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Diario del Bafici # 3.5

14 04 2006 - 01:16

1- Hay que ver Longing. Es verdad que una o dos veces en la vida, todos la pasamos peor que el protagonista pero lo que uno liquida con catorce botellas de Jim Beam y dos meses de análisis, éste, que vive en un pueblo de doscientos habitantes de Alemania se lo toma recontra a pecho. Resulta que sin querer queriendo se le armó un triangulito amoroso que lo puso tristísimo. El tipo es metalúrgico y bombero voluntario, la esposa canta en un coro y la ilegítima es camarera. No hay periodistas, ni diseñadores gráficos ni arquitectos en este cuento, es gente que labura, caga, toma cerveza y se complica la vida como cualquier cristiano. A la directora le dimos un abrazo al final de la proyección del miércoles por la noche, antes de que empiecen las preguntas del público. La primera de ellas fue, como es costumbre en la pampa, ¡una afirmación! que remató en pregunta. El señor del público se apresuró a pedir la palabra cuando se dio inicio a la escena del hablemos y a pararse delante de su butaca. Dijo en dos mil palabras lo siguiente: “nosotros acá (la patria) estamos acostumbrados a hablar mucho y en la película no hay casi diálogo” Pregunta, entonces, con setecientas palabras resumibles a “¿por qué?”. El boludómetro se puso rojo y aprovechamos, entonces, para escapar de la sala simulando que rompimos bolsa.

2- Es posible que Longing me haya parecido buenísima porque la película que vi el día antes fue “Sofá Cama”. ¡Diooo mío! Tanta guita invertida en colegios caros, universidades caras, hobby caro para que vos, Ulises Rosell, hagas una película donde un protagonista ansioso (en este caso de ganas de un desfogue) enciende la licuadora sin ponerle la tapa o carga un vaso de agua hasta volcar. Pierre Richard agotó estos chistes en 1973 en “Alto, rubio y con un zapato negro”. Hablando crueldades, “No toquen a la nena” de Jusid, año 1976, es mucho mejor y la idea es más o menos la misma, peso más, peso menos. Ojalá Rosell vuelva a El Descanso, que tiene muchas menos posibilidades de ser exhibida en El mundo del espectáculo que este verdadero mamarracho. Cecilia Roth –lo venía buscando- concretó la peor actuación de su vida. Premio Baficiamigo a los tres que se rieron de los chistes en la sala 9, repleta. E incineración de sus DNI, luego, porque esa gente vota.

3- Por suerte ayer recuperamos el espacio Levi’s en el hall central del Abasto shopping, al lado de la mesa de informes. Los baficihabientes cuentan entonces con una libertad más y una vergüenza menos, al poder plancharse en los tatamis a compartir las grillas con amigos y no tener que hacerlo de parados, con los incómodos dolores de espalda que pueden sobrevenir. El espacio Levi’s pone la altura del listón para el vestido de los asistentes. No podés vestirte por debajo de eso, sin desentonar. Pero hay quienes se visten de cualquier manera y no pasa nada porque el personal de seguridad en el Abasto es open-minded.

4- Por ejemplo, no metieron en cana a Brener que para la ceremonia de inauguración fue de traje y con una corbata de motivos búlgaros, el último grito de la moda durante la gobernación del titán Armendariz.

5- La fiesta de todos del día 1 en Gorriti Social Club fue triste como la agonía de Juan Pablo II. El lugar tiene grandes problemas de ventilación y todo tiende al azul, como esos flashes en cubitos que servían para las Kodak Fiesta. La cantidad de invitados superó ampliamente la posibilidad de la diversión sana y tiraban cerveza principalmente, una bebida que es una vergüenza. Tiene menos proceso que un pibe nacido en el ’84. La cola para robar una copa de champagne era dramática, nos hizo llorar, y automáticamente desistir de continuar en la reunión donde, además, era imposible conversar, entenderse. Fue algo del orden del justicialismo bonaerense.

6- Cada computadora de la sala de prensa del Festival tiene puesto en favoritos del Explorer a TP y en los historiales de cada uno aparece visitado Los Trabajos Prácticos al menos diez veces al día. ¡Lo que se podría hacer si tuviéramos guita! Aunque por plata tendría otra gracia. Menos.

