Click here
Más Features

El fin de la vía (8) | El fin de la vía (7) | El fin de la vía (6) | El fin de la vía (5) | El fin de la vía (4) | El fin de la vía (3) | El fin de la vía (2) | El fin de la vía (1) | Néstor Kirchner, la (primera) película | Renuncio | Graciela Bevacqua | Testamento: 4.2 Memoria y Condición Humana |







Diario del Bafici # 9

19 04 2006 - 22:03

A la mañana, hubo un doblete de recomendaciones desafortunadas. Primero, Q fue a ver La sagrada familia del chileno Sebastián Campos. Hace un tiempo, en ocasión del Festival de Valdivia, Q había leído en la revista online Mabuse que esa película marcaba un antes y un después del cine chileno, era su despegue definitivo de la mano de un artista que desafiaba el convencionalismo de sus colegas. Mabuse es una revista cinéfila que a Q siempre le pareció confiable. Así fue como se ensartó. La sagrada familia no es un avance sino un retroceso: es teatro filmado con una cámara que se mueve todo el tiempo y una ensalada de religión, I Ching, drogas, Shakespeare, sexo, en un contexto costumbrista que intenta imitar The Celebration, pero más bien recuerda las obras de la década del 60. No hay un solo momento de cine en La sagrada familia. Como muchos directores recientes, Campos parece haber crecido en un ambiente huérfano de toda cultura cinematográfica, reemplazada por la vehemencia de algunas formas poco sofisticadas del teatro y las técnicas mal aprendidas del videoclip. Una película muy mala, subestándar. Cuando terminó la función, Carlos Landini, el veterano programador de la Sala Lugones, salió exclamando: “Al lado de esto, el miriñaque y el gofio son una novedad. Muchachos, hagamos un happening.”

La segunda recomendación fue para la película israelí, en competencia igual que La sagrada familia, Close to Home. Diego Lerer, tomando un café, contó que Caperucita Roja le había dicho que se trataba de un film extraordinario. Q lo había descartado porque tiene una muy mala opinión del mainstream israelí, pero decidió que no debería ser prejuicioso y allá fue. Close to Home no es solamente una película mala, es una película de propaganda del ejército israelí. Sus heroínas son soldados encargadas de patrullar Jerusalén, de registrar a la gente en los puntos fronterizos, de pedirle documentos a todos los que tengan aspecto de árabe, de hacer valer la presencia armada de Israel. La película está planteada como una mala serie de televisión sobre un cuerpo policial, donde las protagonistas tienen sus días buenos y malos (en los que maltratan más o menos a los árabes), sus familias, sus amores, su amistad, sus peleas, sus enfrentamientos con los superiores, etc. Como ocurre en muchas películas israelíes actuales, la población árabe no tiene derecho a la existencia cinematográfica más que como una masa anónima de sospechosos (que cada tanto hace detonar un explosivo) mientras que a los palestinos, directamente no se los nombra. Lo peor es que el film coloca al ejército en el centro del espectro político: los soldados tienen la penosa tarea de molestar a los árabes, e incluso de defenderlos contra el sector más fanático de los judíos: no son los artífices de la ocupación sini abnegados servidores de la patria siempre amenazada por un conflicto creado por otros. Como en todo film militarista, los jefes son severos y, al principio, parecen inhumanos, pero luego se demuestra que tienen razón y que la disciplina salva vidas. El logro de una camaradería inquebrantable es el eje emocional del film y no hay lugar para la disidencia, el pacifismo o la objeción de conciencia. La película es incluso tolerante con ciertas rebeldías, con ciertas debilidades. Es como dice Avi Mograbi: “Israel es una magnífica democracia. Siempre que uno sea judío.” Esa actitud de democracia selectiva, de apartheid religioso, de muy falso progresismo, es la que el film sostiene de punta a punta. La inclusión de esta película mediocre, convencional y reaccionaria, de este verdadero film de reclutamiento, en la competencia internacional es uno de los peores errores de esta edición del Bafici.


