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8 01 2006 - 14:40

“¿Tenemos que asumir una especial responsabilidad moral hacia alguna gente sólo porque, accidentalmente, tienen la misma nacionalidad que nosotros? ¿Por qué deberíamos estar libres de responsabilidad respecto de quienes nacieron del otro lado de la cerca nacional? Lo que pierde toda legitimidad es la dudosa asunción de que esas responsabilidades son absolutas dentro de una frontera, mientras su ausencia es igualmente absoluta fuera de esa misma frontera.”
Ulrich Beck

A ver si empezamos el año con un espíritu más juguetón que el que signó las últimas semanas dentro y fuera de nuestro microclima. Que a quién querés más, a Sharon o a Eliaschev. Gorilas, nazis, censura, palos en la rueda. Whatever, man. Me encanta ver cómo se pelean los demás, pero se impone un curso acelerado de Chesterton, que TP organizará a partir de julio de este año en la casa de Preston Sturges, sabiendo que los lugares y las cosas aprenden más que las personas, e intentando revertir ese proceso. Vamos a cobrar caro, porque quienes más necesitan de ese curso tienen plata (a veces mucha más que nosotros), y por lo tanto ninguna excusa.

Wong Kar Wainfeld es el único que va a dar una clase (si quiere) y tomar otra (a la fuerza: la brigada Simone Weil se prepara para ir a buscarlo a su casa y sobornarlo con invocaciones altruístas a las que no podrá resistirse sin entrar en contradicción con todo lo que dijo en su vida). No podemos adelantar el contenido de estos cursos antes de que él nos confirme su participación, por mail o por teléfono. Pero digamos por ahora que su columna de hoy es suficiente para confirmarlo como candidato en ambas posiciones.

En la primera porque tiene toda la razón del mundo acerca de los desalojos bestiales en el chaco. El escenario de una oposición abroquelada a raíz de un atropello institucional (o varios) se tiñe de otro color cuando lo yuxtaponés al de policías a caballo, desalojando a tiros a familias de indigentes. Y si bien es cierto que, a nivel local, tanto el ARI como el Frente Grande (¿eh?) y algunas otras organizaciones manifestaron su repudio en comunicados y documentos, no es nada fácil encontrar alguna referencia a la represión del otro día en las instancias nacionales de los mismos organismos. El caso del ARI es particularmente triste: tres websites, uno más feo que el otro, todos concentrados exclusivamente en la figura de Carrió (que nació en el Chaco), con un afán chupamedias tan injustificado como descalificador del discurso de la gorda. Me hace acordar a los objetivistas. Si es tan importante la iniciativa individual, ¿por qué hacer un culto de Ayn Rand?

Es ocioso presumir cuál hubiera sido la reacción si algo similar o menor hubiera tenido como sujeto activo a algún funcionario o a algún militante oficialista. O si la represión hubiera tenido sede nacional o bonaerense.

dice Wainfeld, y otra vez hay que darle la razón, aunque tal vez por motivos distintos a los que él preferiría.

¿Por qué la oposición no se pronuncia en contra de la represión en el Chaco? ¿Y en contra de la violencia racial en Sri Lanka? ¿Y en contra de los muertos en los enfrentamientos entre policías nepalíes y militantes maoístas de Katmandú? Para no hablar de la violencia en Bagdad, donde —mientras sucedía todo esto, Chaco incluído— entre milicias Shiítas y bombas suicidas mataron a doscientas personas, de las cuales apenas 11 eran parte de las tropas del imperio.

Temo estar dando la impresión de que intento neutralizar la escandalización de Wainfeld por la vía del absurdo. Para nada. De veras pienso que la oposición (y el gobierno) argentinos son, ambos, responsables de sostener, por conveniencia, una visión del mundo congelada y obsoleta según la cual las diferencias entre el Chaco, Katmandú, Sri Lanka y Bagdad son mucho mayores de las objetivamente observables. Mi dedo es más grande que esa torre, decía Miguelito.

¿Dónde está el mapa que señala cuáles son las preocupaciones pertinentes? Uno no vota en Sri Lanka, pero tampoco vota en el Chaco.

