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Diario del Bafici # 10

20 04 2006 - 21:53

De madrugada, la redacción de TP recibió un mail de Nahuel Pérez-Biscayart, protagonista de Glue, que se transcribe a continuación sin cambios, no sea cosa de que este site sea acusado de insensibilidad respecto de las heterodoxias gramaticales.

“le sugiero señor quintin, que se interiorice un poco en los procesos creativos de las películas antes de generar juicios huecos y sin argumento. la leyenda “esta película fue improvisada por…” de la película glue hace referencia a un tipo de mecanica de trabajo que quiza ud, desconoce. la improvisación no se trata de crear escenas en el marco de la nada, por lo gral hay pautas que orientan y ordenan el trabajo. Esas pautas son dadas por un director, que es la cabeza rectora del proceso…. por lo tanto, lo de “improvisar” se trata de que las escenas fueron DESAROLLADAS Y DIALOGADAS por los actores, pero el transcurso de la ACCIÓN (y la idea como usted dice) estaba designada por el director. el inicio y el fin de cada escena estaba digitado previamente. sino no hay relato posible.
y con respecto al homoerotismo, a la deshonestidad y a la pasteurización, me apena que no pueda tener la sensibilidad necesaria para acercarse a historias ambiguas cuyos limites se pierden en el deseo de los personajes, y termine mezclando familia con amigos, cuando en glue justamente se trata de dos líneas independientes que se complementan en la totalidad de la narración…. ninguna de las dos aligera a la otra, sino que CONVIVEN y se potencian en los restos de la otra.
triste es que necesite la definición total de la película en “homoerótica” o “heteroerótica” y no soporte el límite desdibujado del devenir sexual de los personajes. triste es que no disfrute la atracción entre tres y necesite titular de cobarde o malintencionada esa elección.
claramente el origen de sus argumentos es chato y prejuicioso.
un saludo, nahueL-”

Al parecer, los ánimos se están caldeando. Por ejemplo, varios de nuestros agentes reportaron que la última mesa redonda sobre cine argentino terminó en medio de fuertes polémicas después de un comienzo muy aburrido. Incluso, varios testigos comentaron una agresión de Axel Pauls-Harding a Gustavo Noriega que oficiaba como periodista invitado. Al parecer las costumbres su hijo Gastón, famoso por su corrección política y sus antecedentes de patoteo a críticos, vienen de familia. En cuanto al actor, es muy curioso verlo en la publicidad de TNT, uno de los lamentables avisos que se proyectan antes de las películas. Allí, Pauls sale a anunciar el proyecto 48 horas, una iniciativa ridícula que consiste en un concurso para filmar en dos días. Con voz de comisario, indica que los directores van a ser probados y se va a ver si tienen coraje y son o no capaces de terminar la película en el tiempo acordado, como si esto tuviera algún valor cinematográfico.

Hoy era el día de agua, no solo porque llovía a cántaros, sino porque daban Agua, la película de Verónica Chen, que Q vio en la función de prensa de la mañana. Suele ocurrir que las películas reflejen en su argumento las condiciones de su realización, pero hay pocos casos tan claros como este. Agua es la historia de dos nadadores que están en un momento difícil de sus carreras y que deben tomar decisiones tanto en sus vidas como en la maratón en el río que ser corre al final del film. Las preguntas que los protagonistas se hacen parecen tener un eco en la realizadora y el resultado es una película llena de contradicciones. Si los deportistas dudan frente al camino a tomar, la película vacila entre la voz en off (innecesaria) y las escenas puramente visuales (magníficas). Agua se debate entre someter su deseo de libertad, de explosión en el agua y la necesidad de injertar un argumento que a veces es precario y otras confuso. Es notable que al bloqueo intelectual y físico de los talentosos protagonistas en su disciplina, corresponda una parálisis de la película a la hora de hacer coherente su trama. Dicho de otra manera, Chen tiene condiciones de cineasta poco comunes: valentía, placer de filmar, absoluta entrega a lo suyo y un tema que la apasiona y que da lugar a escenas fascinantes. Sin embargo, algo pasa y la película no termina de cerrar y se hace vulnerable a las críticas más facilistas porque la directora no resuelve el estilo narrativo así como los nadadores no aciertan con la estrategia de la carrera. Directora y personajes parecen perdidos cuando tienen todo lo necesario para llegar con éxito a la meta. De todos modos, Agua es una película que no solo se deja ver, sino que transmite una sensualidad ausente en el cine argentino. Chen sabe filmar como pocos, debería terminar de aprender cómo rematar una película. Hay otra interpretación, sin embargo, mucho más interesante. Si los nadadores no quieren ganar la carrera ni hacer la marca necesaria para clasificarse es por algo. Ese algo aparece velada pero sostenidamente en el film y es que, tal vez, el sacrificio que el deportista tiene que hacer por su carrera no valga la pena: en el fondo, la pileta y el río son atractivos pero demasiado crueles. El cine es parecido. Hay un enorme esfuerzo y una gran dosis de verdad que las películas deben tirar por la borda para satisfacer las convenciones narrativas que hacen viable económicamente una producción. Portabella tiene razón una vez más: es el argumento el que atenta contra el arte. Chen lo sabe inconscientemente y por eso lo sabotea, pero su formación la impulsa a creer en él y tratar de sacarlo a flote. De ahí vienen las verdaderas contradicciones de un film más que interesante.

