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Bondistas retro

12 09 2004 - 18:05


“I sincerely believe the banking institutions (having the issuing power of money) are more dangerous to liberty than standing armies. My zeal against these institutions was so warm and open at the establishment of the Bank of the United States (Hamilton’s foreign system), that I was derided as a maniac by the tribe of bank mongers who were seeking to filch from the public.” Thomas Jefferson

Imagino que a esta altura todos hemos escuchado ya alguna vez a José Nun machacando con que, en la posguerra, el Plan Marshall significó una quita de deuda de más del 80% para la deuda países como Alemania, que de esa manera pudieron respirar un poco hasta empezar a funcionar otra vez. A simple vista, suena lógico que la Argentina aspire a que alguien se apiade y encuentre las similitudes entre la Argentina post-convertibilidad y la Alemania post-nazi, o entre Kirchner y Adenauer, o la que sea necesaria para obtener una quita semejante. Sería lindo y hasta, quizás, inteligente, pero el pesimismo recurrente me aleja de la esperanza nunística.

Había una vez, allá por 1790, un país con una flamante constitución y un flamante presidente, George Washington. Este presidente a su vez, nombró al primer Secretario del Tesoro de ese país: Alexander Hamilton. Don Hamilton era de los federalists, digamos los republicanos de hoy pero con pelo más largo, y se peleaba mucho con un tal Thomas Jefferson, quien después iba a fundar su propio partido. Resulta que Washington le encarga a Hamilton un fardo bastante complicado, ya que hasta hacía dos años no se cobraban impuestos y la Guerra de la Independencia (sí, sí, pero esta era de independencia en serio) les había dejado $75 millones de deuda en unos bonos llamados los Continentals.

Llegando a 1790 el país dejó de pagar capital e intereses porque no tenía un mango (¿suena conocido?), los bonos se fueron al tacho (¿suena muy conocido?)y se cotizaban a 15 centavos por dólar porque nadie creía que iba a cobrar algo alguna vez (¿suena conocidísimo?). El país estaba en bancarrota y necesitaba crear una base monetaria. Para lo cual, el ingenioso Hamilton sugirió empezar a pagar intereses de nuevo sobre los bonos, y que esos bonos se convirtieran en circulante. Pero como los intereses se debían pagar con esos mismos bonos, la base monetaria se achicaba y producía recesión. ¿Qué hacemos entonces? ¡Más bonos, más deuda!

Bueno, lo que tampoco se le escapó a Hamilton, era que los bonos en 1790 no los quería nadie y valían sólo 15 centavos—una picardía dejárselos a los verdaderos dueños cuando podían repartírselos entre los amigos. Y así fue, se enviaron cientos de agentes del gobierno federal a comprar los bonos a los tenedores privados por escasas monedas y, cuando juntaron todo, pasaron el Funding Act, los cambiaron por nuevos bonos a valor nominal y, ¡voilá! Esta plata pasó a constituir el Bank of the United States, o sea el primer banco central del país, los tenedores de bonos devinieron en stockhlolders y así, automáticamente, docenas de congresistas transformados en millonarios, ellos y sus decendientes.

Cuando vieron la movida de Hamilton, algunos como Jefferson y Madison pusieron el grito en el cielo, porque los legítimos tenedores de bonos, en general ex-combatientes que habían luchado por la independecia, no sólo no iban a participar del negocio eterno, sino que además les estaban durmiendo el 85% de lo suyo. Ay, ay, ay, los buenos de Jefferson y Madison no aprenden más. Lo que ellos no entendían era que pagar la deuda era lo esencial, y aunque no hubiera plata se iba a tener que pagar todo, porque esta era la única forma de reestablecer la confianza en el país y así volver a ser creíble y generar crédito y atraer inversiones. Jefferson y Madison se perdían the big picture: toda esta generosidad de pagar algo cinco o seis veces lo que vale, a unos pocos buitres que se querían hacer ricos a costa de los pobres rengos de la guerra de la independecia, se justificaba más que plenamente en aras de ‘recuperar la confianza de los inversores’.

Corriendo el cronómetro un par de siglos, parece otra galaxia pero es la misma ciudad. Hace unos días, la Cámara de Apelaciones de Manhattan le dió la razón (una vez más) al turro de Kenneth Dart que compró argentine junk bonds por $724 millones y ahora los quiere cobrar uno por uno en dólares, no en pesos como pretendía la Argentina. La Justicia del estado le volvió a dar la razón, ya lo había hecho el Juez Griesa el año pasado. Todavía queda la Corte Suprema…¡pero imaginate!

At the time, James Callender, reporter for The Philadelphia Gazette, wrote:

“The funding law was passed through Congress by the influence of a majority, who purchased certificates from the army at under value, and who voted for the law, with the single view of enriching themselves. It is firmly believed and loudly asserted, by at least one half of the citizens of America, that the funding system was devised, not for the sake of paying the real creditors but of wronging them. Hamilton planned. Congress voted. The president approved.”

  1. Mariano Siskind    Sep 12, 08:46 PM    #

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