Las callecitas de Buenos Aires

Desconcertado, indignado por lo que acababa de ver, Q salió corriendo para el Atlas Santa Fe, donde debía encontrarse con F para ver Windows on Monday de Ulrich Köhler. Pero F, que iba camino del cine, tuvo un percance de los que no ocurren en San Clemente: un demente al volante le amagó con tirarle el auto encima, lo que le provocó un sobresalto mayúsculo y la hizo regresar a sus aposentos. Fue una lástima porque se perdió una de las joyas secretas del festival. El amigo alemán había participado del Bafici 2002, donde ganó algún premio que F y Q no recuerdan con una película extraordinaria: Bungalow. Q recuerda, en cambio, que Luciano Monteagudo la descubrió en el Festival de Berlín de ese año y, en una conversación telefónica, le dijo: “Creéme que esta película es para la competencia. No hace falta que la vean.” Windows on Monday, el segundo film de Köhler no es menos bueno que el anterior, apenas más discreto, más sutil, menos obviamente brillante. Ya que hasta ahora no se habló de Portabella porque los films de la mañana no califican para una discusión seria, hay que decir que Köhler es un cineasta capaz de la hazaña de suspender el tiempo y filmar planos cuyo misterio y belleza no necesitan de un guión que los unifique. En Windows on Monday, Nina, una mujer casada y con un hijo decide, más que abandonar al marido, ir alejándose del hogar. Primero se refugia en la casa de campo del hermano, luego en un hotel en el medio del bosque a donde llega sin siquiera una muda de ropa. Como en Bungalow, Köhler es un poeta del malestar, de una sensación vaga de inadecuación, de inevitable insatisfacción que sin expresarse nunca como tal es la de la civilización entera. Pero Köhler es además un mago: cuando la protagonista llega al hotel se encuentra con una especie de fiesta exclusiva que transcurre en una cancha de tenis cubierta. Allí, el gran Ilie Nastase juega un match de exhibición vestido de traje y corbata. Nastase es una leyenda de la época, no demasiado lejana, en la que la que el tenis de alta competición tenía algo de amateur, era una diversión para sus protagonistas, como lo era todavía el cine para algunos directores. Luego del extraño partido, Nastase aparece en la habitación de Nina con una botella de champán. Cuando ella le pregunta cómo entró, el tenista le dice: “Usando la magia”. Pero Nina no se deja seducir fácilmente: desnuda en la cama, le dice a Nastase que ella es también una profesional que ha sido contratada para seducirlo. Toda la escena parece una parodia de Lost in Translation filmada por David Lynch. En ese momento de la película parece que Köhler y Nina pueden extender su viaje onírico para siempre. Es un momento Portabella. El alemán filma unos planos luminosos, elegantes, deliciosos, perfectos. Y si el film no lo es, es porque hacia el final reaparece el argumento y tras una separación, el marido se consigue otra mujer y desecha a la casi arrepentida Nina. Q sospecha que esta es una concesión de Köhler al machismo de los que financiaron la película, pero no puede comprobarlo. De todos modos, es una de las grandes películas del Bafici y la prueba de que el nuevo cine alemán tiene no solo a sus Steffi Graff y Boris Becker sino a su Nastase. Hay una escena en la que el rumano dice lo siguiente: “Este es un país en el que se come bien, se bebe bien y se coge bien. Pero se toman el tenis demasiado en serio.” Todavía queda una proyección de Windows on Monday el jueves 20 a las 20.30 hs. en el Atlas Recoleta.


