarcaron que el trabajo fue “Muy duro”. Por suerte la victimización fue breve y no repitieron el concepto, ni se explayaron sobre lo mucho que habían sufrido. Parecían nerviosos como estaría uno en su situación, no hicieron ninguna declaración política y tuvieron la delicadeza de decir lo suyo en muy poco tiempo. La delegación Botánico de TP agradecida.

Todo el evento tomó el tono del presentador. Una situación de compromiso en donde todos hacían como si estuviera ocurriendo algo trascendental para la patria, pero nada pasaba. Motivos para esperar más había: estaban el principal columnista político de Argentina y dos periodistas del principal multimedio del país en un acto de presunta denuncia contra el gobierno de turno. Pero no se expresaron ideas que ayudaran a entender un poco más la situación actual, ni se les hicieron preguntas a los oradores. Pero las formas estaban bien: no hubo exabruptos verbales ni físicos (una pena), nadie se extendió en el tiempo al micrófono, la gente vestida de manera correcta, todos sonreían cuando tenían que hacerlo y ponían cara seria cuando la situación lo pedía. Hasta las bebidas llegaban en tiempo y, sobre todo, forma.


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