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Todo esto me recordó el concurso para chicos “Hacia el Bicentenario”, organizado por la Secretaría de Cultura, cuyo premio no es un viaje al Chaco. Es un viaje a Buenos Aires. Las bases me habían fascinado, y no esperaba menos de los resultados, que acabo de descubrir en el site de la Secretaría.

Por algún motivo, la página lleva el título de “La Cultura Argentina hoy” (caps son de ellos), y hay que leerla entera, pero me tienta reproducir algunos fragmentos de los fragmentos de los trabajos premiados, con énfasis en premiados, para que quede claro que el ridículo no lo hacen tanto los chicos como quienes validan y alientan manifestaciones como estas:

“Salud al pueblo argentino
que el sol eterno ilumina”.
Con palabras repentinas
pido a Dios su bendición,
cantemos de corazón:
¡¡¡Viva la patria argentina!!!

—Veo que comienzas a caminar. ¿A dónde vas?
—A la Casa de Gobierno. [...] Primero voy a saludar al Señor Presidente, estrecharé muy fuerte su mano, y también le expresaré que sus pensamientos coinciden con los de nuestros próceres y con los míos. Me imagino que podemos caminar juntos por la Plaza con jóvenes de otras provincias del país, que no estamos solos, que somos muchos los que queremos cambiar la historia.

En nuestra historia hay páginas de violencia. [...] Aunque las formas de manifestarse sean diferentes (desaparecidos, cacerolazos, piqueteros, etc.), los reclamos son los mismos.

Lamentablemente no se consigna cuántos años tienen los autores de los textos. A partir de cierta edad, existe la posibilidad de que estén calculando cada palabra con la descarada intención de ganarse un viaje, tal es el grado de coincidencia con el Manual de Etiqueta Patria Kirchnerista. Si es así, tanto mejor. ¿Y si no es así? ¿Cuán hechos mierda están estos pibes? ¿Y por qué alienta el gobierno nacional este tipo de perversiones?

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No tenemos la más puta idea de qué es lo que pasa en el Chaco. La preocupación de Wainfeld es que a la oposición no le importan ni el Chaco ni los pobres ni, en fin, nada de lo que dice que le importa. Es una lectura correcta, creo, aunque limitada al punto de hacerlo merecedor de su segunda posición como alumno, en un curso altamente codiciado que te lleva a pasear por el mundo hasta que descubras que todo lo que creías particular es universal.

La lectura de Nun no la tengo, pero te apuesto lo que quieras a que la culpa la tuvieron el menemismo y la dictadura, y la respuesta es más federalismo y más nación.

Mi preocupación —seguramente también limitada, pero complementaria— es distinta: No tenemos la más puta idea de lo que pasa en el Chaco porque la Argentina es una entelequia y la identidad nacional una ilusión o una excusa. Y mi respuesta es otra: cosmopolitismo.

El primer problema que tengo para intentar convencer a alguien de este disparate es la falta de aliados. No es que no haya quienes piensen como yo en este punto, pero en general son gente que ha abandonado muchas otras cosas además de su creencia en los valores patrios — las preocupaciones sociales, entre ellas. [Convengamos en que el gobierno y la oposición tampoco parecen demasiado preocupados por la desigualdad social dentro de los límites de su canchita. Pero por lo menos entra en el discurso, cada tanto.]

No tengo tiempo esta noche para más que este daily-prefacio (le tocaba a Schmidt, cuya deserción denuncio con cierto grado de agradecimiento, porque me obligó a sentarme a pensar en un par de cosas), pero anuncio que me voy a poner a hacer los deberes sobre este tema, acerca del cual se sigue pensando y escribiendo hoy, aunque el ecosistema local (argentino) registre sólo las manifestaciones con dos o tres décadas de antigüedad. Menos chicanas y más ideas. Esa es mi resolución personal de Año Nuevo. Una de mis resoluciones personales, porque el mundo es vasto y la Argentina —y la política también, por qué no— son apenas un componente inevitable, como la vitamina E. Pero demasiada vitamina E te hace mal al hígado.


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