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Espías

31 03 2006 - 18:05

Uno llega a Trelew cuando deja de ir hacia delante, por la Ruta 3, y tiene que bajar por una calle de asfalto; la ciudad es como un pozo –aunque arriba no hay nada se llega al mundo entero–, esa parte del valle termina definitivamente con los colores que le venían faltando a la Patagonia a lo largo del viaje. Hay algo triste en el descenso, triste y sin belleza, sin el placer de lo triste que tienen algunas cosas como una canción de desamor; escuchada a medias, por el ruido de los autos y las bocinas y la gente que habla, hace a los sentidos esforzarse para que exista un poco más. Mientras se llega –se baja– los sentidos retroceden, una leve sensación de ahogo al lado de la villa miseria; hay gente pero igual hay silencio como en la ruta; hay gente pero faltan colores. Después de eso, ya en la ciudad, uno respira y se pueden oír algunas cosas.

Juan Alff sabe que los marineros lo espiaron: “Nosotros estamos en esos papeles, tenemos datos”, me dice por teléfono, y hay ruido de bombos que se mezcla con su voz. Está en Trelew, en una movilización “por cuatro compañeros procesados”; él mismo tiene una causa por un piquete que hizo como dirigente de la Coordinadora de Desocupados “Aníbal Verón”. Hace un tiempo, hablamos de piquetes, como aquel que lo tuvo toda la noche en la ruta quemando gomas al lado de un aparato viejo, que consiguió y arregló unas horas antes, para saber qué se decía por LU 20.

La semana pasada, esa radio soberbia hablaba del espionaje después de los “mensajes al poblador rural”. Al señor Rodolfo Williams, de Paso de Indios, su suegra le comunica que es un varón y que están los dos bien. Después también, de los avisos fúnebres y de algunas noticias. El Juez Federal de Rawson salió a hablar de la denuncia que investiga, que fue presentada por el Centro de Estudios Legales y Sociales y a la que se sumó luego el gobernador Mario Das Neves, por las prácticas de “inteligencia interior” que realizaban las Fuerzas Armadas en la base naval de Trelew. Gracias al aviso de un militar arrepentido, con algún anticuerpo contra la obediencia ciega, se encontraron veintiséis carpetas con los nombres de varios dirigentes de organizaciones sociales y políticas; “nosotros estamos”, dice Juan. Jorge Pfleger, el juez que hablaba ese día, también:

–¿Qué dice su ficha?– le pregunta el periodista.

–Dice que tengo tendencias ideológicas ambiguas y que suelo tomar causas que tienen que ver con la defensa de los derechos humanos.

–Bueno, pero eso lo sabe todo el mundo– y sí, la ficha suena a fotocopia del diario “El Chubut” –¿Dice algo más?

–Sí, que no quise tomar causas referidas a la violación de los derechos humanos durante la dictadura.

Pero en qué quedamos, dice el periodista y Pfleger se ríe, sin ganas, como el que se ríe de una discusión de dos viejos borrachos pero por alguna razón tiene que intervenir; el espionaje tiene un peligro parecido –los borrachos tienen armas– y una incoherencia así, como la de un google militar, que recibió la orden de buscar “derechos humanos” por todos lados, sin tener en cuenta la falta de pertinencia ni de relevancia ni la incongruencia de la búsqueda mientras figuren esas dos palabras.

Cuando Horacio Gómez era intendente de Trelew salía en las tapas de los diarios casi todos los días. Una vez, en una foto que lo mostraba saltando un paredón en un barrio que había ido a visitar; frente a las críticas a su gestión, se jactaba de su “contacto con la gente” y así se lo veía, gordito en su traje gris, recorriendo boliches nocturnos. En esa foto, Gómez todavía no había llegado al suelo; en el aire, parece el afiche de una película que parodia a Matrix; en el aire como si el fotógrafo tuviera un trastorno de ansiedad y no pudiera esperar para hacer click; en el aire, como si los medios no pudieran perderse de mostrarlo así, mareados por el eco de ridiculización de De la Rúa. Gómez no había tocado el suelo, Gómez volaba. En agosto de 2004 abandonó su cargo precozmente y con el brazo enyesado, en camioneta: en la Municipalidad no hay helipuerto.

