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La Gran Estampida

15 04 2006 - 14:27

Ya todo el mundo habló y escribió sobre un clásico del BAFICI: la gran estampida del periodismo sanguchero para conseguir entradas a las 10 AM, cada vez que abren las puertas del Abasto.

Ayer me tocó asistir a una de ellas como participante somnoliento, y estar al lado de dos guardias de seguridad que miraban todo como si los estuvieran rodeando alienígenas. Uno de ellos le dijo al otro: “¿Viste que era como te conté? Están locos. Estos matándose por entrar y nosotros que daríamos cualquier cosa por no venir. A mí me toca quedarme hasta las diez de la noche, macho.”

Después de la gran estampida llega el público que en cualquier fin de semana largo abarrota el Abasto. Más el público que abarrota el BAFICI. Mucha gente. Todo esto sumado al microclima particular de un Shopping que incluye música constante como por ejemplo hoy en The Coffee Store o The Coffee Shop o The Coffee Algo. El gerente estaba con ganas de escuchar a Britney. Todo bien con Britney, pero no dos horas seguidas el mismo disco.

La cuestión es siempre hacer cola, cola para sacar entradas, cola para tomar café, cola para mear, cola que cruzaba todo el pasillo del segundo piso y se metía en la escalera para ver Les Etats Nordiques, una película canadiense filmada bien al norte del país, en un lugar helado, con poca gente y donde nadie tiene muchas ganas de hablar de nada… Y el BAFICI es sobre todo eso, un montón de personas enfervorizadas por ver una película (o molestas porque se quedaron afuera). Pero si se estrenaran tres semanas después en el Cosmos o en el MALBA, probablemente no las verían. Un estado de hipnosis colectiva en la que muchos nos dedicamos casi dos semanas a cosas que el resto del año por lo general no hacemos.

El amigo Sebastián sigue siendo un soldado del cine e hizo más de dos horas de cola que avanzaba tan lenta “que parecía la firma de una escritura” (sic), para sacar entradas para ver la versión restaurada y con escenas nunca vistas de El acorazado Potemkin en el Colón. Cuando al fin le tocó el turno, cuando llegó a oler el aliento del boletero, cuando lo separaban de la gloria 5 pesitos y la impresión de un ticket… En ese momento se cayó el sistema. Luego de mucho rogarle al boletero, consiguió que le vendiera una entrada que justo había impreso por error antes de la catástrofe. Pero era para ir arriba de todo al fondo (¿paraíso?) y encima parado.

TP se lo cruzó ayer, después de que viera la película y lo interrogó sobre qué tal había estado el Acorazado Potemkin: “Y, una hora y media parado,” dijo por toda respuesta. A la hora 20 minutos debe haber empezado a putear por cada plano que restauraron y agregaron.

Otra fuente de TP, Paula, productora, estaba saliendo del BAFICI y escuchó la conversación en la que un desconocido le dijo al otro: “No tengo ni la más puta idea de por qué quise ser diputado. Fue el peor error de mi vida.” Quizás estuviera hablando de otra cosa, pero esas palabras del ignoto representante del pueblo confirmaron una intuición que teníamos.

Quizás lo mejor de los últimos días sea Jorge Acha en el documental Cinéfilos a la intemperie. Ante la pregunta sobre qué le producía terror en el cine, respondió: las escenas familiares.

Esta nota es parte de nuestra Cobertura del Bafici 2006.


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