Click here
Más Features

El fin de la vía (8) | El fin de la vía (7) | El fin de la vía (6) | El fin de la vía (5) | El fin de la vía (4) | El fin de la vía (3) | El fin de la vía (2) | El fin de la vía (1) | Néstor Kirchner, la (primera) película | Renuncio | Graciela Bevacqua | Testamento: 4.2 Memoria y Condición Humana |







Cancel

15 12 2005 - 17:31

De algo nos salvaremos en el futuro los argentinos, especialmente los lectores o pispeadores de tapas de diarios. Nos salvaremos de títulos como éste (“Ahora Krueger dice que el acuerdo está más cerca”) o éste (“El FMI dice ahora que el acuerdo está un poco más lejos”), malditas repeticiones milimétricas, como apuntes del movimiento de un caracol, con los que nos castigaron y nos hicieron la vida más difícil en los últimos cinco años. Desde 2000 hasta hoy pasaron 2.000 días de los cuales por lo menos mil tuvieron tapas con el FMI, y la mayoría no servían para nada, esa cartografía nanométrica. Así y todo, después del bombardeo, apretuje y desengrase de las siglas FMI en nuestras cortezas cerebrales, lo que sabemos acerca del fondo continúa siendo bastante poco. Es insólito, pero uno de los grandes fracasos del periodismo argentino de los últimos años es que aún después del diluvio, la mayoría de nosotros no sabe qué corno quiere decir “tener un acuerdo con el FMI”. [ Es esto: si tenés un acuerdo con el FMI pagás menos o no pagás nada pero tenés que hacer lo que ellos te dicen. Si no tenés acuerdo (si no estás en un programa) pagás lo que te prestaron en los plazos establecidos y el FMI tiene poco margen para decirte qué hacer. Esta explicación facilonga pero imbatible la leí una o dos veces en los últimos años, y siempre en los párrafos 25 o 38 de largas disquisiciones tácticas sobre si íbamos a pagar o no, si íbamos a firmar o no. “¡¿Firmar qué?! ¿!Por qué?!”, me preguntaba yo, me tiraba de los pelos, escuchando a Bonelli. ]

¡Pero todo eso se ha acabado! Somos libres: el ruido de rotas cadenas.

¡Fuera el FMI de la Argentina!, gritaron durante décadas los peludos muchachos trotskistas y los pelados señores nacionalistas, y en el día de hoy su sueño se ha hecho realidad. Estamos todos tan contentos que hasta es aburrido. ¿Qué sentido tiene echar al FMI si no hay nadie a las puteadas? ¿Qué sentido tiene echar al FMI si no hay fuego en la Embajada? López Murphy, el propio FMI, míster Bush: todos chochos. ¿Y ahora qué? ¿De dónde sacamos nuevas consignas con nervio y fuerza gramática? La paradoja del trosco que pidió lo imposible, se le dio (no del todo, porque abonamos) y ahora no sabe cómo sentirse. Pero no es sólo un problema de la así llamada far-izquierda: algo raro tiene que haber, ¿no? ¿En manos de quién quedamos ahora? ¿Quiénes son esa nube de fanstasmas que son ahora nuestros únicos acreedores? (Bueno, la mitad somos tú y tú y tú y yo con arrugas: las AFJP) ¿Pero el resto? Era lindo tener una cara a quien odiar, aun cuando nos prestara barato y nos acariciara el lomo en los momentos buenos y nos escondiera el platito de leche en los malos. Ahora tendremos NN. O Chávez. ¿A quién preferís de acreedor: a un banco anónimo y extranjero o a un coronel carismático y sanatero?

El otro día seguí el sorteo del Mundial escuchando la transmisión de Radio Mitre y me deprimí mucho. Hoy vi el histórico día por la pantalla de TN y volví a sentirme muy mal. Continúa resultándome incomprensible que Gustavo Sylvestre mantenga su trabajo como comentarista principal del noticiero principal de la televisión argentina [Digresión sobre el interés de seriedad de la televisión argentina: nunca, desde que tengo memoria, ningún canal tuvo un corresponsal en el exterior. Fox Sports ha tenido y tiene corresponsal en Europa, pero sólo de Deportes. Cerramos corchete] En fin, que la nadería oficialista, de pasquín, de propagandero (“Recordemos que el Gobierno está hace mucho planeando esto, no tiene nada que ver con que Brasil lo hizo el otro día”) de Sylvestre me deprimía mucho, y Kirchner se demoraba. Un corresponsal porteño de TP dice vía mail que Sylvestre

está ahí para ser la más brutal demostración de la caída de la Argentina. En 1966 Telenoche tenía de comentarista político a Tomás Eloy Martínez, en el 2006 lo tendrá a Sylvestre. Hay miles de ejemplos más de la caída, pero este es el que sale por tevé.

