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Livianos o cagones

3 01 2006 - 14:39

Es bueno comprobar que el disenso interno en TP tiene un correlato en el resto del mundo (o del país, al menos). No nos pusimos de acuerdo entre nosotros y tampoco se ponen de acuerdo los lectores. Los estilos son distintos. Por un lado, Manuel Trancón desglosa con minuciosidad nuestra conversación de ayer, de este modo:

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Interesanchi la discusión en TP sobre el despido de Pepe Eliaschev de Radio Nacional y la “censura” a la que, se supone, fue sometido. Me dio ganas de aportar un par de puntas a debate así nos seguimos peleando un rato más, que (casi) siempre es divertido.

A Eliaschev en este caso le aplicaría la siguiente lógica: ganó su espacio por amiguismo, contactos políticos y/o porque al que lo designó le gustaban su programas. No fue por un concurso abierto auditable como el que tendría que superar si quisiera entrar a la BBC. Eso quiere decir que si te rajan por enemiguismo y/o desaparición de esos contactos políticos o a alguien no le gusta tu programa, te la tenés que morfar. Él ganó su espacio con unas ciertas reglas del juego de país bananero. Ahora que, por una vez, no le benefician, se queja. Bueno, no. Hay que cambiar las reglas del juego, Radio Nacional tendría que ser una radio pública y no un arma política del gobierno de turno. Pero que no me vengan a llorar los que se beneficiaron hasta ayer de esas reglas del juego. 
Basta de victimizarse. 

Si un funcionario te pone a dedo y vos lo aceptás, después no te hagas el que estás en el ghetto de Varsovia sólo porque el dedo de otro funcionario te raja. Para ser principista, hay que serlo siempre: no aceptar un programa por izquierda, ni cobrar el sueldo en base a un porcentaje de los anuncios que se consigue tu productora (porque es la mejor forma de convertirse en un empleado de los anunciantes), ni explotar a los colaboradores con sueldos de hambre.

Ya que estamos, Pepe, no escribas más frases como “La cancelación de “Esto Que Pasa” de la programación de Radio Nacional es un duro golpe a la libertad de expresión en la Argentina.” No entiendo cómo alguien puede hacerse tanto autobombo sin ponerse colorado. También agradecería la no repetición de estos tres párrafos responsables de que el desayuno se me haya transformado en una patada al hígado. Dan ganas de censurarle la función cerebral que le permite escribir así:

“Viví exiliado durante diez años. Tuve que salir de la Argentina en 1974, durante el gobierno peronista, cuando la Triple A iniciaba la tarea que asumirían formalmente las Fuerzas Armadas en 1976.

Regresé en 1984, con la democracia. 

Hoy me han censurado. Pido su solidaridad y su apoyo. Con esperanza, sin miedo, pero con profunda preocupación por el futuro de la Argentina.”

Sí, está mal que un funcionario decida impunemente el despido de un empleado sin que exista otra instancia de control que pueda contrapesar el poder de ese funcionario. Pero lo estuvo siempre y una buena forma de combatirlo sería que periodistas como Eliaschev (que tiene experiencia y ganó suficiente dinero con la radio como para poder ser un poco más arriesgado) se acuerden antes de los principios.

Pasando a otra cosa, no estoy de acuerdo con el uso de Quintín de términos como “Stalinismo” o “fascismo” o los paralelos que hace, igual de desafortunados, con el proceso y la gestión pública del senador MacCarthy. Pero me quiero concentrar en el Stalinismo que Q asocia con el gobierno de Kirchner. Por ejemplo acá:

“Claro que los K no tienen un Gulag (por ahora) ni Alberto Fernández es Beria, pero no porque ninguno de estos personajes tenga la menor convicción democrática, sino porque la Argentina 2006 no lo permite, lo cual no quiere decir que la 2008 no lo permita tampoco. Pero igual, bastante grave es lo que pasa, donde el Poder Ejecutivo no respeta el pluralismo ni al congreso ni a nadie que se oponga aunque sea mínimamente a sus designios. La lógica de una situación así es el endurecimiento, no hay ejemplos históricos es contrario. En todo caso, volviendo al principio, es antes de que las cosas ocurran cuando cabe pedirles responsabilidad a los intelectuales, no cuando actúan para salvar su pellejo, su trabajo o su piscina.”

En serio, el “(por ahora)” es inaceptable.

Me preocupa la liviandad terminológica para comparar a uno de los gobiernos más crueles del siglo XX con otro que a esta altura del partido cuenta entre sus debe en libertades ciudadanas a un conductor radial despedido, una centena de pautas publicitarias canceladas y otra centena que aumentaron abruptamente. Ah, y a engendros como Iluminados por el fuego. Relacionar esos dos gobiernos es desconocer cómo funciona la sociedad en la que Quintín, yo y todos los colaboradores locales de TP vivimos. También ignorar la diferencia que hay entre que el Pepe Stalin te mande a pasear por Siberia y que el otro Pepe (Albístur) te levante un avisito.

Es el problema de las comparaciones en base a un rasgo en común de dos cosas casi opuestas. Entonces Q tiene que forzar las similitudes en algún punto entre Argentina año 2006 (o 2008) y la Unión Soviética en el 35 para así poder estigmatizar a K y los suyos. Con esa lógica el New Deal de FDR puede ser acusado de filo nazi o filo stalinista porque seguro que uno o dos rasgos compartían. Pero todo pierde sentido y proporción si no vemos cuán importantes son esos rasgos compartidos y cuán importantes los que los diferencian. Y ahí ya deja de ser tan fácil el uso discrecional que hace Q de “Stalinista”. (o la comparación que se le ocurre entre Dalton Trumbo, que fue preso, y Pepe Eliaschev, que perdió un programa de radio y el año que viene seguro ganará otro.)

En los términos en los que Q pone la situación, parecen haber sólo dos posibilidades: o sos Torquemada o sos un defensor del mundo libre. Por suerte, todo es un poco más complicado, ¿no?

Otra frase que me parece poco feliz es esta de Raffo “Claro que el gobierno de K se caga en las libertades civiles”. No sé, no se puede hacer una afimación general tan tajante sobre un gobierno como la que hace Huili sin explicar cómo, cuándo y dónde el gobierno de K se estaría cagando en las libertades civiles. Y si esos casos que uno detecta son representativos o no. Que se muera un chico desnutrido es terrible pero puede no querer decir que la desnutrición es un flagelo que azota el país. Creo que deberíamos evitar la tendencia clarinesca de sacar todo de contexto y darle la misma importancia al canje de la deuda que al despido de un conductor de radio.

Un poco eso.

Manuel Trancón

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Por otro lado, y en las antípodas, Sebastián Zírpolo cree que nos quedamos cortos:

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Gente de TP,

Qué raro está el periodismo progre. No se animan a criticar al Gobierno porque no quieren parecerse a La Nación, entonces inventan una obra de teatro sobre si lo de Eliaschev fue o no censura. Con Menem, por mucho menos, habrían salido a las calles. Qué jodidos estamos todos si: tenemos una prensa comprada (desde Página hasta Tenembaum, pasando por González Oro y “Zloto”) otra también comprada, pero por otros (La Nación) y otra no comprada, pero cagona, como (casi) todos ustedes. Igual los sigo leyendo, para aprender de ustedes lo bueno y desechar lo malo. Saludos.

Sebastián Zírpolo

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Es lo que hay, por ahora.


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