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Diario del Bafici # 2.1

12 04 2006 - 20:54

Finalmente se produjo. La Pusilánime se armó de valor y partió con Q para el Abasto. Allí en los pasillos nos aguardaban algunas caras conocidas. El Lobo Feroz nos recibió sonriente y, entre los amigos, encontramos a Jorge Belaunzarán, el único periodista que comparte con Q la fama de tirabombas y, especialmente, a Rafael Filippelli que nos aseguró que nos iba a gustar la película de la FUC A propósito de Buenos Aires que compite en la sección argentina y de la que fue supervisor o productor, no se sabe bien. Filippelli nos entregó también un cuadernillo que lleva el título “Qué pasa con el nuevo cine argentino (textos para un debate)” y en el que hay una ponencia suya. El objeto en cuestión, producido por el Lobo Feroz, es el punto de partida para una serie de mesas redondas a realizarse en el Bafici y que fueron programadas por el Aristocrático Di Tella. Leyendo los artículos a la vuelta del cine, Q se sintió bastante deprimido. Salvo honradas excepciones, como los textos de Filippelli y Panozzo, críticos e intelectualmente honestos, el resto es marketing y autocomplacencia. En esos artículos se intenta demostrar que el nuevo cine argentino es diverso y promisorio y, sobre todo, hacer que no lo molesten para que el negocio, que a esta altura no es otro que la integración de los nuevos directores a las formas de producción, presupuestos y subsidios del viejo cine, siga funcionando. Una frase memorable del artículo de Filippelli: “En estos últimos años he vuelto a escuchar una palabra horrible que fue muy usada por el ‘viejo cine argentino’ y que los nuevos directores de los 90 no pronunciaban y ahora empiezan a pronunciar: profesional.”


Filipelli lee el cuadernito.

En ese sentido, es también deprimente comprobar como ha aumentado el espacio de negocios en el Bafici, y este es ya un lugar de peregrinación para los buitres de la coproducción internacional. Hay una paradoja muy interesante asociada a este tema: al haber aumentado el costo del cine argentino, ha aumentado también la posibilidad de hacer negocios internacionales. Es cada vez más fácil que los productores que vienen al BAL (ámbito que centraliza el aspecto “industrial” del festival) se interesen en películas crasamente comerciales que en las películas de algún riesgo artístico. Basta ver en la lista de invitados al BAL suministrada por el festival la presencia de una delegación italiana de productores de material incierto acompañados por dos representantes del ministerio de cultura de Berlusconi. Y la de otra serie de productores españoles de tercera línea, que antes solían venir a un engendro llamado All Invest y que el festival trataba de mantener a distancia por su carácter decididamente mercachifle. Pero no tiene sentido quejarse más: la presencia de estos personajes es otra prueba de la consolidación institucional del Bafici. El festival ya es el lugar donde todo el mundo quiere estar y la presencia de todo el mundo trae consecuencias muchas veces indeseables. Para decirlo de otra manera, entre todos esos productores, distribuidores, agentes y funcionarios es muy difícil que haya alguno que vaya a ver una película. Están aquí para otra cosa pero ocupan el mismo espacio. En esa lista de invitados figuran 35 cineastas contra 70 productores, distribuidores, vendedores, etc. Un número elocuente.

Pero F y Q sí que ven películas o al menos tratan. La parte del festival que transcurre en las salas fue siempre la más agradable. Así fue como terminaron el día viendo 3 Ponts sur la rivière de Jean-Claude Biette, cineasta francés muerto en 2003 y del que el festival muestra tres películas. Biette y su película resultaron una agradable sorpresa y la posibilidad de acompañar a Jeanne Balibar (a la que F no le tiene una enorme simpatía) y Mathieu Amalric (al que F y Q le tienen una gran simpatía) en un viaje de París a Oporto que se revela, aun por sobre las películas de Oliveira como una ciudad extraordinaria. Ligera, aireada, agraciada, suavemente absurda, la película es una de las tantas que tiene al productor Paulo Branco siempre al borde de la bancarrota. Parece increíble que esas películas francesas, en las que no pasa nada importante, se financiaran fácilmente hace tan poco tiempo. Al compararla con la película alemana que Q había visto a la mañana, uno se pregunta si en el fondo ésta no se adapta un poco demasiado (como todas las películas “de festival”) a reglas del juego excesivamente comerciales. Esas reglas, cuando una película está “bien hecha” producen ese consenso por el cual ningún crítico, ningún programador, ningún productor se atreve a cuestionarlas. Una película como la de Biette, en cambio, divide las opiniones. Pero la de estos cronistas fue una amplia sonrisa.

Mañana, si los astros se alinean correctamente iremos Reflections de Yao Hung-I, Lucy de Henner Winckler, Shadow de Naomi Kawase, Svyato de Victor Kossakovsky. Incluso Q amenaza ir a las 0.45 a ver O bandido da luz Vermelha de Rogerio Sganzerla, famoso film brasileño de culto de los 60. Haya paz.

Felices Pascuas! La casa está en desorden.

Esta nota es parte de nuestra Cobertura del Bafici 2006.


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Del mismo autor:
Diario del Bafici # 14
Diario del Bafici # 13
Diario del Bafici # 12
Diario del Bafici # 11.3
Diario del Bafici # 11.2
Diario del Bafici # 11
Diario del Bafici # 10
Diario del Bafici # 9
Diario del Bafici # 8
Diario del Bafici # 7