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Diario del Bafici # 0

10 04 2006 - 15:57

En noviembre de 2004, mientras Flavia y Quintín se encontraban en Turín buscando películas para el Bafici, se enteraron de que habían sido despedidos (habría que decir eyectados) de su trabajo por el Maligno Dr. López, secretario de cultura municipal. No solo fueron expulsados sino calumniados mediante una campaña de prensa orquestada por el Maligno López y sus secuaces, el Taimado Pustelnik y el Mentiroso Sirvén, jefe de espectáculos de La Nación que en un artículo para la antología de la calumnia periodística llegó a escribir que los actos de Quintín merecían ser juzgados por la Corte Internacional de La Haya. Este ingreso en el surrealismo fue repudiado en el exterior e ignorado, e incluso celebrado en el ambiente local. Sin mucho que hacer, heridos por la maldad y la indiferencia del mundo circundante, Flavia y Quintín se refugiaron en la playa. Desde entonces viven todo lo felices que pueden en la amable localidad de San Clemente del Tuyú.

Hace poco, Flavia y Quintín se enteraron de que tanto el Maligno como el Taimado habían sido eyectados a su vez, a consecuencia de la destitución de su jefe, el Negligente Ibarra. Dado que las personas que los habían ofendido, insultado e ignorado no estaban más en sus cargos, se les ocurrió que tal vez podían volver a visitar el festival de cine que tanto los había entusiasmado desde sus comienzos, cuando lo dirigía el Aristocrático Di Tella. El tema fue objeto de un largo y acalorado debate: “Allí no nos quieren”, decía F. “Siempre nos divertimos”, retrucaba Q, “es lindo ver películas y encontrar amigos.” “No tenemos amigos y los que tenemos los podemos ver en otras circunstancias”, insistía F. Y así continuaba la discusión hasta altas horas.

De algún modo misterioso, la posición concurrencista se impuso a la abstencionista y se resolvió no solo asistir al Bafici, sino cubrirlo para la redacción de TP. F y Q partieron entonces en su corcel con destino a Buenos Aires.

Así fue como


abandonaron el cielo


el agua y la arena


para ir a la ciudad


Atravesaron pantanos,


llanuras,


ríos


y desiertos.


Encontraron puentes


cortados

,


estampidas de animales


salvajes,


pueblos fantasmas,


estaciones


desoladas,


trenes incendiados


para llegar finalmente


a terreno conocido.

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Página 2

Al llegar, un domingo a la noche, protagonizaron su primera actividad social, prometiéndose que esta vez no serían demasiadas, que el cambio de vida era demasiado brusco para estar saliendo todas las noches además de cumplir con la prometida tarea periodística. Tras haber prometido disciplina y trabajo partieron a una cena con el ex colega y siempre amigo Olivier Père, de la Quincena de los Realizadores de Cannes y Thomas Sonsino, el eficiente y generoso Agregado Audiovisual francés que tanto ha ayudado a todo el cine argentino y, en particular, a estos eternos disidentes. A los postres, se sumó otro amigo, Lisandro Alonso con su novia Rosa. ¿Será este encuentro entre Père y Alonso un indicio de que la maravillosa Fantasmas, última película del realizador se proyectará en Cannes? Pronto lo sabremos. ¿Será Alonso el único cineasta de su generación decidido a no aburguesarse y continuar haciendo un cine verdadero, alejado de la trivialidad comercial y el arte falsificado que practican la mayoría de sus contemporáneos? Tal vez el Bafici ayude a aclararlo.

Al otro día, lunes 10 de abril, había que ir a buscar las acreditaciones y, de paso, asistir a la primera reunión de la brigada TP/Bafici, a la que asistieron Esteban Schmidt, Romina Sánchez, Paula Conde, Manuel Trancón. Y Q sin la Pusilánime F dado que esta prefirió mandar a otro a reconocer el terreno. F tenía sus razones. De hecho, conseguir las credenciales fue un trámite atravesado por la hostilidad, ya que se les ocurrió, en principio, recurrir a la inexistente buena voluntad del Lobo Feroz y solo gracias a la intervención de la Flor Lilácea, fue que las acreditaciones se materializaron.

La reunión fue muy productiva. Pero Q volvió a su guarida provisoria con el ánimo un poco decaído. Al entrar a la oficina de prensa a pedir la bendita credencial, el joven empleado le exigió la presentación de un documento. Por supuesto, no tenía por qué conocerlo a Q, pero el momento fue simbólico de la sensación de que estaba en territorio definitivamente ajeno.

¿Lograrán F y Q sentirse bien en el Bafici y ejercer con alegría su tarea de periodistas que tanto los entusiasmó hace muchos años? ¿O la idea de que todavía hay felicidad para nosotros en el Bafici es un espejismo y una ilusión? Lo sabremos en los próximos días. Por ahora, Q trata de persuadir a F de que puede pisar el Abasto sin sufrir inmoderadamente. Tal vez lo logre.

Dentro de un rato, algunas recomendaciones para el Bafici 2006.

Esta nota es parte de nuestra Cobertura del Bafici 2006.


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Del mismo autor:
Diario del Bafici # 14
Diario del Bafici # 13
Diario del Bafici # 12
Diario del Bafici # 11.3
Diario del Bafici # 11.2
Diario del Bafici # 11
Diario del Bafici # 10
Diario del Bafici # 9
Diario del Bafici # 8
Diario del Bafici # 7