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Yo no sé qué me han hecho tus ojos

6 11 2005 - 00:42

En los años ’80 vi una peli de Sydney Lumet que se trata de un pibe obsesionado por encontrar a Greta Garbo, que se supone está viva y no quiere que nadie la vea. La película se llamaba Garbo talks!, y no me acuerdo cómo le pusieron acá, pero se llamó de manera diferente. Recuerdo que me había emocionado mucho. Sobre el final, aparece una supuesta Garbo, entre sombras y de espaldas, y a mí se me caía una lágrima por esa búsqueda tan intensa que tenía finalmente una recompensa.

Alguna vez pensé en volver a ver esa película, pero no sé si me dan ganas: tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con mi vida. Suele pasar que a uno le den vergüenza retrospectiva ciertas cosas que le gustaron en algún momento.

Una vez, muchos años después, me enteré de la historia de Ada Falcón, la cantante de tangos ceceosa de ojos verdes que fue una superstar en la década del 30, amante segundona de Canaro y que en 1940 se recluyó en Salsipuedes, Córdoba, y desapareció para siempre, mientras circulaba la versión de que se había hecho monja. Cuando me enteré, sin saber por qué, quise escribir su historia. Nunca pasé de un primer párrafo, pero sin embargo comenté este tema con Juan Carlos Gené, en ocasión de una cena improvisada en su casa. Recuerdo que me preguntaba qué era lo que me llamaba tanto la atención de esa historia. Yo balbuceaba algo respecto de renunciar a todo, pero no podía encontrar una respuesta.

En esta trasnoche, mientras escribo, se dan una serie de coincidencias. En canal 7 pasan la película que sobre Ada Falcón hicieron una chica y un chico acá hace un par de años, es el cumpleaños de Gené, con quien tengo ganas de hablar pero no está en Buenos Aires (y si normalmente, al tener una conversación con él en persona sufro como si me enfrentara a la peor sesión de psicoanálisis de mi vida, tanto más habrá de ser llamándolo por teléfono a larga distancia) y desde hace un día le vengo dando vueltas a la relación entre el Tren del Alba y el Charter Histórico, aquel del Operativo Retorno en noviembre del 72. Gené estuvo en ese charter, y quisiera volver a preguntarle sobre eso para ver si encuentro otra relación.

Toda esta jornada me la pasé elaborando párrafos cargados de teoría conspirativa que no le hacen bien a nadie y menos a mí, pero sin embargo no puedo darles otra dirección.

Hace algún tiempo, cuando apareció de repente Maradona curado, no pude terminar de creerlo. Ni siquiera pude empezar a creerlo, pero tampoco me interesa tanto. Circularon numerosos comentarios al respecto, aquí mismo en TP incluso. Hay algo inasible al respecto, algo que todavía no pudimos explicarnos, ni siquiera definirnos. Me cansé de darle vueltas al asunto y necesito desentrañar una parte siquiera, porque todavía no termino de entender si estamos viviendo en el mundo de los pirados o en el de los zombies. Siento que en esta etapa de cura se ha pasado de un estadío de pendiente sin retorno a otro de redención, y como Maradona es la argentinidad al palo, y de alguna manera se estableció la relación entre el Maradona decadente y la Argentina decadente, ahora que el pibe aparece curado me da la impresión de que surgiera la relación Maradona curado – Argentina curada, y entonces me da miedo.

¿Qué significa mi miedo? Voy a poner un ejemplo de los que relevé en el Página durante el día:

–La presencia de Diego Maradona cambia la escena. Le da masividad y calidad a esto. No es una iniciativa de un partido, ni de una fracción. Estamos pensando en serio en una Patria Grande –dice Miguel Bonasso, transpirado pero a todas luces feliz de esto que ya dejó de ser una idea y es efectivamente un tren en marcha.

No es solamente Bonasso el que utiliza al hombre metáfora para sugerir que eso le da masividad y calidad a la seriedad de su Patria Grande. Los comentarios posteriores corresponden a Sandra Russo (que viajó en el tren), y son laudatorios respecto de lo que considera un tren en marcha, con toda la multitud de significados que eso pueda abarcar.

En su nota, Sandra confiesa un poco avergonzada que quiso hacerse de la foto que le sacaron con el diez, a pesar de no haber sido nunca “feligresa de la Iglesia Maradoniana”. Intenta realizar una crónica imparcial, que permita sacar conclusiones propias (lo cual es raro en ella, que normalmente emite y sugiere juicios permanentemente), pero los comentarios de este tipo le dan un tono a favor que hace pensar que, o bien se convirtió efectivamente al culto de la patria curada, o bien se somete voluntariamente al poder del órgano de prensa del Régimen, para el cual trabaja. Lo cual, si a esta altura no debiera sorprender, no deja de producir escalofríos: ¿qué pasa si yo no me creo la cura?

