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Praise

29 04 2006 - 03:39


Ilustración: Verónica Flores

Promax & BDA es una convención, un congreso o más bien una serie de conferencias seguida de una entrega de premios al diseño de la promoción y el marketing de programas, canales y operadores de televisión. La edición latinoamericana de Promax suele tener lugar en Miami. Pero este año, tal como ocurrió en 2002, el promax latino se realizó en Buenos Aires. Para poder asistir, por supuesto hay que pagar una inscripción en dólares. De modo que el 98% de los asistentes, sin contar a la prensa invitada, son inscriptos allí por las empresas, en su mayoría canales de televisión, para las que trabajan mayoritariamente creando y produciendo las promociones de aire de las series y las películas, los dibujitos y los noticieros, así como los spots instucionales, los logos de los canales, su folletería, etc. Diseñadores gráficos, productores y algunas personas de marketing asisten desde varios países de América Latina: Venezuela, Brasil, Colombia, México, entre otros.

La agenda de conferencias del primer día pintaba interesante o, mejor dicho, los conferencistas eran todos personajes con un nombre reconocible. La tarde comenzaba con Gustavo Santaolalla disertando sobre el poder de la música como elemento estético para narrar una historia. El anfitrión de Promax lo presentó en inglés como “Gustavo Santa Loya” Apareció Gustavo, de negro y zapatillas con un look muy Gieco y un aura de modestia que –lo supe- no era buen augurio. Yo estaba ansiosa por dejarme informar, por vivir esa experiencia educativa y por poder contarlo más tarde. Después de todo, una no se codea con recientes ganadores del Oscar todos los días. La conferencia fue muy pobre, Santa Loya comenzó por sus comienzos en el barrio del Palomar, su banda, su sueño de grabar un disco primero, de ser productor de discos, segundo y de tener su propio sello productor tercero. Nos contaba un deseo, y a continuación venía la noticia de que ese deseo también había sido realizado. Nos contó también que había ganado muchos, muchos Grammies y que había estado nominado a todos los premios posibles. También nos contó que en realidad él no ganó en la Categoría Mejor Canción, sino en la categoría Mejor Score. También nos enteramos que la revista Times lo había elegido como uno de los latinos más influyentes en EE. UU, ¡y que dicha revista lo había puesto en la tapa! También salió en otros periódicos y revistas internacionales nos contó, por ejemplo el L.A. Times y el Variety. También dijo que se había ido exiliado en los setenta cuando los enemigos eran claros, aprovechó para deslizar un comentario crítico sobre la Administración Bush. Guau, Gustavo. Y para decir que este era un gran momento para los hispanos y los latinos, y que era un gran momento para el cine argentino. Prueba de ello era un artista como Pablo Trapero con el que había trabajado. Pero, dijo, no renegaba de USA que era el maravilloso país donde se habían criado sus hijos y dijo por último: “No nos olvidemos que Estados Unidos también es el país de Bukowski y de Red Hot Chilli Peppers” La verdad no sé qué quizo decir con eso. La conferencia terminó, alguien le alcanzó una guitarra y él cantó (con una voz muy dulce y muy afinada) la canción del Oscar y otra canción de él que, nos dijo, acababa de escribir. La canción se llamaba “La noche ya es día”. Rescaté esta frase de la canción: “Una intención oculta el error es”.

Después fue el turno de un señor llamado Geoff Calnan. Geoff, de traje gris y corbata al tono, estuvo muy bien. El también empezó por presentarse y contar algunas cosas de su vida privada. La diferencia fue que luego de la presentación se explayó sobre algunos temas externos a su trayectoria personal. Cumplió con el tema de la conferencia que era las diferencias entre el marketing de TV y el marketing de Cine. Nos mostró teasers y trailers de películas y de series. Contó que lo habían despedido de ABC alegando que él era “too difficult to work with” El no criticó a Bush pero dijo en sus palabras que la MPAA era un plomazo y nos mostró algunos spots de Clerks 2 y de Scary Movie 4 que la MPAA había censurado para que intentáramos descubrir por qué. Yo, personalmente, no pude deducirlo. Aparentemente a la MPAA no le gustan los chistes. Dio un consejo que me anoté y que pienso intentar poner en práctica: “Never, never, never take credit for what you do. Always praise someone else” y por último se animó a decir que las películas de los últimos tiempos eran muy malas y que había muchas series cuyos spots eran fabulosos a pesar de que las series fueran una verdadera porquería. Terminó diciendo que el gran problema del cine era la apatía. Dijo también que había que estudiar y leer mucho. Gracias Geoff. Y perdón por pensar que alguien de traje y corbata gris iba a ser más aburrido que alguien de remera y zapatillas.

