Click here
Más Features

El fin de la vía (8) | El fin de la vía (7) | El fin de la vía (6) | El fin de la vía (5) | El fin de la vía (4) | El fin de la vía (3) | El fin de la vía (2) | El fin de la vía (1) | Néstor Kirchner, la (primera) película | Renuncio | Graciela Bevacqua | Testamento: 4.2 Memoria y Condición Humana |







Prat Guy y Golden Boy

19 09 2004 - 03:43

Se fue Prat-Gay. O De Prat-Gay, como algunos decían, con celo por darle el mayor aire de respetabilidad posible.Y se fue de sopetón, como se van tantos en este vertiginoso gobierno, regido –ya es evidente- por el principio de la bicicleta. Sigue andando y no se cae, aunque va dejando caer algunas manzanas del canasto, aquí y allá, en su andar que a veces se hace desordenado. ¿Será el asfalto irregular de Ibarra?

Lo mandaron al rincón a Scioli. A confesarse, a Béliz. Y a Prat-Gay, de vuelta a la actividad privada, junto a su Sancho Panza Pedro Lacoste, a embolsar como consultor los dólares que el estado ya no prodiga en conchabos de 8 a 17.

Cuando fue lo de Scioli, el sopapo fue tan violento que casi nos dio lástima. Casi lo sentimos como un campéon en desgracia de esos deportes que le interesan a alguien. Ojo: suerte que lo pusieron en su lugar. Pero casi nos duele a nosotros.

Lo de Béliz, en cambio, lo disfrutamos. Plenamente. Al fin alguien (así fuera el mismo que lo elevó a rango ministerial) lo devolvía a la miseria de traga y mal compañero de la que –fingers crossed- no retornará ya a aleccionarnos, pretensioso como es él.

Parecido ( y distinto) con Prat-Gay. Porque se trata también de uno de los que la profesora más mala de la secundaria ponía de ejemplo, no sólo para retar a los que no estudiaban, sino también para poner en vereda a los revoltosos. A los del Centro de Estudiantes, por caso. Distinto, porque apenas pasó la fracción de segundo en que disfrutamos de que al fin lo retaran a ese que se portaba bien para pasarla mejor, nos enchufaron a Redrado, que hacía el mismo papel, pero en la división de al lado.

En un mundo en que la “independencia del Banco Central” se ha transformado en un dogma de fe, Prat-Gay quiso ser ungido con el óleo del representante del mercado en la tierra: o me das seis años de inamovilidad con mandato del Senado o bancate lo que venga. Bancátelo vos, le dijeron. Pero para no provocar al mercado (no es perfecto, pero que lo hay, lo hay), convocaron a otro pontífice menos lefebvriano, que se banca el vicariato, aunque no sea vitalicio.

Lavagna, que no la miró por TV, sonríe satisfecho. Después de una semana en la que intercambió gentilezas con el otro copropietario (Wainfeld dixit) de Hipólito Yrigoyen 250 y que amenazaba terminar sin que se supiera si ganaba el del 3º o el del 11º, embocó el gol de oro. Justo cuando la popular, aburrida, pedía la hora.

Pura ganancia, entonces, para Lavagna, que compró el pase del siempre bien dispuesto Redrado. Y (disgresión) también el del bueno de Miguelito Pesce, radical todoterreno que fue en pocos meses Secretario de Hacienda de Ibarra, enlace del Ministerio de Economía con el BCRA, Ministro de Economía de la intervención federal en Santiago Querido y Síndico General de la Nación. Y después dicen que Argentina no hay trabajo…

Así que del “inflation targeting” pasaremos a una política de dólar sostenidamente alto. Ajá. La tribuna se aburre, encore. Pero se vuelve a interesar cuando piensa en los dos, mejor no, en el único arquetipo que representan Prat-Gay y Redrado, que –bien mirados– son clones. Jóvenes Brillantes (de la Cámara Junior). Líderes del Mañana (de Revista Apertura). Vecinos Ilustres (del Rotary Club). Sobreadaptados, bah. Pero claro, la diatriba no obsta el hecho de que los dos se han interesado más por la cosa pública que muchos con tanta o más formación que ellos, pero con valores opuestos a los true believers de la década del ’90, que se han (la idea que sigue es prestada) autosecuestrado en sus casas. No es que campee la impunidad de los Golden Boys por exclusiva cuenta de éstos, los “nuestros”: pero ¡cuánto se les han facilitado las cosas!

Y el punto tal vez sea ese (para el análisis más urgente del día me remito a Julio Nudler). Es decir, que sigue pendiente el dejar de mirar por TV, o desde el balcón de los viejos gruñones de los Muppets, la danza y contradanza de los Redrado, los Prat-Gay o los Rodríguez Larreta y reclamar el lugar en la escena pública que la generación de los ’80 (los del siglo pasado, no del anterior) tal vez se imaginó ocupando algún día, hasta que alguna urgencia personal (o una multitud de ellas) o alguna promesa frustrada sirvió de excusa para dejarle el terreno libre a los que nacieron sabiendo que les tocaba mandar. Y siguen mandando, a pesar de que algún gobernante circunstancial se crea que los tiene a su servicio.

  1. Huili Raffo    Sep 25, 04:53 PM    #

————————————

Del mismo autor:
¡No me gorilee!
Blame Canada
I contrattisti sono così