Según Clarín, uno de los informes militares sobre “un ex intendente” incluirían la frase “en cuatro meses más se muere de cirrosis”. Lector no-trelewense, que lee “espionaje militar” cerca de “muere” y de “conmemoración del golpe de 1976”; lector del diario digital, para quien la asociación está hecha en el nuevo recuadro de “claves del día”: esto no es un complot homicida, esto es un chiste. Después de espionaje militar y 24 de marzo, cerca de muere, el gobierno nacional se dio el gusto y la palabra celeridad (para echar a dos jefes de la Armada) fue escrita en las noticias de los días posteriores: el caos de Las Heras la había postergado un poco.

Tal vez haya una ficha con la foto de Juan, como la de la ministra de Defensa –al lado de su nombre, Nilda Garré, y no Liza Minelli–.

“Me llamo Juan Enrique Alff, nací acá en Trelew.”, empezó a contarme aquella vez cuando lo entrevisté por primera vez “A los 3 años me fui a Esquel, y a los 9 volví. Empecé a trabajar desde muy chico, a los 13 me fui de mi casa…me hice un poco entre los artesanos y un poco en la calle. A los 18 empecé a militar en el Partido Justicialista, después entré a trabajar en una fábrica y me dediqué mucho a los gremios, me hice militante. Pasado el tiempo se terminó el trabajo en la fábrica, entonces me dediqué a militar para los desocupados”.

La ficha podría decir, también, que tiene el pelo largo y usa gorra, que casi le oculta las cejas pero los ojos no; es como si la visera estuviera para atenuar su mirada oscura, directa como los rayos del sol al mediodía, y no para que él se proteja de esos rayos. Puede decir que anda en bicicleta, flaco, sin reírse casi nunca, con un pañuelo atado al cuello –un pañuelo “palestino”, quizás los militares busquen palabras así y las conozcan, ahora que hay tantas cámaras en Medio Oriente y vemos rostros cubiertos de telas con cuadraditos blancos y negros.

–¿Por qué empezaste a militar en el PJ?

–Porque yo vengo de una familia que es justicialista, mi viejo siempre lo fue. En Esquel nosotros vivíamos en el campo, era una clase trabajadora, éramos todos peronistas. Pasando en tiempo te vas dando cuenta de la realidad, cuando vas creciendo. Acá se ocultaron muchas cosas: cuando yo estudiaba de la Masacre de Trelew no se hablaba, por ejemplo. Un poco era porque recién entrábamos en democracia, el temor a los militares estaba todavía. Después con el tiempo te vas enterando de todo, vas leyendo y sabés cada vez más cosas.– En las carpetas que se encontraron en la base, hay fotos de los que fueron a ver el estreno de una película sobre la Masacre al cine Coliseo, hace más o menos un mes.

El que haya estado en la Ruta Provincial Nº 3 en invierno, de noche y sin auto, sabe que es posible morir de oscuridad. En la novela La invitada de Simone de Beauvoir, la protagonista cree que cuando no hay nadie en un lugar, éste y las cosas que hay en él no existen; en la ruta, las presencias esporádicas hacen que a pesar de ellas, ese tramo no termine de existir del todo: está la pincelada de cemento para que los vehículos salgan y entren de la ciudad, algunas luces, y quizás las matas petisas y amarillentas. Por eso, lo poco que hay es más irreductible y más insoportable: el frío es una única cosa con la oscuridad, y con el viento que aquí es donde toma carrera para empujarlo todo. Le pedí a Juan que me contra cómo es un piquete ahí.

–Yo entré a militar con los desocupados en el ’96; en el ’97 practicamos el primer corte de ruta acá en Trelew. Éramos 16 personas haciendo el corte. Se acercó el gobernador y nos dio algunas soluciones, pero a otros no nos quiso dar nada, y bueno, de ahí en más seguimos militando hasta que logramos formar una Coordinadora de Desocupados y mantuvimos un corte de ruta muy importante acá en Chubut, que fue estar seis días sobre la ruta para conseguir 200 puestos de trabajo. Y de ahí en más seguimos peleando contra este sistema que a nosotros nunca nos dio nada, en realidad siempre tuvimos que sacarle todo por la fuerza.

