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Fútbol y Dictadura (low-key)

25 03 2006 - 09:41

Quiero hablar de la Dictadura y el fútbol pero no, la nota no va a señalar el hecho de que mientras Videla festejaba goles en el Mundial, a pocos metros de allí, en la ESMA, se torturaba y se asesinaba. De eso hay a patadas en la televisión, hay programas especiales por el 30 aniversario en el 7, en el 9, en Telefé y en el 13 y hasta en Volver, el canal de la Ciudad y en Much Music, todos hablan de la época del Proceso, de los desaparecidos y de la memoria.

Hace 30 años –exactamente el 23 de marzo de 1976—River jugaba un partido de la Copa Libertadores, si no me equivoco, con un equipo venezolano. Todo el mundo sabía que esa noche era el golpe, hasta lo anunciaba el diario La Razón en su titular tipo catástrofe, el mismo diario que estaba sobre la mesa donde yo me apoyaba mientras miraba a River. El 24 yo tenía mi primer día largo de cursada del primer año de Ciencias Biológicas en la Facultad de Ciencias Exactas: empezaba a las 10 de la mañana y terminaba, sin interrupciones, a las 21 hs. Mientras veía un partido aburrido, disputado en un estadio vacío, pensaba que me convenía que el golpe fuera esa noche y no la semana siguiente, así se demoraba el inicio de las clases. Ese pensamiento tipo Felipito es lo que me viene a la cabeza cuando se habla de memoria. A diferencia de lo que dicen los programas que invaden la televisión esta semana, en mis recuerdos no hay miedo ni angustia ni principios liberales sobre la libertad y las leyes, sino hartazgo y apatía, y en el centro de mis preocupaciones, siempre, el fútbol.

Ahora ya no soy aquel muchacho: he incorporado no sin vergüenza esos principios liberales que no solo yo ignoraba en 1976. Pero parece que el centro de mis preocupaciones sigue siendo el mismo. El lunes vi dos programas deportivos. A la noche, Tres en el fondo, conducido por Marcelo Araujo, Ernesto Cherquis Bialo y Julio Ricardo. Al comienzo nomás, Cherquis editorializa sobre el simpático papelón que hizo el referí Angel Sánchez en el entretiempo de River-Olimpo. Resulta que Sánchez se está por retirar en un par de semanas; termina su carrera por edad (los mismos 49 que calzo yo) y está peleado con el Colegio de Arbitros, con lo cual salió a hablar mal de todo el mundo sin demasiado miedo. No sé mucho de la interna de los árbitros (de eso debería hablar Quintín que los conoce), así que no sé quién tiene razón pero lo cierto es que la cosa es divertida. En el entretiempo del partido, entonces, mientras un notero le hacía una entrevista al marcador de punta Jorge Martínez, de Olimpo, Sánchez se mete en el medio de la nota y, ante el estupor de los participantes, dice: “Dejá de hablar de los árbitros, Martínez, a vos te desbordaron toda la tarde, no paraste a nadie, etc., etc” y lo fue sacando a los empujones. Lo cual si bien no es la más civilizada de las conductas, es infinitamente más entretenida que las declaraciones de rigor que hacen los futbolistas apenas terminados los partidos. Pero no fue eso lo que pensaba Cherquis mientras editorializaba ya que, lejos de cagarse de risa, que era lo que correspondía, relacionó el episodio con el “largo aprendizaje que los argentinos tuvimos sobre la libertad y el autoritarismo, bla, bla, bla”. De golpe y porrazo, otra vez, ¡fútbol y Dictadura!

Pero la cosa no termina allí, o más bien, había empezado al mediodía, solo que la dejo para el final por motivos puramente narrativos. En el programa Estudio estadio, de TyC, discutían Alejandro Fabbri, con Marcelo Palacios y Gastón Recondo, mientras miraba el columnista y funcionario (y ex arbitro) Javier Castrilli. En un momento, Marcelo Palacios, un gordo canchero y prepotente, cuya mejor carta de presentación es ser amigote del Diez, sacó a colación esa pésima costumbre de los jugadores de fútbol a reclamarle al árbitro que le saque tarjeta a los rivales. Y la verdad es que tiene razón Palacios, hay que ver un partido y que cada vez que alguien se cae al piso, salte como un resorte y haga la imitación corporal de la sacada de la tarjeta, como si estuviera jugando a Dígalo con mímica. “Es como dice Olivetto”, dijo Palacios, invocando a otro ex arbitro, “el fútbol se ha amariconado”.

Paso por alto todos los comentarios de rigor que indican que los maricones mucho no tienen que ver con el asunto, que la mayoría de los jugadores son heterosexuales irredentos y que la acusación más correcta es la de botonazos. Voy a pasar por alto todo eso porque inmediatamente le dieron la palabra a Castrilli, que se suponía que era “la autoridad” en el tema. El ex hombre de negro y actual hombre de la Democracia se acomodó corporalmente en actitud de autoridad pensante y dijo, con su gramática tortuosa, más o menos así: “Cuando un país ha vivido bajo la represión tanto tiempo y ahora tiene la oportunidad de peticionar ante las autoridades, yo lo veo esto que marca Palacios como algo totalmente positivo”. Muy bien no lo escuché porque me estaba riendo a las carcajadas mientras pensaba, ¡fútbol y Dictadura!


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El Síndrome Benito
Run, Hernanii, run!