Click here
Más Features

El fin de la vía (8) | El fin de la vía (7) | El fin de la vía (6) | El fin de la vía (5) | El fin de la vía (4) | El fin de la vía (3) | El fin de la vía (2) | El fin de la vía (1) | Néstor Kirchner, la (primera) película | Renuncio | Graciela Bevacqua | Testamento: 4.2 Memoria y Condición Humana |







Los cortes de los puentes

4 05 2006 - 09:35

Nadie hubiera pensado que el triunfo del Frente Amplio en Uruguay pondría sobre la mesa la política que está llevando a cabo Tabaré Vazquez. La movilización oriental para defender un proyecto de industrialización conmueve y despierta de su sopor a un país que sólo conservaba el sueño de antiguos beneficios. El empleo público, el turismo y la banca financiera, fueron durante décadas los únicos recursos imaginables en un país que veía como partían al exilio económico cientos de miles de compatriotas y se quedaba sin jóvenes.

Un país tranquilo y sin novedades produjo una belleza melancólica para disfrute de porteños agitados. El triunfo de una agrupación de izquierda que enarbolaba símbolos antiimperialistas produjo una esperanza de república socialista en la mayoría de sus adherentes. Las figuras de Che y de Fidel fueron los emblemas ideológicos de la nueva era. Néstor Kirchner era alabado por su osadía y coraje en resistir y denunciar al orden financiero internacional.

Que este mismo gobierno que tiene en el ministerio de agricultura a un dirigente Tupamaro, se reuna con Bush para discutir acuerdos bilaterales que otorguen mejores condiciones a las exportaciones uruguayas, que hablen de proyectos infraestructurales para los próximos años, que el país salga en defensa de fuentes de trabajo amenazadas por el conflicto de las papeleras, este cambio cultural ahora apoyado por sus mayorías, se debe en gran parte a nuestra política exterior.

Luego de vaciarles las cajas por resonancia del desfalco argentino y haber hecho quebrar la banca oficial uruguaya, este resquemor previo en nada amortigua sino que se agrega al nuevo golpe nacido del corte de los puentes internacionales. Unió al pueblo uruguayo y le dio impulso al gobierno de Tabaré para tomar distancia de la tutela de sus hermanos mayores y buscar en el Gran Hermano lejano un nuevo camino político.

Podemos estar tranquilos, Uruguay no será ni más ni menos colonia que nosotros, simplemente quiere trabajar, mejorar su nivel de vida, tener menos pobres, estimular a sus jóvenes, encontrarle un sentido a la vida de todos los días.

En cuanto a la civilidad, educación, fortaleza de las instituciones, ellos aún no han tirado la toalla, no se han resignado al poder de las mafias pequeñas y grandes como nosotros ni se han tragado los dineros públicos con esmero y dedicación durante décadas.

Con viento a favor Uruguay está en vísperas de una revolución productiva y de una mutación cultural. Trabajo, producción, empleo, hay una nueva energía que los argentinos deberíamos celebrar con el país hermano.

Ellos tienen un vergel, es un país limpio de contaminación, con un río en el que la gente se baña y una costa que encandila a todo el mundo. Si fuéramos solidarios deberíamos programar el próximo carnaval de Gualeguaychú en Fray Bentos, y meditar sobre los modos en que la expansión en la otra banda puede beneficiar a los de ésta. Por supuesto esto puede hacerse al mismo tiempo en que una comisión de técnicos y científicos de ambas orillas y otros internacionales proponen los medios para que la contaminación del río sea la menor posible.

En lugar de esta fiesta rioplatense se ha sembrado el rencor, la falsedad, la envidia, el nacionalismo barato y la politiquería de gobernadores y presidentes. Lo hecho es grave. Dice AntonioBrailovsky en otra de sus excelentes notas: “ recordemos que en la actualidad los únicos pasos internacionales que están cortados son los que vinculan Israel con Palestina”.

Los uruguayos pueden darnos cátedra de cómo no envenenar el territorio. Es cierto que la falta de industrias no es un mérito, pero la existencia de las mismas no tiene por qué pudrir el entorno en el que vivimos como lo hemos hecho nosotros desde siempre y sin que nos importe.

Uruguay hace muchos años que ha sembrado todo su territorio de eucaliptus, no lo hicieron para que se colgaran los monos de sus ramas o para atraer miles de cotorras, eso lo sabíamos. Hace años que nuestras papeleras arrojan efluentes nauseabundos y químicas letales a cualquier lado, eso no lo sabíamos porque se ocultaba. Lo escondían los mismos protagonistas que hoy hablan de la muerte de río al compás de Tarragó Ros. La cantidad de dirigentes ambientalistas que surgen casi supera a los predicadores de derechos humanos que se multiplican los últimos años desde las lejanos glaciares de la Patagonia.

Semejante fenómeno sólo se me hace comparable con la repentina invasión de demócratas que pobló nuestro país en 1984. No sé cómo llamar a estos fenómenos de ideologizaciones repentinas reversibles ( IRR ), no es oportunismo ni populismo ni patrioterismo, debe ser, empleando un neologismo compuesto: untododalomismo.


————————————

Del mismo autor:
Diccionario político argentino #5
Diccionario político argentino #5
Diccionario político argentino #4
Diccionario político argentino #3
Diccionario político argentino #2
Diccionario político argentino #1
D'Elía-Blumberg
Mariano y el Monseñor
Socialismo hoy y acá
Medio oriente y periodismo (IV)