Sin solución de continuidad llegó Carlos Saldaña, el joven director de Ice Age II. Saldaña es brasilero y parece un nene. Se ríe como la ardilla de la película. Él también nos contó cómo todos y cada uno de sus sueños se venían realizando uno tras otro. Se puede, nos dijo Carlos. A veces uno cree que por ser brasilero o argentino no se puede, pero sí se puede. Los americanos –contrariamente a lo que se piensa- tienen cabezas muy abiertas, dijo. Y yo le creí. También dijo que ser brasilero o argentino no era el problema, pero sí lo era el hecho de vivir en Rio o en Bs. As. Fue muy claro: si querés trabajar en animación tenés que vivir en LA, o como mucho en NY, tener dinero para hacerte un master en alguna universidad muy prestigiosa y trabajar como un caballo.

Después vino otro Carlos. Yo había leído Cuaron y –entusiasmada- esperaba a Alfonso. Pero el disertante era su hermano, el guionista Carlos. El acento mexicano, su incipiente donjuanez y una actitud de looser muy ensayada hicieron mella entre las chicas. Muy guaperas Carlos Cuarón. También nos contó su biografía (aunque con bastante más gracias que los otros dos) pero se puso un pelín meloso hablando de la creatividad y de cómo cualquiera puede ser creativo “incluso Bush cuando hace sus guerras”. Terminó el día con un empate dos a dos entre quienes escogieron mencionar a Bush y quienes no lo hicieron.

La mañana siguiente y las primeras horas de la tarde tuvimos sesiones muy productivas que no voy a reseñar aquí porque carecen de interés narrativo.

Hacia las cinco de la tarde los organizadores se agarraban fuerte a los handies, daban pequeñas carreras y decidieron terminar puntual la sesión nombrada “Branding 360” porque a las 17 hs. Estaba anunciada una “exclusiva sesión de preguntas y respuestas con dos íconos de la televisión argentina”. Tinelli y Suar eran los invitados. Los argentinos compartíamos cierta curiosidad perversa, pero los venezolanos o los mexicanos no mostraban especial interés en quedarse a la charla. Recordemos que estamos hablando de un público compuesto por diseñadores cansados, básicamente jóvenes con anteojos retro. Se usan las boinas, ¿ya lo sabían, no? Me senté en una butaca cercana al escenario porque quería verlos de cerca, para comprobar qué tan distintos salían en la tele.

Entraron juntos con el pelo al viento y actitud segura. Ambos tienen rasgos aniñados con facciones suaves y sin sobresaltos. He ahí el secreto de su éxito, me dije. Ambos miran como miramos los miopes: miran al lejos y sonríen como si conocieran a quienes los miran. Miran re bien, miran con condescendencia, con orgullo, como en un estado de permanente gratitud. Miran desde la fama y la gloria.

El moderador de la charla no era otro que el excelentísimo Diego Lerner. Se lo dijo Adrián, y lo digo yo: Diego tiene talento como conductor. Debo decir que al principio hacía un personaje muy a lo Roberto Giordano en sus desfiles, vociferando “Qué honor, qué maravilla, qué ocasión única tener a estos dos grandes de la televisión” (Qué noche, Teté) pero de a poco se aflojó y dejó de manifestar asombro para terminar contestando preguntas del público como un marcelo o un adrián más. Después de todo, a Diego, la gloria y la fama no le son ajenas.

Adri es más suelto que Marcelo, aunque Marcelo habla más, pero tiende a decir siempre lo mismo. Es más, en esta ocasión tendía a repetir lo que decía su compañero de charla con algunos segundos de delay, produciéndose situaciones más o menos así. Diego preguntaba cómo era trabajar juntos después de tantos años de haber sido acérrimos competidores:

Adrián: Me da mucha tranquilidad trabajar con Marcelo, porque nos conocemos desde hace muchos años. Somos amigos. Hemos peleado muchos años, pero siempre con armas limpias. Siempre disfruté mucho ganándole a Marcelo porque sé que le duele. Me encanta, la verdad que me encanta trabajar con él.

Entonces Diego preguntaba: ¿Y vos Marcelo?

Marcelo: Trabajar con Adrian es algo que me da mucha tranquilidad, porque nos conocemos desde hace muchos años. Hemos peleado muchos años y siempre con armas limpias. Todo bien, somos amigos, todo más que bien. Siempre con armas limpias. Me da mucha tranquilidad. Me duele que me ganen y me gusta ganar y sé que a Adrián le duele cuando pierde por eso me encanta ganarle y me encanta trabajar con él. Pero siempre peleamos con armas limpias. Me encanta.

