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Sajurb Ed Azac

2 05 2006 - 12:33

Creo que hay varias maneras de estupidizar a las personas con el pretexto de enarbolar una causa noble: el pelotudismo ecológico barato, es una, y también, por qué no, la glorificación superficial y frívola de los setenta. Yo estoy bastante harta de la glorificación de los setenta. Independientemente de todo juicio de valor y de si hubo uno, dos, o veinte demonios, me parece que un baño de sangre no deja de ser una cagada acá y en cualquier parte del mundo para lograr cualquier objetivo. La gente es siempre más útil viva que muerta, aún los más hijos de puta, aunque parezca paradójico. Cada generación debiera tener su lucha propia (y asimismo, sus métodos propios de luchar) si quiere ser una generación que protagonice su tiempo. Montarse sobre la lucha de otras generaciones es desentenderse de los problemas que tenemos hoy, o actuar a ciegas ante el desconcierto de no saber qué hacer frente a lo que nos toca ahora (que es, por cierto, muy desconcertante).

Los pibes de la FUBA, con esa severidad moral tan entusiasta a la hora de juzgar la violencia de los demás (jamás la propia) no hacen más que convertirse en protagonistas de un ridículo anacrónico. Alterini no es un monstruo ni mucho menos, y tomar una facultad en democracia, con todas las garantías constitucionales de tu lado, es bastante poco a la hora de reconocer que eso es “luchar”. Digo (I) en otro tiempo, la gente se jugaba el pellejo en serio, mientras que en democracia cualquiera se hace el valiente exponiendo muy poco. Además la lucha, “su” lucha, la lucha de los pibes de la FUBA contra el supuesto monstruo, es una lucha de lo más burguesa, de lo más sectorial y de lo más egoísta; una lucha por “su pedacito” “su quintita” “su universidad”. Digo (II) los pibes de los setenta reclamaban un terreno un poco más amplio ¿no? Estos pibes, al fin y al cabo, sólo están pidiendo: “no me meen acá adentro, no me caguen acá adentro”, nada más.

Alterini es un hombre que estudió Leyes. Cualquiera que vivió esa época, estudió Derecho y además tenía una vocación pública pudo haber trabajado como funcionario en la administración pública. Eso no lo hace necesariamente un cómplice o un colaborador de asesinos y torturadores. Si no, habría que sacar ya mismo a Raúl Zaffaroni de la Corte Suprema, con la misma excusa.

Personalmente, creo que si bien sus respectivos funcionariatos no son lo más feliz que se puede extraer de sus carreras, eso tampoco los inhabilita moralmente a la hora de ejercer los cargos que ejercen. Digo (III), me da mayor tranquilidad que, en épocas difíciles, hayan desempeñado esos cargos personas como Alterini o Zaffaroni, que algún inconsciente bien presto para cualquier zafarrancho, de esos que nunca faltan. También es cierto que Alterini estuvo poco tiempo en su puesto y que después renunció, pero eso es otro tema. Lo fundamental es que Alterini o Zaffaroni no son Patti, cuya integridad moral se puede (se debe) cuestionar a la hora de dejarlo ejercer un puesto público en democracia.

Lo que me preocupa, en realidad, es la caza de brujas inversa. Eso de juzgar con tanta severidad a gente que no la pasó necesariamente bien en el país durante esos años y sin embargo se quedó y los transitó, corriendo peligro ellos mismos y de sus familias. Parece que los únicos héroes son los que tuvieron que exiliarse o los que están muertos.

El año pasado quisieron hacer algo similar con Carlos Cullen, profesor titular de Ética en la Facultad de Filosofía y Letras. No interesa acá todo el embrollo del caso Cullen/Verbistky, eso puede consultarse en detalle en Página 12. A Cullen lo habían rajado de la UBA por esos años y la única universidad que le abrió las puertas para que siguiera enseñando fue la USAL. Allí, una vez, con Cullen ya decano de la Facultad de Filosofía y Letras, se le otrogó el Doctorado honoris causa a Massera. Cullen desmiente haber estado presente en el acto en cuestión y Verbitsky afirma que asistió. Lo cierto es que al día siguiente, Cullen renunció.

Digo (IV) Cullen era filósofo, estudió filosofía y quería enseñar, no sabía hacer otra cosa para mantener a su familia. Es verdad, podría haber ido a vender ballenitas en el subte, pero a lo mejor el tipo no tenía habilidades para vender y se hubiera muerto de hambre. Alterini, por su parte, se podría haber ganado la vida como plomero-gasista, pero había estudiado Leyes y tenía vocación pública. ¿Eso es una aberración? Digo (V) si en este país, una persona bien intencionada tiene que esperar a que se instale el gobierno adecuado para ejercer la vocación pública de enseñar, o de administrar justicia, o lo que sea, se puede morir tranquilo sin ejercer jamás…

Esta caza de brujas es al revés pero es caza de brujas: es andar ‘señalando gente’, muchas veces injusta e irresponsablemente –tal como ocurría en aquélla época-. Hoy hay carteles colgando en todas las facultades con la cara de Alterini fotoshopeada e inserta en un cuerpo con gorra y uniforme de las SS. Digo (VI) ¿no será mucho?

[ Ilustración: Verónica Flores ]


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