Las 300 personas que participaron del corte en el 2002 exigían la asignación de 296 puestos de trabajo pertenecientes al programa Jefes y Jefas de Hogar que en esta ciudad, a diferencia del resto del país, no son distribuidos por el gobierno sino por un Consejo Consultivo. (Éste está conformado por veinte representantes electos de distintas organizaciones de la comunidad –3 agrupaciones de desempleados, 3 sindicatos, 1 de trabajadores no afiliados a sindicatos, 4 organizaciones vecinales, 3 organizaciones confesionales, 2 de empresarios y 1 educativa– y entre sus funciones está otorgar créditos para proyectos productivos). La ruta, esa vez, existía demasiado: el asfalto, las luces, el frío, el hambre; las mujeres. Las gomas prendidas fuego y adelante, los chicos.

–Esa cantidad de días estás más que nada apoyado sobre la solidaridad de la gente. Cuando vos vas a un corte de ruta no tenés nada preparado. Si la gente está dispuesta a quedarse…no hay nada…nosotros votamos todos en una asamblea, la gente vota el corte de ruta y bueno…Cuando se decide el corte la mayoría está decidida a quedarse así llueva, truene o venga Gendarmería a reprimir. Hemos estado en la ruta un día entero sin comer y la gente ha aguantado. Lo más importante es que tengan comida los chicos y después…Nosotros pasamos mucha hambre en nuestra casa, así que pasar hambre en la ruta para conseguir algo no nos molesta para nada. Pero lo fundamental es eso, la solidaridad. La gente nos lleva comida, pero la gente de los barrios, políticos no se acerca ninguno.

Por la madrugada, Monseñor Gustavo Miatello se acercó a pedir que terminen con el corte, porque no sólo la ruta fría y oscura era una amenaza para los chicos, no sólo el hambre; se temía, además, la represión. El corte de ruta fue levantado y al día siguiente el Consejo consultivo votó por 17 votos a 1 el otorgamiento de los planes.

La represión:

–Acá intentaron reprimir un par de veces, pero Trelew tiene algo muy especial: que la Gendarmería, la Policía, son todos vecinos de los barrios, entonces nos conocemos un poco todos. Ellos tienen miedo a la represión, porque después la gente de los barrios puede ir y hacerles algo en las casas, o temen por la vida de sus hijos. En un corte de ruta, nos citaron a declarar. Y el jefe de Gendarmería dice que no va a reprimir, teniendo la orden de represión de la fiscal, porque dice que eso va a producir más daño del que en realidad se está produciendo por el corte. Entonces la fiscal le manda de vuelta una orden diciéndole que tiene que desalojar la ruta sí o sí. Entonces él le contesta: “nosotros tenemos veinte efectivos, necesitamos quinientos para desalojar la ruta, así que no vamos a reprimir”. Y la fiscal no puede hacer nada. El jefe de la Gendarmería tiene mucho miedo, porque nosotros le dijimos: “nosotros sabemos que usted vive en Codepro, usted vaya y cumpla con su deber, pero después aténgase a las consecuencias, porque esto no va a quedar así.”

Hoy le pregunté si sabía quiénes eran los espías: “Hay tres o cuatro que tenemos fichados, en Buenos Aires igual. Nosotros hace tiempo que sabemos”.

Desde hace algunos meses, están funcionando proyectos presentados en el Consultivo de Trelew; por ejemplo, la confección de ropa, el arreglo de plazas, hasta hay un grupo de contención para drogadictos. Muchos de los dirigentes sociales que llevan adelante estos proyectos fueron vigilados por miembros de la Armada de la base Almirante Zar, aunque es improbable que hayan anotado detalles como estos abajo del ítem “Carrera política pública”:

–Nosotros, siendo productores de gas, no tenemos gas en los barrios; no tenemos leña, habiendo un montón de campos. La gente pasa frío, pasa hambre. En el barrio INTA hay gente mayor que tiene un fogón, lo tiene en el patio porque no puede techar una pieza para tenerlo, entonces se calienta en el patio y después se acuesta a dormir.

A lo mejor sí hubieran anotado quiénes estaban el 24 de marzo pasado, cuando la Coordinadora y otras agrupaciones fueron a quemar gomas a la base. “Este viernes vamos a escrachar al que dirige la base a su casa”, me dice Juan, y parece el tipo de información que quedaría perfecta en una suerte de fuerzasarmadas_espionaje@hotmail.com, ávida de colaboraciones secretas –el silencio de lo escrito es lo único que se parece al secreto– con el guión bajo, muy bajo, de lo que está muy mal.


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Del mismo autor:
Hombres y Gusanos