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7- El proyecto 48 es una de las boludeces más grandes de la historia argentina. Es una “idea” que invita a concursar para filmar una película en 48 horas incluyendo el armado del guión, el casting, la filmación, la edición y la pospro (esssa). Tiene la genialidad de un campeonato de escupidas. Los portavoces de la idea son Gastón Pauls, el hombre que supo ponerle límites al crítico Horacio Bernades, y Julieta Cardinali, que usa anteojos de sol en la publicidad a la que habrá que acostumbrarse durante estas jornadas porque abre cada proyección. La otra publicidad dramática es la de Clarín que nos habla de su apoyo a un cine “hecho a pulmón”. En fin, ya todos la vieron, hacen explotar un galpón, dos tipos hablan y mueren en off. ¿Pero por qué poronga no gastan más si tienen más guita que los ladrones?, qué mierda tiene que hacer Clarín cosas a pulmón. No apoyen nada, loco. Fundan los bronces que están pegados en la bóveda de Roberto Noble que les alcanza para hacer “La guerra de las galaxias” o pongan en venta sus cenizas en Mercado Libre que capaz que algún enfermito se copa con mirar Canal 13 al lado de lo que queda de Roby.

8- “El culo te lo abrocho yo”, me dijo Sergio Criscolo y me vendió una entrada para ver “A tale of Cinema”, una película coreana que daban a las diez de la noche del jueves en el Atlas Santa Fe, un poco después del huracán que se desató en Buenos Aires y volteó miles de árboles. No pude llegar. Quería ver qué hace un coreano cuando no atiende un supermercado pero me tenía que cambiar la ropa, secar la bici para que no se oxide, y recuperar el optimismo perdido con el viento y la lluvia volando por Las Heras a contramano, pedaleando, como el mártir de Maratón. Criscolo, que llevará una de las manijas de mi ataúd, estrena el viernes a las 20.00 su película llamada El Exterior, un documental que cuenta su vuelta de Barcelona a la Argentina, y se pregunta sobre quién era él cuando había verduleros que venían de las quintas con olor a estofado y quién cuando se fue y lo que otros y él mismo se preguntan y responden al volver o al decidir quedarse a vivir fuera del país.

9- Entre otras, no habría que perderse el jueves 20 a las 18.00 chez Malba, “El totalitarismo argentino en imágenes 1930-1976” donde se recopilan cortos institucionales hechos por los distintos gobiernos militares que tuvimos entre esos años. Parece que hay un clip musical pacifista del gobierno de Onganía llamado “yo me pregunto, compañero”. Hasta donde a mí me da el conocimiento del CBC los gobiernos militares argentinos fueron más autoritarios que “totalitarios”, porque si bien ponían al margen la soberanía popular no buscaban acabar con ella para siempre, más bien querían sentar las bases para que la chusma primero, los peronistas después, “aprendieran” a votar. Los golpes se dieron en nombre de la Constitución. En fin, detalles. Pero donde esta posta del Festival se pone fiera en serio y de modo innecesario es en la mesa redonda posterior. Porque claro, “esto hay que hablarlo”. Y sientan a la mesa a Eduardo Luis Duhalde, secretario de Derechos Humanos de la Nación, que tiene un sumario iniciado en la Facultad de Ciencias Sociales por… (que lo cuente Mariano Mestman, programador del Festival y autoridad de la Facultad). Entre otros aportes a la humanidad, Eduardo Luis presentó a Jorge Baños y Gorriarán en Madrid, promediando los ochenta. Baños, que se había salteado los setenta, iba en busca de su tiempo perdido, y Duhalde que es un copado lo llevó de tapas con el pelado que tenía unos planes buenísimos. En fin, acá van a hablar de 1966 donde todos fueron inocentes. Por las dudas que la tasa de mortalidad por suicidios estuviera en baja en Capital, va a hacer uso de la palabra también Carlitos Ulanovsky. Por el cupo femenino, Sandra Russo. Como se ve y se siente, todos compañeros que no hacen del lugar común un estilo de vida. Quien quiera oír que oiga, y el que no, que se quede un rato a hacer algo de bestiario.

Esta nota es parte de nuestra Cobertura del Bafici 2006.


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