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Diario del Bafici # 13

24 04 2006 - 00:45

El último día del festival empezó cruzado para Q. Simplemente porque al llegar al Abasto se cruzó con la Bruja de Black, que tomaba café en un bar de la planta baja. Cuando se acercó a saludarla, la bruja le presentó a Q un tipo con una cara enorme que le dio la mano con mueca de asco. Dijo entonces BB: “Estábamos hablando de vos… mal. ¿Por qué nunca trajiste a Sharunas Bartas cuando dirigías el festival? Tuvimos que esperar a que viniera Fernando Peña para poder verlo.” Y añadió una risotada. Q se retiró un poco sorprendido por la agresión matutina pero pensando que el Bafici era un poco como The Warriors, aquella película de Walter Hill: una conferencia de bandas. Están los de Sharunas Bartas, los de Bill Douglas, los de Svankmayer (el cielo nos ayude), los de Peter Watkins, los de Civeyrac, los de Jon Jost, por supuesto los de Rossellini y Kiarostami y los esclarecidos de Portabella, que somos los mejores. Acercarse al Bafici, al menos para los festivaleros profesionales impone la obligación de elegir los colores durante los dos primeros días.

Meditando sobre lo maleducada que puede ser la gente que se viste de negro, Q ingresó en El taxista ful, una película que tiene un título absolutamente piantapúblico que invita a esquivarlo. Sin embargo, las recomendaciones de Porta Fouz, amplificadas por Noriega en el site de El Amante, circularon fuertemente los últimos días y lo convencieron a Q de que había que darle una chance. La película no es la octava maravilla que dicen, pero es muy simpática (hubo una gran escasez de películas simpáticas en este Bafici, con la excepción posible de Linda Linda Linda). Habla de un desocupado que usurpa taxis para hacerse unos pesos y después los devuelve. La película empieza cuando el protagonista está por ir a la cárcel y busca ayuda en los grupos antisistema. El film asiste a la paulatina conversión de un pequeño burgués obstinado y original en un militante anarquista (o casi). En el medio, se puede tomar contacto con un grupo muy interesante, autor del Manifiesto para una política nocturna, que lanza campañas tan divertidas como la que propone “Dinero gratis”, pegando en cada cajero automático de Barcelona un cartel que dice: “Pasta ya”. Fue una de las pocas películas políticas del Bafici, al menos modernas, y hubiera merecido la visita de algún integrante de esta cofradía rebelde.

A la salida del cine, el agente ultrasecreto X44, le contó a Q un chisme de estado que aquí transcribimos en primicia exclusiva. Al parecer, el responsable de la mala onda en el jurado internacional y de la mezquina premiación habría sido el profesor brasileño con sede en París Paulo Paranaguá (a quien, cuando F y Q conocieron hace muchos años, le escucharon decir que los Straub eran una antigualla y que el cineasta del futuro era Subiela), siempre malhumorado, al que no le gustaba ninguna película y que hasta habría propuesto declarar desiertos todos los premios.

Tras una breve charla con Panozzo que concurre al cine acompañado de dos mujeres idénticas, Q se encontró con F en el Atlas Santa Fe para ver Before Born del chino Zhang Ming, que también fue jurado de la sección argentina. El director presentó la película con palabras parecidas a las siguientes: “Una de las similitudes entre China y la Argentina es que en ambos países hubo épocas en que el sistema político no era democrático. En China, aun no lo es, pero desde hace veinte años los artistas podemos expresarnos, paulatinamente, con más libertad. Pero como no hay una religión que nos guíe, cada uno debe ser responsable de su decisión en asuntos espirituales. Por ejemplo, yo he querido hacer una película sobre el embarazo, porque me parece un tema muy importante del que el cine de mi país no se ha ocupado y tampoco da dinero hacerlo.” A menos que la traducción haya sido poco fidedigna (Ming habló en chino), un discurso bastante sospechoso sobre un país tan represivo y autoritario. Un chino trucho, pensaron F y Q. Y la película lo confirmó. A pesar de la placentera fotografía y de las locaciones marítimas, de los dobles y escenas medio misteriosas, Before Born desemboca en la moralina y la religión católica. O al menos, eso les pareció. El catálogo registra en el film supuestos ecos de Godard. Como decía la abuela de Q, Ming se parece a Godard en lo blanco del ojo y en lo negro del culo (era medio grosera la vieja).


