Click here
Más Features

El fin de la vía (8) | El fin de la vía (7) | El fin de la vía (6) | El fin de la vía (5) | El fin de la vía (4) | El fin de la vía (3) | El fin de la vía (2) | El fin de la vía (1) | Néstor Kirchner, la (primera) película | Renuncio | Graciela Bevacqua | Testamento: 4.2 Memoria y Condición Humana |







Yoknapatawpha Vive

31 01 2006 - 11:18

El centro comercial de Polvorines es lo que se dice un hervidero. Siempre hay gente en las tres o cuatro cuadras del centro. La Heladería Chichi es probablemente el negocio más próspero de Los Polvorines. El 31 de diciembre por ejemplo tenían catorce empleados uniformados con chombas de piqué marrón despachando sin tregua. El quilo sale 11,90. La calidad es aceptable. La heladería, una esquina importante, está siempre llena.

También hay una zapatería muy próspera que vende zapatillas, zapatos y ojotas. Se llama Di Capri y vende marcas premium y de las otras. El resto es un gradiente de todo por dos pesos, ferreterías y pollerías. En el rubro alimenticio descollan las tiendas Eki y Dia%. El Bingo es la gran atracción de Polvorines. Se iban a ir a Pinamar en temporada, pero no sólo se quedaron en Polvorines sino que inauguraron varias máquinas tragamonedas nuevas. Gente jugando desde la mañana temprano hasta la madrugada. No tiene advertencias visibles de que jugar compulsivamente es perjudicial para la salud. Sí hay en Polvorines y en San Miguel carteles que alertan sobre el consumo de droga. Nunca entré al Bingo pero algunos miembros de mi familia extendida son asiduos concurrentes y me cuentan que en el Bingo te regalan el café y el vaso de gaseosa y que a la pizza individual te la cobran 1 con cincuenta. Mi tía, la que vive en Villa de Mayo, va a almorzar regularmente porque además de jugarse unos pesos en las maquinitas aprovecha para ir al baño con su bolso de ropa comprada a los coreanos de la calle Avellaneda y venderle a las chicas que trabajan en la cafetería del Bingo.

En la zona proliferan las carnicerías. Las verdulerías tienen lechugas, tomates, cebolla, papa y fruta de estación. No pidas radicheta, brócoli o palta. Si querés ‘cosas de la góndola del Norte’ andate a Fruit Pack, la verdulería más premium del mundo, ubicada en Polvorines, donde las señoras de los countries aledaños concurren con sus empleadas domésticas y gastan como locas en endibias, nueces, tomates disecados, espinacas, ananás y otros productos que cotizan a precio dólar. La verdulería, toda vidriada, tiene una barra de madera encerada, la fruta exhibida en la vidriera, aire acondicionado y servicio de entrega a domicilio.

Villa de Mayo no es un barrio de quintas, pero tampoco hay ningún edificio. Es un barrio de casas bajas, todas con terreno, algunas muy precarias, otras no tanto. Hay una zona donde hay algunas quintas. Tiene todavía cierta cosa rural: algunas casas tienen un caballo en el patio que les corta el pasto, y se lo pasan de casa en casa intercambiando comida (pasto) por jardinería. Gallinas también tienen algunas casas, lo que provoca que algún nene venga con una caja con huevos a tocar el timbre en las casas más acomodadas o quintas para vender los “huevos caseros”. También está María, la loca, una mujer que junta flores o frutas que no se consiguen en la verdulería —como frambuesas o higos— y los vende por 2 pesos o lo que tengas para darle. Un día mi tía, la que vive en Villa de Mayo, me contó que vino con un nene y que quería vendérselo. Nunca me quedó claro si fue un chiste o qué. El año pasado le compré un ramo de nardos, y varios quilos de higos para hacer dulce. Este año no la ví. No sabemos dónde vive María, ni de dónde se roba la fruta y las flores que trae para vender.


