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Sobre la poesía Tang

18 04 2006 - 02:18

Ante mi lecho un charco de luz.
¿La escarcha cubre la tierra?
Levanto los ojos y contemplo la luna.
Bajo la cabeza, y pienso en mi hogar.
Li Bai
Pensamiento en la noche serena.

Una de las diferencias más notables entre Europa y el “continente” chino es que, mientras que en Europa el medioevo significó la caída en los abismos del dogma y el oscurantismo, en China se dio lo que se conoce como el apogeo de la cultura clásica. Esto es, en rigor, el renacimiento chino: los primeros experimentos de apertura al mundo culminaron con un inmenso enriquecimiento cultural de la sociedad china, en parte por el comercio y en parte por las sucesivas invasiones, y con un acto reflejo que fue cuna de la más brillante de las eras culturales: el retorno a las fuentes de la tradición clásica.

Entre los años 610 y 618 la dinastía Sui, reunificadora de China unos veinte años antes, pagó el precio por haber desarrollado una fuerte clase militar: caudillos del ejército tomaron el poder en los miles de minúsculos caceríos y pueblos a lo largo del río Yangzi, y el comienzo de la “era del arroz” no redundó en nuevos impuestos y tributos, sino en el creciente poder de la clase militar, ahora devenida en política.

Hay que recordar también que durante la dinastía Sui, en particular bajo el mandato del emperador Yang, se construyó el Gran Canal (que hoy puede visitarse, 1400 años después, y ver en funcionamiento), se edificaron murallas de más de 350 kilómetros al norte del imperio, se exploró la isla de Formosa, y el expancionismo llevó a la flota marítima china hasta Sumatra, Vietnam, Corea y el hoy llamado Mar del Japón. Este período de esplendor se apoyaba en una clase militar que gozaba de beneficios y poder a veces brutales y absolutos, situación tolerada por el poder central, básicamente porque no tenía manera de modificarla.

El poder central encara entonces lo único que podía parecer razonable: inmensas expediciones militares a Corea. Si las campañas eran exitosas, ello significaría un beneficio. Y si no lo eran, al menos los altos mandos militares perderían un poco del protagonismo que habían ganado en las décadas pasadas. Notablemente, las tres expediciones encargadas por el emperador fracasaron, y entre otras desgracias, el imperio se ganó la enemistad del imperio turco, aliado incondicional del reino Koguryo en Corea.

Li Yuan (565-635), general encargado de la defensa contra los nómades y tribus turcas, se alía entonces con los invasores, conforma un ejército revolucionario y marcha sobre la capital, Chang An. El general Li Yuan, luego de tomar la capital, ya debilitada y sin ejército, se convierte en el emperador Gao Zu, el primero de la dinastía Tang.

El nuevo emperador y su corte, todos militares, conocían muy bien la situación interior, puesto que ellos mismos la habían generado. Por ello su respuesta fue la que mejor se ajustaba a sus intenciones reunificadoras: una brutal campaña de represión en el interior y en los valles del Yang Zi. El imperio se organiza entonces en diez grandes regiones, y la cosa comienza a marchar en relativa tranquilidad.

La historia que comienza en este punto, la historia de la China de la dinastía Tang, es larga y compleja. En ella se produjeron los grandes cambios que encaminaron a China a su particular modernismo, a su brillo industrial pre-revolución industrial. Algunos de estos cambios fueron: gigantescas obras públicas, especialmente canales, sistemas de riego y otras obras hídricas, establecimiento de un sistema jurídico y tributario unificado, y la restauración de los exámenes imperiales.

La capital del imperio, Chang An, hoy Xi An, tenía en la época Tang una población de un millón de habitantes dentro de la muralla. Por lejos, era la mayor metrópoli del mundo. Entre esos habitantes había no solamente chinos, sino también budistas de Corea y Japón, militares turcos, comerciantes de Arabia, India, Siria y Persia. Este cosmopolitismo y la ausencia de una verdadera conciencia nacional preocupaba a los administradores del imperio, y decidieron reflotar la moral, la ideología y el mito confuciano de la dinastía Han (206 aC – 220 dC).

Entre las instituciones que se vieron influenciadas por este clasicismo por decreto, estaban los exámenes imperiales. Y la medida que más modifico el espíritu literario y cultural de la época, fue la inclusión de la poesía como requisito para los exámenes.

Así, todos los funcionarios eran algo así como poetas al servicio del emperador.

En los casi tres mil años de poesía en China, la dinastía Tang fue sin dudas la edad de oro. La poesía era además un argumento para que los extranjeros preservaran su propia cultura musical, el recuerdo del pago: era muy habitual componer versos sobre la música de melodías extranjeras. La aparición de la imprenta, y el fuerte expansionismo Tang fueron de gran ayuda para la propagación de la poesía. Hoy se conservan más de 48.900 poemas Tang.

La dinastía Tang se divide, asimismo, en cuatro períodos muy claros. Tang Anterior, Gran Época, Tercera Época y Tang Posterior. Por ahora nos concentraremos únicamente en la Gran Época Tang (713-766).

Esta es considerada la Edad de los Inmortales Poetas en China, y su máximo exponente, nuestro objeto de estudio y el héroe literario absoluto en el imaginario chino, vivió en esta época: Li Bai (701-762).


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San Mao
El Poema Completo
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