El Agente JB

F apareció recuperada y propuso un cambio de planes. En vez de Takeshis, la de Kitano, de la que había leído que era muy violenta y la Pusilánime no estaba para más sustos, sugirió ver otra película japonesa, pero que parecía que era mucho más inofensiva, ya desde el título: Linda Linda Linda. Además F había leído varias críticas en la web que decían que la película era muy mala y muy aburrida, “que no tenía un solo momento de tensión dramática” (_Variety_). “Esa es mi película”, dijo F. “Portabella”, dijo Q y quedó decidido que iban a ver Linda con la ventaja adicional de que quedaba una hora para comer. Así es como terminaron en McDonald’s. Allí descubrieron una insólita campaña que instaba al público a ser egoísta y las consecuencias que ese eslogan trae, ejemplificado, en el tamaño de una guardiana rubia que parecía haberse comido todas las hamburguesas. El capitalismo a pleno.

Q llegó al cine en mal estado. Se durmió media película con ronquidos y todo. Pero lo que vio le encantó y a F también, un poco menos porque la vio toda. Linda Linda Linda es la historia de tres colegialas japonesas y una coreana que forman una banda de rock en la escuela y cantan la canción del título. No pasa más nada. Es una especie de School of Rock boba pero encantadora, con planos bonitos pero realmente de cine y una ingenuidad que no chirría ni suena falsa. Es la contrapartida de Noriko’s Dinner Table, con sus adolescentes perversas y suicidas y los hombres lascivos detrás de ellas. Estas chicas y su entorno, en cambio, parecen existir en otra galaxia, en una especie de mundo paralelo al del Manga y los Yakuzas. Un mundo lindo lindo lindo. Un buen tratamiento para F. Y no solo para F. Todo el mundo salió contento de la sala. Era una Panozzo movie. De hecho, Panox fue el primero en recomendarla. En su momento, le envió a la Agente Gordette la siguiente lista con sus recomendaciones: “Las dos ‘Masters of Horror’ (Joe Dante y John Carpenter), El doble programa (¡maravilloso!) entre Shadow y Svyato, A Tale of Cinema, The President’s Last Bang, Three Times, The Wild Blue Yonder, Linda Linda Linda, La leyenda del tiempo, The Devil and Daniel Johnston y The Shoe Fairy.”


Linda linda linda

Después de Linda Linda Linda, F y Q debían encontrarse con Pétissé Pétissé Pétissé, pero este los dejó plantados miserablemente en un bar del subsuelo del Abasto, reducto de la Pusilánime. En realidad, el Agente Pétissé bajo la identidad del Agente Blenders Pride había asistido a la tercera mesa redonda dedicada al cine argentino organizada, como dijimos, por el Aristocrático Di Tella y Caperucita Roja. Esta vez, la cosa prometía, porque se comentaba que Mariano Llinás presentaría una ponencia explosiva. Finalmente, nada de eso ocurrió y, en cambio, la charla fue business as usual, según reportó el Agente JB que acudió en reemplazo de Pétissé. Q pensaba que si se trataba de discutir de plata, era mejor hacer una paritaria que un debate. A falta de Pétissé, se unió a la mesa la directora china que mañana presentará su segundo largometraje en competencia: Elemen To-liquido. Chen estaba super ansiosa y excitada antes de la première. Cuando F y Q se retiraban definitivamente se toparon con el programador belga Cis Bierinckx y con los cineastas Ana Poliak y Alejo Taube, contento este último porque venía de ganar uno de los innumerables premios del BAL, allí donde reina la Bruja de Orange.


Taube, Q, Bierinx, Poliak y Chen


Verónica Chen

Luego de varios años, F y Q volvieron a repetir una experiencia. Ser llevados a sus cuarteles generales por la directora china. La primera experiencia fue traumática. Es que en Pekín, en ese tiempo, todavía no había automóviles sino rickshaws y bicicletas y el tlánsito de Buenos Ailes la intimidaba. Pero ahora es una eximia conductora. Y mañana es su gran día.

Esta nota es parte de nuestra Cobertura del Bafici 2006.


————————————

Del mismo autor:
Diario del Bafici # 14
Diario del Bafici # 13
Diario del Bafici # 12
Diario del Bafici # 11.3
Diario del Bafici # 11.2
Diario del Bafici # 11
Diario del Bafici # 10
Diario del Bafici # 8
Diario del Bafici # 7
Diario del Bafici # 6