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Unknown Indiscretion

18 04 2006 - 06:49

El mayor poeta de China es, sin lugar a dudas, Li Bai –también llamado Li Po, aunque lo correcto es, escribiendo en romanización pinyin, Li3 Bo2–. En China se lo conoce como el poeta inmortal. La tradición literaria atribuye a Li Bai alrededor de 1100 poemas. En occidente es también muy conocido, y los caramelos lipo habrían inspirado su nombre en una demasiado liberal traducción de las versiones japonesas de algunos poemas de Li Bai realizadas por Ezra Pound en Italia que, cuentan las malas lenguas, habría estado en la bibioteca del hijo de Francisco Leopoldo, creador del imperio del caramelo duro. El hijo de Leopoldo, apodado Cacholdo y llamado Carlos Leopoldo, habría sido un mediocre facista de barrio norte, y hasta habría salido a cazar obreros a punta de pistola con los chicos bien de otros tiempos. Para comprender, sepamos recordar que Pound, en su horripilante fervor fascista, creyó ver en los japoneses –y a decir verdad no se equivocaba– una higiénica veta de antisemitismo, y bajo el ala protectora de Mussolini dedicó largas horas a traducir con la ayuda de un funcionario de segundo rango de la embajada japonesa en Roma la versión japonesa de los poemas de Li Bai. Desde esta torreta desaconsejamos mayúsculamente la lectura de esas traducciones. Fuchi.

Li Bai, hijo de un mercante enriquecido a base de comerciar con turcos y sirios, habría nacido en el año 701 en la actual Tokomok, en Kyrgyzstan. Debido a las tareas del padre, la familia se mudó a la actual provincia de Sichuan. Estos movimientos tuvieron lugar en el 706, cuando el futuro poeta contaba con apenas cinco años. En Jiangyou, ciudad donde se establecieron los viajeros, funcionaba una gran academia de preparación para los exámenes imperiales. El ambiente que rodeó desde entonces a Li Bai fue de una gran intelectualidad, tal vez algo liberal para el gusto de su padre, quien varias veces intentó convencerlo de que abandone sus interminables preparativos para los exámenes y se dedique al comercio.

Después de algunos intentos fallidos en los exámanes imperiales (algo así como un CBC pero para entrar a la municipalidad), Li Bai decidió abandonar a su familia, y emprendió un largo viaje por China. En ese viaje mantuvo relación con Taoístas y Confucionistas liberales, en general apartados de la academia y el dogma, y aficionados al vino, la música y las reuniones entre hombres. Inclusive, hoy en día, en China, si se tiene la paciencia y el tacto adecuados, pueden encontrarse a los que sostienen que Li Bai es el primer homosexual, el abanderado de la libertad sensual. Pero, como ustedes se imaginarán, estas voces son apenas algo más que murmullos en un pasillo oscuro, casi imposible.

A lo largo de los años, envuelto en aventuras lujuriosas, viajes, vino y poesía, Li Bai construyó una personalidad que subyugaba y seducía a la conservadora y aburrida aristrocracia Tang. Finalmente, en el año 742 conoció personalmente al emperador Xuan Zong. El emperador, fascinado con esta misteriosa criatura que podía improvisar y escribir con una caligrafía degenerada poemas lúbricos y nocturnos, de temas siempre sensuales, con camas, vino y viajeros de paso, decidió ofrecerle un puesto en la academia imperial, como tutor de poesía personal del emperador.

Quisiera aquí citar las fuentes oficiales chinas en su traducción inglesa: “Li Bai remained less than two years as a poet in the Emperor’s service before he was dismissed for an unknown indiscretion

Así fue como Li Bai volvió a los caminos, ya convertido en un hombre maduro. Sus más brillantes poemas tienen su origen en esta agitada madurez. Más aun, y por si este gran hombre no despierta todavía su fascinación e invoca su simpatía, quisiera relatarles los hechos de la rebelión An Shi, de la que nuestro hombre participó activamente.

A finales de 756, las intrigas del palacio imperial desataron una rebelión de intereses irreconciliables entre Xuan Zong, el oficial Yang Guozhng y el “delegado” de los eunucos del palacio, don Su Zong. Los dos últimos personajes abandonaron la capital y sentaron la base de su propio autoproclamado imperio chino en distintas ciudades. Siguieron a estos acontecimientos cuatro años de guerra civil sangrienta. Los más románticos, como era de esperarse, se opusieron al emperador. Entre ellos, Li Bai, el viejo profesor de poesía.

La rebelión An Shi dejó un saldo directo de más de 32.000.000 de muertos, cifra superada recién doce siglos después en la II guerra mundial.

El bando de Li Bai, como corresponde a los poetas, perdió. Y Li Bai huyó al exilio, aunque la historia registra un “perdón” especial otorgado por su ex alumno y emperador.

Así, Li Bai volvió a Dangtu, la actual Anhui. Allí murió en 762.


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