————————————————

No sé si fue Cariglino o su predecesor (tal vez otro también llamado Cariglino) el responsable de plantar palmeras todo a lo largo del medio de varias pequeñas avenidas. Como en Miami, pero en Malvinas. Las palmeras desahuciadas están flacas y desmelenadas. Son claramente palmeras del conurbano. Son palmeras menemistas (tendrán todas ellas entre 10 y 15 años) que resisten la inclemencia del clima pampeano. Crecen, sin embargo. Las calles también cambiaron de nombre. Mi casa, que estaba en Wilson casi esquina Maipú, ahora está en Eva Perón casi esquina Juan Domingo Perón.

Mucho más visionario fue el que decidió plantar las casuarinas que pueblan gran parte de Villa de Mayo y del Batallón probablemente hace más de 60 años. La casuarina es una conífera tan alta y frondosa que garantiza grandes espacios sombríos, a diferencia de la palmera, cuya sombra queda lejos del árbol por culpa del tronco largo y finito, y nulo en cuestiones umbrías.

En Villa de Mayo sufrí de una contractura muscular en la cintura que no me dejaba mover, la misma contractura que un mes antes me había mandado a la guardia de la Suizo Argentina donde esperé media hora para ser atendida durante cuatro minutos (tal vez menos) por un médico muy buen mozo que me hizo reclinar contra una camilla y me dijo:

—Seee, es una contractura dorsal. Es muscular. Suspenda toda actividad deportiva y tomese ésto (Diclofenac).

—Estoy amamantando. Dije yo.

—Suspenda la lactancia. Y hágase 10 sesiones de quinesiología. Chau.

—Ehhh—dije yo—. No voy a suspender la lactancia.

—¿Por qué?

—Porque no quiero.

—Bueno, entonces tómese ésto otro (Ibuprofeno). Chau.

Kinesiología: En el Centro de Traumatología dan los turnos cada diez minutos, lo ví en la planilla de la recepcionista. Evidentemente el Centro le cobra a las prepagas por consulta. Tienen alrededor de 20 cubículos, tal vez más. Después de una espera promedio de 25 minutos, te llaman y te acuestan en una camillita. Viene una kinesióloga que te pone un aparato en la zona dolorida, un aparato que supuestamente te da calor. Se va. Vuelve a los quince minutos, te apaga el aparato y vos decís: ¡Ahora sí! Un par de manos humanas van a masajearme ahí donde me duele. Qué lindo. La mujer comienza a hacerte eso tan esperado y te sentís re bien, te empezás a sentir mejor. Y ahí nomás te dice, bueno, nos vemos la próxima. Seguí con el calmante y no hagas esfuerzos. El masaje dura 11 minutos. Volvés a los dos días: lo mismo. Te cansás. Dejás de ir. Te preguntás ¿cuánto se llevará la pre paga Nubial por cada sesión? ¿Cuánto le pagarán a la kinesióloga que mientras me enchufa el aparato a mí masajea al del cubículo de al lado y mientras me masajea a mí enchufa al del al lado? Sospecho que a la kinesióloga no le pagan por paciente, sino que le pagan por tonelada.

