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Diario del Bafici # 7

17 04 2006 - 23:02

F y Q vuelven cansados después de cenar con Paula y Max, directora y programador del FICCO, el festival independiente de la Ciudad de México. Ha sido su primera salida desde que empezó el Bafici. Nuestros cronistas hacen una vida monacal dedicada a este querido diario.

El lunes fue un día agotador pero fructífero que se inició con un mensaje de aliento del amigo Manu Yáñez, uno de los cinéfilos de la revista Letras de cine que los siguen en España cada madrugada. Incluso, pensaron F y Q, tal vez haya alguien que los lea en la Argentina. El lunes permitió también comprobar la teoría Portabella. Por lo menos eso se le ocurrió a Q después de tres películas. De la cuarta, Tierra seca, en realidad la primera del día, vio solo unos minutos de un video feo, sucio y cruel que le resultó intolerable. Así fue como llegó tarde a la última película de Perrone, Tarde de verano. La teoría Portabella es que, dado que ningún cineasta quiere jugársela y prefiere hacer una carrera, ya no se puede hacer cine. Lo que a Q se le ocurrió es que dado que no se hace cine, se hace otra cosa, que en el peor de los casos es cine falso (la gran mayoría de las películas) o algo que no es exactamente cine y que puede resultar más o menos interesante. Lo de Perrone, por ejemplo, viene al caso. Es un director que ha progresado respecto de sus comienzos, en buena medida, gracias a que en lugar de perder el tiempo en los pasillos del INCAA pidiendo subsidios para filmar cada tres años tiene un ritmo de producción mucho más urgente que lo llevó a construir una obra. En ella le toma el pulso a su pago de Ituzaingó a lo largo de la última década. Perrone es ahora más prolijo que antes, imita menos o se nota menos que imita, y sus películas son más finas, más sobrias, más alejadas del sketch y del costumbrismo. Tarde de verano es un buen ejemplo, un film sin diálogos que cuenta el romance entre una japonesa y un argentino, siempre en el barrio de Ituzaingó. Los personajes de Perrone se han aburguesado y ahora sus historias transcurren en chalets: la pauperización de la clase media suburbana parece haber quedado atrás. Tarde de verano es simpática, cálida e inofensiva, como el título. ¿Perrone hace cine? Solo hasta cierto punto, el de alimentar su propia máquina narrativa con combustible liviano, sin arriesgarse nunca a caer en una contradicción que lo involucre, que le plantee ir un poco más lejos que sus veloces pero altamente controlados ejercicios. Por eso, no llega a ser propiamente cine, apenas un simulacro o un cuentito, como tantos que en estos días involucran personajes juveniles. Es curioso, Perrone influyó en los uruguayos Stoll y Rebella, autores de 25 watts y Whisky, dos films caligráficos y altamente intrascendentes que parecen haber influido, a su vez, en Perrone.


El Agente Blenders Pride

La llegada de F permitió seguir comprobando la teoría con la película siguiente, Unrequited Love de Chris Petit, vista en compañía del Agente Blenders Pride. A partir de una novela de Gregory Dart, Petit construye un verdadero ensayo sobre el acoso y el amor no correspondido, acosa a su vez a los propios personajes de la novela con cámaras de vigilancia (nunca hay un contraplano en el film ni siquiera dos personajes en el mismo plano), va y vuelve entre el cine y la literatura, se ocupa de Jean Rhys, de Antonioni, de Hitchcock, del amor medieval, las rubias y de todas las posibles relaciones entre estos y otros items. El resultado es un objeto altamente sofisticado, inteligente, con una estructura llena de espejos y contrapuntos, que tampoco es propiamente una película sino un juego cultural que usa la tecnología del cine y su Historia para una especie de paper elegante, enunciado con displicencia británica y en el que no se advierte un gramo de compromiso. Petit no es un escritor ni un cineasta: es las dos cosas y no es ninguna. Otra no película.


Paula y Max

La tercera no película, también un juego interesante a su manera, también placentera como las dos anteriores, la vio Q en DVD a la tarde: Porno de Homero Cirelli, que previamente había sido injustamente defenestrada por Claudio Minghetti en La Nación y por Grégory Valens, del jurado Fipresci, en forma oral. Ambos juicios reforzaron la idea de Q de ver la película que se había perdido en la pantalla grande. Cirelli cuenta el rodaje de una película porno con gracia, con inteligencia y con refinamiento. La suya es una empresa muy difícil. Por un lado, el making of de una película porno sigue siendo una película porno: unos personajes se juntan en una casa aislada donde hay una serie de escenas de sexo separadas por transiciones tales como comidas o conversaciones. Eso ocurre tanto en el film de Cirelli como en la película que se rueda dentro de su película. Por el otro, Cirelli no quiere hacer una película porno y debe diferenciarse. Lo logra con una restricción que le impone a su cámara: no hacer nunca un plano de acercamiento a los genitales de los personajes, un elemento gramatical esencial en el género. Así es como la película muestra lo imprescindible para saber lo que está pasando. Por ejemplo, un plano de conjunto para saber que se está filmando una triple penetración, o el de los insectos que perturban la filmación de una escena en el jardín. Cirelli capta muy bien el clima de trabajo pequeñoburgués del cine porno, la camaradería y el cansancio, las dificultades y las alternativas del rodaje. Así y todo, se cuida muy bien de hacer una crítica, de despegarse de lo que muestra y, en buena medida, él termina siendo más un pornógrafo discreto que un cineasta aunque si hay algún director de la competencia argentina que entiende bien lo que es el cine, ese es Cirelli, a pesar de la aparente precariedad de sus recursos. Pero tampoco Cirelli se la juega y prefiere la intrascendencia amable y ambigua de Porno.

Son las tres de la mañana y las velas no arden. F y Q se despiden cordialmente hasta mañana.

Esta nota es parte de nuestra Cobertura del Bafici 2006.


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Del mismo autor:
Diario del Bafici # 14
Diario del Bafici # 13
Diario del Bafici # 12
Diario del Bafici # 11.3
Diario del Bafici # 11.2
Diario del Bafici # 11
Diario del Bafici # 10
Diario del Bafici # 9
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