Before Born

Después del chino trucho venía el taiwanés verdadero: Hou Hsiao-hsien, con Three Times, que Q había visto en Cannes pero durmiendo un buen rato. Pero suponía que F la iba a disfrutar mucho. No fue así. F salió decepcionada, diciendo que Hou hacía esas películas de taquito. Efectivamente, dijo Q, hay algo de excesivamente caligráfico y también de perezoso en Three Times, lo que no impide que su coeficiente de belleza sea altísimo. Es curioso, pero de las tres partes del film, a cada uno de sus admiradores hay una que no le gusta, otra que le gusta mucho y la tercer más o menos. Pero no se ponen de acuerdo sobre cuál es la buena y cuál es la mala. Pero, dejémoslo, que hoy es tarde y no hay tiempo para teorías.

Tras un café con Panozzo, Martín Pérez y la agente Gordette, Q cumplió con el deber que se había impuesto: ir a ver la película ganadora, En el hoyo, de Juan Carlos Rulfo. Hacia 1995, Q fue jurado en la FUC de un festival de escuelas de cine. Allí se presentó El abuelo Cheno, opera prima de Rulfo, un film académico y pomposo, con una fotografía engolada y silencios supuestamente expresivos. Q no pudo impedir que el film ganara el primer premio, ya que el resto del jurado, con el alemán Peter Schuman a la cabeza, estaba totalmente fascinado con la película. Diez años más tarde, Rulfo sigue siendo un cineasta vacío, pero ha aprendido nuevas mañas para seducir incautos. Lo que antes era calculadamente lento, ahora es calculadamante rápido, mucho más inclinado hacia el gusto americano. En el hoyo es un reportaje a la construcción de una autopista elevada en la Ciudad de México, una obra faraónica del probable futuro presidente y ex alcalde, Andrés López Obrador (un apellido de constructor). Rulfo sigue a una cuadrilla de operarios en su arriesgada tarea y reproduce sus bromas, típicas del habla popular mexicana. Los personajes son graciosos (a veces no tanto, como el tipo que cuenta como le pega a su mujer) y Rulfo hace un picadillo de sus declaraciones, las intercala, les agrega tomas de la obra, el discurso de una guardia de seguridad que dice hablar con dios y el diablo, una banda de sonido increíblemente bochinchera, más continuos planos ralentados o acelerados. Al final, desde un helicóptero, la cámara sobrevuela largamente la autopista y, como para saludar a las instituciones que lo financiaron, se detiene al llegar a una enorme bandera mexicana. Así como los deportistas pueden ser descalificados por doping, lo mismo debería ocurrir con las películas, en particular con En el hoyo: las imágenes y los sonidos del film están pichicateados. El sonido es demasiado fuerte, el tiempo es artificialmente más rápido o más lento, el montaje interrumpe los parlamentos o los enmarca en el chiste fácil. Todo lo que se ve y se escucha durante En el hoyo es puramente efectista. Una película que aturde y que explota a sus personajes y cuyo convencional humor y su velocidad publicitaria asordinan la tragedia cada vez que esta asoma. Y que (a diferencia, justamente, de El taxista ful), transmite resignación frente a la barbarie del trabajo. Que este film manipulador y poco cinematográfico fuera de su combinación de efectos sea el ganador del Bafici indica que el cine, el festival o el mundo se han infantilizado. Y la inclusión de este tipo de documental en la competencia, lejos de ser un signo de pluralidad estética, es la puerta de entrada para el empirismo televisivo y su búsqueda de la muerte con rostro humano.

Q volvió del cine muy tarde y se fue con F a comer algo a Santa Fe y Coronel Díaz. Allí, en una mesa, se encontraban Miguel Pereira, director del festival de Mar del Plata y dos de los programadores, Mauro Andrizzi y Pablo Mazzola. Durante un largo rato, los cinco se quedaron departiendo sobre casos y cosas de los festivales de cine e, inevitablemente, analizando el Bafici tal vez un poco triste que finalizaba.


Una reunión inesperada

Por culpa de esa trasnochada, F y Q llegaron tarde a su mesa de trabajo y no pudieron ver el DVD de Los próximos pasados, el film de Lorena Muñoz que ganó el premio de la Fipresci. De eso, de lo que haya quedado en el tintero y, tal vez, de posibles conclusiones, se hablará dentro de muy pronto, en el epílogo de este diario. Todavía no nos despedimos del todo.

Esta nota es parte de nuestra Cobertura del Bafici 2006.


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Del mismo autor:
Diario del Bafici # 14
Diario del Bafici # 12
Diario del Bafici # 11.3
Diario del Bafici # 11.2
Diario del Bafici # 11
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