En Villa de Mayo levantás a upa 12 kilos en un ángulo demasiado obtuso para el esfuerzo y te volvés a contracturar. Gracias al Ibuprofeno podés ir al almacén, pero no podés cargar la bolsa de carbón, entonces la almacenera te dice: ¿por qué no vas a lo de Elisa? Vamos, digo yo. Camino por la calle Cochabamba que supo ser de tierra y que corre paralela a la vía. Toco el timbre. En la calle hace mil grados, me abre Elisa, me hace pasar a la piecita del frente de la casa de sus padres donde vive y que adaptó como consultorio. Elisa me había adelantado que la sesión duraba una hora. En el consultorio lucía el diploma de “Masajista” otorgado por la Academia Parroquial San José Obrero. Elisa también parece un personaje de Faulkner o de Carson Mc Cullers. No le había preguntado cuánto me iba a cobrar. Mis amigas se habían cansado de recomendarme los servicios de un tal Gonzalo, osteópata (están de moda los osteópatas) que es “bárbaro”. “Cobra 100 pesos, pero vale la pena, yo llevé a los chicos también, porque los alinea”. Nunca me atreví con Gonzalo. Un poco por los cien pesos, otro poco porque me dijeron “no tiene turno hasta marzo” y porque pensé que mi cuota de medicina alternativa no cubierta por la obra social ya estaba bien con el Homeópata que en vez de recetar antibióticos ante cada infección diagnosticada por Swiss Medical Group da globulitos de fantasía. Conclusión: alertada por los honorarios del corredor norte fui a lo de Elisa con un billete de 100 pesos en el bolsillo del short. Elisa me amasijo con aceite una hora entera. Me dijo que si me dolía me pusiera frío. Nada de calor porque era muscular y no óseo. Que se yo. Me dejó diez puntos, perfecta. Sin una molestia, con ganas de ir a competir en las Olimpíadas.

—¿Cuánto te debo?

—Ocho pesos.

¿Para qué existe el Centro de Traumatología Colegiales? ¿Cuál es el sentido de hacerte ir 10 veces y darte 10 minutos de masajes por vez? ¿Por qué la sistematización del servicio siempre perjudica al usuario? Me dio vergüenza sacar mi billete de cien. No tenía cambio, así que no le pagué. A la tarde fue mi esposo a llevarle la plata pero no le abrieron porque ya estaba oscuro y él tiene barba, y es hombre y desconocido porque no todas son rosas en Villa de Mayo.

[page]

Página 2

Una mañana voy al Todo Suelto de la esquina a comprar coco y el muchacho que atiende está en pies. Lo acababan de asaltar. Me dice que ya lo habían asaltado hacía un mes y que el día que le entraron le habían echado el ojo al equipo de música, el que se le acababan de llevar junto con la Caja (30 pesos) y sus zapatillas. El del kiosko de al lado, que es pariente de la madre del pibe del Todo Suelto salió con un arma y se tiroteó con los chorros. Un desastre. Menos mal que no vine a comprar con los nenes, le dije y me fui a hacer el flan de coco. Esa misma noche un pibe de quince años mató al custodio de la Petrobras de la Avenida Perón donde uno va a leer el diario y tomarse un café con una media luna aprovechando el aire acondicionado. Pero parece que no fue un ladrón sino un ‘ajunte de cuentas’.

Al final del centro comercial de Los Polvorines está “El Batallón”. Se trata de la Vieja Compañía de Municiones del ex Batallón 601, un espacio público muy grande, descampado, con una gran arboleda de casuarinas y eucaliptos, un corral con ovejas, algunas vacas y algunos caballos que andan por ahí. Hay también una especie de vivero desmantelado y hasta el año pasado había una plantación de jazmines. Están todavía en pie los que supieron ser los depósitos de pólvora (aparentemente de ahí sale el nombre Los Polvorines). Si uno mira bien (o mal) descubre en el batallón los vestigios de un ex chupadero.

El Intendente Cariglino pone carteles por doquier con mensajes alentadores sobre la ciudad, el pueblo, la limpieza y su gestión. Cariglino construyó o mandó construir en el Batallón unos edificios, como casitas, nuevos, donde por ahora no hay nadie (y creo que nada) en su interior que tienen algunos carteles en el frente como: “Departamento de Gestión” o “Departamento de Desarrollo”.