Bueno, deberíamos hablar un poco del FMI. A mí me dieron unas ganas locas de ir a festejar al Obelisco, pero como en esta ciudad no hay Obelisco y hace bastante frío, me quedé en casa. Todo el día de hoy (“Gran expectativa”, “¡Graaan expectativaaaa!”), con esa cosa tan argentina de la expectativa y el quilombeo y la irracionalidad y los entusiasmos pasajeros. Extraño esas cosas de Argentina: ese volverte loco, desesperado, excitadísimo de instensidad histórica, y empezar otra vez al día siguiente, como si no hubiera pasado nada. El 23 de diciembre de 2001 fui al Congreso a la asunción de Rodríguez Saá en chores y ojotas, con un amigo. Esa noche, en una comida de ésas en las que te sientan con gente que no conocés, concordamos con un abogado de treintipocos años, futuro abogado de Coto y de acreedores internacionales: “Hoy fue un buen día”. Ese día había sido la declaración del default: nunca más volveríamos a decir una cosa semejante. Es más, diríamos todo lo contrario. Pero esa excitación de hoy, esas horas hasta el anuncio, los saltimbanquis llegando al Salón Blanco, las entrevistas previas tipo alfombra roja de los Oscar, esa cosa argentina de “hoy puede pasar cualquier cosa”, me hicieron acordar a aquel día del Adolfo.

Cómo nos gusta la adrenalina.

Y esto de hoy, lo de pagarle al FMI, tiene mucho más que ver con las tripas que con el bocho. Es como cuando a uno le sobran dos mangos y paga de golpe las cuotas que quedan del Autoplan. La única idea económica que la Alianza consiguió implantar en las neuronas populares fue la del “Déficit Cero”: la lógica del almacenero, nos decían, no se puede gastar más de lo que se tiene. A la gente le pareció muy sensato, pero no anduvo: duró seis meses, hasta el default. El anuncio de hoy es parecido, es una sensación de alivio irracional que la gente (whatever that is, por supuesto) también va a poder hacer propia: pagar deudas es una de las emociones más intensas que puede haber. Ya no soñamos con prender fuego la inmobiliaria, ahora vamos y le pagamos; es casi lo mismo.

Me llama Semán, por fin, saliendo de una de sus múltiples clases, e interrumpe mi soliloquio inconexo y contradictorio. Jadea un poco Semán, porque está caminando por la calle y la térmica en Greenwich Village ronda los menos cinco centígrados:

Qué sé yo si está bien o está mal. Está bien, ponele, pero eso no es relevante. Lo relevante, lo que yo creo que hay que prestarle atención, es qué situación ha permitido que países como Argentina o Brasil dejen atrás al FMI. Y, todo esto dicho con las máximas precauciones, porque uno nunca sabe bien qué va a pasar, creo que es parte de un proceso histórico, una tendencia regional de países que articulan una cierta idea de nación, de soberanía… Pero siempre hay que ver quiénes ocupan los espacios que el FMI y los otros multilaterales evidentemente están dejando. Si los ocupan organismos privados con menos transparencia y el mismo poder de influencia te digo que no sé si es positivo.

Semán y yo ya hemos discutido en estas páginas sobre la famosa idea de Nación (a mí no me gusta mucho, a él un poco sí), así que estamos de acuerdo pero más o menos. Estamos de acuerdo en que no es tan importante: 10.000 palos ya no es guita. Que si Alfonsín hubiera decretado la independencia del FMI en 1984 eso sí habría dado vuelta la historia económica argentina, pero Alfonso no tenía guita ni cojones ni suerte. En fin, esto se parece a como cuando algún tenista argentino le ganaba a algún veterano de pedigrí pero ya viejo y titulamos “Gran victoria de Pirulo contra Chang (o Pat Cash o Thomas Muster)”, aun cuando Chang jugó en silla de ruedas. El FMI ya no es un enemigo serio: está en retirada, está podrido de nosotros, le pegan por todos lados, incluso desde adentro.

Disfrutemos nuestra erección nacionalista por el resto del día: vayámonos a la cama, tengamos nuestras poluciones nocturnas y mañana despertémonos como seres humanos normales. Con la última tapa, ojalá, del FMI.


————————————

Del mismo autor:
Loser Wins
La izquierda del tenis
Qué silencio
Hernanii Mundial #15
Hernanii Mundial #14
Hernanii Mundial #13
Hernanii Mundial #12
Hernanii Mundial #11
Hernanii Mundial #10
Hernanii Mundial #9