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27 12 2005 - 12:50

Papá Noel pasó. Dejó los regalos abajo de un pino plantado en la tierra. Al pino le habíamos puesto moños de papel crêpe rojo y lo iluminamos con una portátil desde adentro de la casa. Los chicos temblaban. Debo reconocer que yo también estaba medio en trance con la fantasía. Del pasado y la Navidad, extrañamente, lo que más recuerdo es la melancolía post revelación. Cuando me avivaron me costó mucho recuperarme. Me tuve que hacer a la idea de que ya era grande. No me gustó nada. Y cuando antes de ayer veía ese temblor en los pibes, automáticamente pensaba en el tiempo y en cómo se iban a sentir una vez que supieran que todo era falso. Me tentaba ir un poco para atrás. Pensaba en los psicóticos, en si tenían un momento en el que paraban y se decían: “No, todo esto es mentira. La realidad es otra” Me tentaba decir, bueno, hacemos como que viene Papá Noel. Jugamos a que viene un señor barbudo, etc. Pero no. Lo de Papá Noel es a todo o nada. Te dan manija, manija, manija con que sí, sí, te la montan toda la escena, con los paquetes escondidos, el ruido del trineo, ¡uy ladraron los perros! Me parece que escuché un cascabel. ¡Sí, pasó, pasó! ¡Vino Papá Noel! ¡Me trajo todos estos regalos! etc. En el medio del frenesí, no podía evitar pensar en la futura melancolía. Después, mi esposo me dijo que tranquilamente podía pensarse que Papá Noel sí existía, bajo determinada concepción del mundo, claro (recordemos que todo es relativo) y eso me hizo sentir un poco mejor.

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En el subte B hay una campaña de la Secretaría de Turismo para promocionar Cuyo. El cartel grande, un 3×7 probablemente, tiene las letras C U – O. La primera vez que lo ví, rápido, antes de entrar al tren, pensé. ¡Ah! CULO. Además, hace un tiempo que está de moda el humor tonto. Está lleno de comerciales con chistes de salón, jóvenes con aparatos en los dientes, ancianos tratando de arrancar un hidromasaje, cierto estereotipo de gente fea pero linda; tonta pero canchera: en suma, gente buena que pertenece a una familia que la acoge. Está de moda la candidez de los cincuenta pero revisada con el cinismo de principios de siglo veintiuno. Digamos que aquel aviso de Hitachi (qué bien se te ve) que veíamos como el “destape’ en la tv de los ochenta ahora es un chiste. Sigue la mina en bikini cabalgando, pero ahora es la fantasía de un adolescente nerd.

Decía que yo vi CULO y dije: Ja, a los de Turismo se les dio por la publicidad chistosa. Aunque debo reconocer que no me parecía muy efectivo ‘pegar’ una región geográfica promocionada como lugar de vacaciones con esa parte de la anatomía tan relacionada con las cosas que quedan lejos (el culo del mundo) o las cosas mal hechas (me salió para el culo). Pero, pensé (qué manera de pensar cosas vanas) que también era una parte que se relacionaba con la buena suerte (qué culo que tiene, se fue de vacaciones a Cuyo). Al otro día volví a ver el mismo cartel y me di cuenta de que el muchacho que yo pensé que tapaba la “Y” era la “Y”. Sus dos manos alzadas oblicuas hacían juego con su cuerpo y formaban esa letra. Ah. Después leí el texto con el que promocionaban Cuyo: “Ese lugar cuyo destino sos vos”. O sea, Cuyo no es un lugar (un destino), sino que es un lugar que tiene un destino: vos. Decodifiqué cualquier cosa. Lo que yo creí que era un guiño chistoso, en realidad era un error de cálculo.

Algunas personas más paranoicas que la media tienden a creer que todas las cosas en los carteles, y en las revistas y periódicos, responden a un plan. Que ponen algunas cosas acá y otras allá para sugerir alguna idea, para provocar deseos de comprar o de consumir determinados productos. Puede que fuera así alguna vez pero no ahora que los tiempos de producción son tan cortos. Eso creo yo, al menos. Además, qué old fashioned suena decir “subliminal” ¿no?