Pronto en el descampado del Batallón construirán la Nueva Ciudad de Malvinas Argentinas, cabeza de Partido, donde se erigirá el Palacio Administrativo, un predio de cuatro pisos y 12000 metros cuadrados que agrupará toda la actividad burocrática del Partido. También van a poner por supuesto una plaza y una nueva iglesia. Hubo planes de construir allí mismo una prisión, “La Ciudadela Carcelaria”, otro proyecto que el Intendente Jesús Cariglino describe en su libro “Pueblo Chico” y que si uno “creyera” en las cárceles hasta podría pensarse que la idea no es tan mala ya que el moto es que los chicos (se trata de detenidos menores de 18 años) convivan en la ciudadela con sus familias, de modo que la cárcel emule al barrio, exista una comunidad, un ‘pueblo chico’ y la reforma se dé en un ámbito de no-segregación, aislamiento y separación de la familia. El libro también acuña el no tan bien recibido concepto de Patria Chica. De cualquier modo, la Ciudadela Carcelaria no será construída en el Batallón. Ahora el proyecto tiende a desear ubicarla en los terrenos de Campo de Mayo ubicados a la mano izquierda de la Ruta 202. Muchos kilómetros de buenas tierras arboladas. El año pasado Cariglino fue preso, acusado de estafa y malversación de fondos públicos. Salió y sigue en funciones.

———————————————

Mi tía me había dicho que en el batallón a veces había exposiciones y ferias, y que estaban las ovejitas. Y que era lindo para hacer un pic nic. En el Batallón trabajan los beneficiarios de los planes trabajar. Por ejemplo están en la puerta y te levantan una barrera para que pases o para que si es fin de semana no entres con auto y lo estaciones detrás de la barrera. En el Vivero abandonado se ven también algunos beneficiarios mirando todo y a todos con unos overalls caki, mientras fuman recostados sobre un terraplén. El clima del Batallón en días de calor es muy faulkneriano. Hay como unas montañanitas, bah, como unas lomadas, producto quién sabe de qué ¿una demolición tal vez? donde los chicos del barrio se suben y se tiran, se suben y se tiran rodando una y otra vez.

Un martes fuimos con los nenes y mi tía. Fuimos a ver las ovejas que estaban en el corral. Llevamos una bolsa con pan para darles de comer. Cuando se había terminado el pan me di cuenta de que todo el cerco del corral estaba cubierto por una planta de frambuesas llena de fruta madura que procedí a depredar de inmediato y que constituyó luego una gran mermelada. Estaba terminando de robarme las últimas frutas y mientras intentaba sacarme las espinas del dorso de las manos me pareció que uno de los guardias o no sé bien cómo identificarlos (probablemente otros beneficiarios del Plan Trabajar), en fin dos hombres que estaban como en una especie de garita mirándose y tomando mate le decían algo a mi tía. Pensé que estaban enojados por mi falta de civilidad, por atentar contra un bien público. Pero no. Mi tía les había ido a preguntar si había alguna actividad o exposición. Ellos le dijeron que no sabían, que se tenían que fijar. Y eso fue todo. No se fijaron, aclaro. Igual era obvio que no había ninguna actividad. La única actividad visible era la de los pibes rodando cuesta abajo por la montaña de barro. El lugar casi desierto salvo por los ‘guardias’, los pibes y un muchacho de unos veinte años, discapacitado mental, que era como el jefe de los de las montañitas y que nos miraba como si fuéramos aliens. Ni en pedo hago un pic nic acá, le dije a mi tía. Rajemos.

A veces la gente que vive en la provincia está acostumbrada a ciertas cosas que a los porteños de la Capital (y más si como dice Schmidt vivimos en el corredor norte) nos parecen extrañas. La verdad que la bolsa llena de frambuesas me provocó una alegría desproporcionada. Pensé en María y en que si yo fuera ella, agarraría la bolsa con la fruta y la ofrecería por dos pesos en alguna casa del barrio.


————————————

Del mismo autor:
Correspondencia Escolar (01)
Chapelco Devocional
Praise
Conmemoración Fashion
Ayuda
El Angel Exterminador
Putas #1
Venta Directa y Gripe del Pollo
Papel
El doble de Parlov