En un momento de gran surrealismo Diego Lerner sacó de su bolsillo un aparato blanco y dijo: -Acá tengo un I-pod. E hizo un largo silencio mientras miraba al público. Volvió a los muchachos y les preguntó: “¿Ustedes qué opinan de esto de ver televisión en el celular, de las nuevas tecnologías, de… ¡Porque hoy un i-pod, mañana, cualquier cosa…!”

A mí me da un poco de miedo dijo Suar. Para mí es infinito lo que se viene, dijo Tinelli.

“Y hay que ver hasta dónde llega todo esto, porque tampoco es que lo bajo del ipod y que se yo…” remató Adrián.

Y así, entre risas, joda va, joda viene terminó la sesión con algunas (2) preguntas del público. Ya todos nos parábamos para ir a disfrutar del cocktail previo a los premios cuando la conductora nos pidió que siguiéramos ahí porque venía el próximo disertante: Alan Faena. Como verán, yo no me privo de nada.

Alan tenía su speech bastante preparado. Como hombre de negocios qué es llegó al escenario con el guión ensayado. Tenía claro que había que mencionar a Philip Stark y a Norman Foster. Que había que hacer algún ejercicio a lo Mariano Grondona revelando el parentesco etimológico de arte con tecnología, ensoñarse con el nuevo renacer de Buenos Aires y la belle epoque y que se yo, enmarcando todo con fraseo del sendero y la línea recta. Me quedó claro que lo que Alan quiere es ser un gran benefactor de la ciudad y de sus artistas. Sentí la gloria de haber caminado el pensamiento, dijo. Bua. Daba gracia, pero no asustaba. Incluso hizo un comentario a propósito de la trascendencia que, según él, debía tener el diseño que estuvo bien. No obstante, cuando comenzó a promocionar los premios Faena, crac, algo se rompió. Con la entonación de su voz in crescendo, la mirada perdida y los labios algo más fruncidos que la media, Alan dijo hablando en plural:

–Queremos que el que cante, cante más fuerte; que el que baile, baile más alto y que el que escriba, escriba más rápido.

Diego, Alan, Marcelo, Adrián y Gustavo. Qué noche, Teté. Cuánto éxito junto. Qué bien hablaron todos de sí mismos, cómo coincidieron todos en decir que éste era un momento fantástico, un momento fabuloso para los latinos, especialmente para los artistas latinos, especialmente para los argentinos y más especialmente para el cine argentino.

“Vienen a buscarnos a nosotros porque hay mucho talento local” dijo Adrián. Y yo que pensaba que se producía TV en Buenos Aires porque era cuatro veces más barato que hacerlo en México.

No sé qué habrá opinado la mayoría de la audiencia que estaba compuesta por venezolanos, mexicanos, colombianos y brasileros sin contar a los chilenos, españoles y ecuatorianos que también había, pero en general parecían bastante descompuestos. Tampoco sabemos qué hubieran pensado de haber estado entre la audiencia Geoff Calnan que dijo ‘never praise yourself’ o Carlos Saldaña que dijo, muchachos, si quieren hacer películas que se estrenen en todo el mundo, rajen ya de este corredor lejano ubicado donde dobla el viento.

En el foyer del salón mientras disfutaba de una cerveza y un canapé me acerqué a ver si una chica muy parecida a Ruth Infarinato, era Ruth Infarinato y justo cuando pasé por al lado de Alan lo enganché pronunciando el sujeto de una oración que se componía de los nombres Adrián y Marcelo. Ellos, por supuesto, ya habían partido con paso rápido sacándose periodistas de encima sin dejar de sonreír.

Después volvimos al salón munidos de pitos provistos por la organización para festejar los triunfos de las piezas gráficas producidas por los diseñadores de nuestras companías. La entrega de premios fue presidida por el CEO de la organización y una modelo vernácula que se empeñaba en decir Mujeres Argentinas cada vez que tenía decir Mujeres Asesinas. Más tarde hubo una fiesta a la que fui un rato y donde conocí a una venezolana increíble que me contestó todo lo que alguna vez había querido preguntar sobre Chavez y mejor aún, sobre la oposición de Chavez. Ella, y otros venezolanos amigos, no dejaban de decir que querían quedarse a vivir acá. Que qué linda era la ciudad, que qué bien se veía todo, que qué suerte que hubiera escuelas públicas, que qué agradable que era el subte, etc. Tal vez, Alan, Diego, Adrián, Marcelo y Gustavo tengan razón.


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