Existe la casualidad.

Como el papa, que cuando dio el discurso navideño tenía frío en las orejas y se puso el gorro reglamentario que es igual al gorro de Papa Noel. Es como pensar que hay un plan atrás de que en el gobierno todos se llamen Fernández. O que a Cabezas lo mataron porque tenía ese apellido y el gobernador era Duhalde. O que como es bueno que la gente esté contenta y toda la gente es de Boca, Boca sale tricampeón. O que detrás de los robos a los ancianos está la mafia banquera porque los jubilados no ponen la plata en el banco.

—¿Qué plata? Le dice una señora a otra.

—Los jubilados siempre tienen ahorros, —dice la señora más paranoica que la media.

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Es un buen momento para tener treinta años, sentar cabeza, armar el arbolito y esperar a Papá Noel.

Las modelos más famosas han vuelto a tener tres hijos cada una, todos lindos y con nombres de tres sílabas. Algunas prometen seguir agrandando la familia. La gráfica también compone por ahí, con esas viñetas que encierran caritas retro de señoras peinadas con raya al costado y faldas plato. Es moderno vestirse de tenista y de golfista. Lacoste y Fred Perry vuelven con todo. Lo mismo el rosa, el celeste y el verde agua. Lo femenino bien femenino y lo masculino bien masculino. No están muy de moda los homosexuales (a pesar de la boda de Elton John) Habrá que esperar unos años para que se vuelvan a poner de moda los sesenta y las minorías.

Se ha hablado incluso del retorno al hogar. De cómo algunas profesionales y ejecutivas habían decidido dejar sus empleos para ser stay-at-home-moms (SAHM). Que ser mamá es el mejor trabajo del mundo. Otras revistas ponen notas sobre el fenómeno del teletrabajo y sobre cómo cada vez hay más madres que trabajan desde el hogar (obvio, madres que tienen laptop y celular) lo cual da lugar a la aseveración de que no todas las madres que se quedan en casa trabajan, lo que da lugar a la vieja pelea de las amas de casa y su trabajo. ¿Qué, entonces, cocinar, lavar y todo eso no es trabajo? Sí. Eso es trabajo (busquen sino el titular de hace unos días donde el presidente por decreto firmó la jubilación para las Amas de Casa). Hay otras notas sobre las que un día eligieron quedarse en casa y ya no lo eligen más porque quedarse en casa es infernal. Desperate Housewives anda muy bien. Señoras con el lomo bien cuidado, alguna arruguita, pero todas estetizadas (cogibles, diría un varón, todas cogibles). Todas con problemas domésticos bajo los cuales hay una subtrama policial y chistes. Que se quedan en la casa o van a trabajar, que no aguantan a sus hijos, o que lustran la platería, o que son divorciadas. Pero todas son Housewives, eso sí. Las solteras ya fueron. Si querés solteras podés ver los re-runs de Sex and The City o las repeticiones del programa de Mauro Viale donde Samantha Farjat se pelea con Natalia de Negri.

Se trata de un movimiento desde lo personal a lo colectivo. Te cuidás vos, tu cuerpo, tu familia, tu casa y así expandís hacia a la sociedad. Desde la casa hacia afuera y no al revés.

Está de moda el Bien y tener familia. Los comerciales te venden en joda el sueño del chalet con la baranda de madera pintada de blanco y el sedán estacionado en la puerta. No están de moda la merca ni Coppola, ni Poli Armentano. Sin duda ahora es más cheto tener un vehículo familiar que tener una moto o una cupé. Discretas polleras a la rodilla, corpiños armados, bombachas como las de las gorditas de Dove, cosas modositas y femeninas. Mamá en casa haciendo una torta como Julianne Moore en Las Horas y papá en la fábrica o en la guerra. Está bien sacar un crédito, el equivalente a cinco sueldos, y arreglar tu casa. Pensándolo bien, paranoia y publicidad subliminal quedan fenómeno con ese combo.


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