Cuando faltan exhibirse solo dos películas de la competencia internacional y una de la competencia argentina, TP está en condiciones de adelantar la temperatura de los respectivos jurados. En el internacional hay un paisano de cada pueblo y se vaticina una deliberación interminable. En cambio, en el jurado nacional, de una conformación más homogénea, hay una coincidencia unánime: no hay ninguna película que satisfaga plenamente a sus miembros.

La tarde fue breve y Q alcanzó a ver una película y media que en total no llegaban a una película entera. Primero, espió un rato de la mexicana La mancha de sangre, un film de 1937 rescatado hace unos años y que tiene algunos baches en el sonido y la imagen en su hora de duración. La película transcurre en un cabaret y tiene algunas escenas muy audaces, desnudo incluido. Lo interesante es ver como en esos años el cine mexicano (el argentino andaba cerca) se ocupaba de personajes populares sin desdén y sin sublimación: los miraba desde la misma altura, algo que Buñuel llevaría a la excelencia estética. Pero hoy, es muy distinta la mirada de los Iñiárritu, los Cuarón, los Reygadas, los Escalante, donde México se mira desde un pedestal burgués, generalmente paternalista y desdeñoso. El México de La mancha de sangre no responde a los estereotipos folclóricos sino a la cultura urbana de un país moderno en formación. El cine latinoamericano era entonces más civilizado. Si uno admite que la sociedad se mantiene más o menos constante, incluso con algún progreso social, se concluye que son los directores los que han retrocedido hacia una mirada clasista.

La otra película, que dura menos de una hora, es la argentina Soledad al fin del mundo, de Fernando Zuber y Carlos Casas, a los que F y Q conocieron hace muchos años en Marsella, cuando trabajaban en la Fábrica, el departamento de cine de Benetton, cerca de Milán y estaban empezando a preparar su ambicioso proyecto fílmico sobre la Patagonia, del cual esta película es algo así como el primer capítulo. Rodada en los confines de no se sabe dónde, el film toma tres personajes que cuentan parte de su vida y las circunstancias que los llevaron a parajes tan lejanos. La cámara se pasea elegante por los desolados paisajes y cuida que nada tenga un énfasis particular. El resultado es inobjetable, aunque un poco apagado. En parte, se puede hacer responsable a las condiciones de proyección. La película está rodada en un sistema digital de alta calidad, pero el proyector de video de la sala 7 del Hoyts lo convierte en una colección de manchas en la pantalla, visión que empeora desde las primeras filas en las que Q se había ubicado por falta de lugar más arriba. Y este es un video sofisticado. Otras películas de la selección argentina lucían francamente horribles en la pantalla. Es como si el video, la tecnología digital y todo lo que se tiene por un gran avance y un abaratamiento de los costos fuera, en realidad, un retroceso encubierto y lo que se proyecta, apenas esbozos, borradores de una película verdadera. En el caso de la ficción, esto es particularmente penoso y también resulta así en el caso de películas que muestran paisajes o que construyen planos contemplativos. Es necesario salir de esta impasse tecnológica, que cada vez se parece más a un pantano.

F llegó a la hora de la cena que compartió con Q y el matrimonio Hoberman. El crítico contó las tribulaciones que sufren, en los últimos meses, los redactores del Village Voice, la prestigiosa revista semanal neoyorquina en la que el crítico trabaja hace 29 años. La publicación fue adquirida por un consorcio con base en Phoenix, cuya aspiración cultural y respeto por los periodistas hace añorar los tiempos en que el dueño era el tristemente célebre magnate australiano Rupert Murdoch. El nuevo management, al parecer, se propone humillar a los periodistas y hacerle la vida muy difícil para que renuncien sin tener que pagarles una indemnización y luego reemplazarlos por palurdos que cobran 10 centavos y carecen de orgullo y formación intelectual. Cualquier similitud con las empresas periodísticas argentinas es pura coincidencia.


Jim y Shelley Hoberman

La oficina de prensa del festival hizo gentil entrega a la redacción de TP de los cuatros libros por el 8vo. Bafici cuyos autores son Kevin Brownlow, Peter Watkins, Ricardo Becher y Jean-Claude Biette. Asimismo, la organización acercó un auténtico trofeo: el libro Historias sin argumento. El cine de Pere Portabella, coordinado por Marcelo Expósito. Muchas gracias. Prometemos leer (selectivamente).

Esta nota es parte de nuestra Cobertura del Bafici 2006.


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Del mismo autor:
Diario del Bafici # 14
Diario del Bafici # 13
Diario del Bafici # 12
Diario del Bafici # 11.3
Diario del Bafici # 11.2
Diario del Bafici # 11
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