Somos los mejores del mundo, de eso no caben dudas. Lo demostramos en el 86, con todas las de la ley. Sin desaparecidos en el medio, sin Malvinas. Con un plan Austral más o menos digno en curso, con dólar alto, con el triunfo del bilardismo sobre el menottismo, como suele avalar Víctor Hugo: la prueba de que haciendo las cosas bien podemos demostrar que somos los mejores. Dios es argentino es una frase ya gastada, que se repite bromeando, pero no es chiste: este asunto está metido en la cabeza de la mayoría de nuestra población. Con el ascendente que tiene el catolicismo en nuestra sociedad, calza perfectamente además la imagen de una encarnación de Dios en Su Hijo, que vino al mundo para salvarnos, para dar su vida y redimirnos en ese sacrificio, y que va a volver después de muerto para conducirnos definitivamente al paraíso. Que ya volvió, de hecho. Porque muerto estuvo de alguna manera, y éste que vemos ahora es como un fantasma bueno.

Antes de desaparecer de la escena por algunos días, Raffo le obsequió a la redacción de TP la siguiente imagen del afiche de una Fiesta Argentina que se realiza en Madrid:

A Ivana Steinberg le impacta la imagen por lo lúgubre de la fiesta: están todos muertos ahí, excepto Maradona, dice. Y entonces surgen las preguntas ¿está vivo Maradona? ¿se lo puede considerar una persona? Sí, claro. Por un lado, es una persona. Como ícono, sin embargo, es la muerte lo que le otorga esa condición que anda paseando por todas partes y que es la novedad y su omnipresencia: él estuvo ahí y ahora está acá para contárnoslo. Da un poco de miedo, sin embargo, la impresión de que un ojo puede salírsele de la órbita o que una mejilla puede empezar a temblarle de manera sospechosa.

Me sigue pareciendo un poco caprichosa la asociación “Perón Vuelve” (y el charter histórico Giussepe Verdi, de Alitalia, con las figuras de renombre) y “Maradona se cura” (y el tren del Alba, ídem), pero la idea del tren con personalidades encumbradas que acompañan al diez en su viaje de repudio corresponde a Bonasso, y entonces no me resulta tan descabellada. Más cuando el mismo Bonasso explica:

– No, no es el Tren del Alba porque amanece. Es el Tren del Alba por la Alternativa Bolivariana para las Américas.

Estuve escuchando la radio unos instantes, ayer a la mañana. Eduardo Aliverti parece haber estado en el mismo tren, o al menos haber asistido a la Cumbre de los Pueblos. Se la pasa criticando a los que se borran apenas caen tres gotas y lo señala específicamente a D’Elía, desestimando de plano la posibilidad de que el evento en sí fuera poco convocante puertas adentro, o simplemente aburrido.

Más tarde, Eduardo anuncia la emisión de bloques destacados del discurso de Chávez en la Cumbre de los pueblos. Lo que pasa entonces es un módulo de un minuto aproximadamente, en el cual se intercala una música caribeña con expresiones deshilachadas: (música) ”...se trata de salvar la vida en este planeta…” (música) ”...hoy enterramos al ALCA…” (música) ”...la construcción del socialismo…” (música).

Ya hace mucho que Aliverti hace este tipo de producciones para dedicárselas a sus oyentes, a los cuales debe considerar descerebrados que no pueden escuchar y entender un párrafo entero sin que se lo haga divertido. ¿O tendrá miedo de que la audiencia cambie la frecuencia si no hace producciones ágiles? ¿O es que hay que hacer el entrismo para la gilada, porque total los nuestros son nuestros?

La película de Ada Falcón se llama Yo no sé qué me han hecho tus ojos. Me puso muy triste. Se ve que los autores localizaron a la verdadera Ada, que a la sazón tiene como tres mil quinientos años (y no llegó a ver el estreno de la película, como a ellos les hubiera gustado). La mina se había mantenido el resto de su vida envuelta en misterio y anonimato, negándosele a todo el mundo. Logran entrevistarla, y en el paroxismo de la impudicia, la exhiben en planos interminables como si fuese un trofeo: una anciana muy anciana, que está más muerta que viva, no entiende nada de lo que le dicen y contesta entre muecas exageradas.

Cuando termina, aparece Morelli entrevistando a la directora (el director no fue), que dice que su sueño era que pasaran su película en ATC (vuelve a repetir ATECÉ aún después de la corrección de Morelli, que le dice que ahora es Canal Siete), y ahí ya no tengo dudas: no hay más respeto por los muertos.


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